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108 Los sábados de ABC SÁBADO 2 7 2005 ABC OCIO Y NEGOCIO Con el mes de julio comienza la temporada de festivales de verano, un circuito de rock por el que cada año circulan decenas de miles de jóvenes que llegaron a tener estas reuniones hace ya unas cuantas décadas ha desaparecido hasta convertirlas en simple canal de ocio, normalizado e integrado en las ofertas turísticas de pueblos que han encontrado en estas multitudinarias concentraciones juveniles una extraordinaria vía de ingresos y, a la vez, un elemento para la promoción nacional y, en algunos casos, como el FIB, extranjera. La temporada de festivales comenzó, a finales de mayo, con la celebración simultánea del Festimad y el Primavera Sound. Sin embargo, es a partir de este fin de semana y hasta comienzos de septiembre, con la apertura del apabullante Azkena Rock de Vitoria, cuando, con distinta intensidad, los certámenes se suceden por cualquier punto de la geografía peninsular. Además de celebrar sus oportunas fiestas patronales, Bilbao (Soul 4 Real) Barcelona (Faraday) Cuenca (Pizazcore) Tabernas (Satisfaxion) Ortigueira (Festival Internacional do Mondo Celta) La Coruña (Lex Luthor) Ciudad Real (FMIC) Caldas de Reis (Cultura Quente) Arbúcies (PopArb) Alburquerque (Contempopranea) Camarzana de Tera (ElectroInRío) Burgos (Sonorama) y Murcia (LemonPop) tienen ya su festival, fenómeno que hace un par de años llevó a una inquieta empresa madrileña a ofrecer sus servicios a cualquier alcalde con ambiciones que quisiera montar en su pueblo su propia muestra de rock. Servicio a domicilio para figurar en el circuito de los grandes premios. En la división de honor de la industria festivalera vuelve a destacar este año la oferta de los más veteranos, entre los que aparece el Summer Festival de Santander, programado dentro de los actos que celebra la capital cántabra para celebrar su 250 aniversario como ciudad. Sonic Youth, Chemical Brothers, Morcheeba, Ocean Colour Scene, Los Planetas y The Faint pasarán el próximo fin de semana por la playa Rostrio, escenario de un certamen heterogéneo, un FIB en miniatura que este verano compite con las noches temáticas de las grandes ferias estivales, especializadas en estilos- -casi excluyentes- -para explotar la afición de las distintas facciones de las juventudes musicales de España. De esta manera, en los Monegros se construye la mayor discoteca de Europa, en Gijón (Crossroad) aterriza el rock americano de toda la vida, en el cabo de Gata se apuesta por la electrónica de escenario (Creamfields) y en Vitoria (Azkena) predominan las guitarras. Cada mochila a su olivo. España, abierta hasta el amanecer POR JESÚS LILLO ño pasado, repartían en la sala de prensa del Festival de Benicásim ejemplares de Filter publicación norteamericana que colabora con la muestra castellonense y en cuya sección Events incluía un generoso artículo dedicado al FIB, certamen cuya proyección internacional no ha dejado de crecer en los últimos años hasta convertirse en uno de los destinos más solicitados del turismo musical, con una creciente demanda extranjera que llegó a desbordar, hace unas semanas, la taquilla abierta en internet por el NME Del 5 al 8 de agosto- -escribía hace ahora un año el redactor de Filter -estaremos en las playas de Benicásim (piensa en Santa Cruz, pero sin friquis para unirnos a todos los desquiciados fibers que cada año se reúnen allí. Creedme, esa gente sabe cómo pasárselo bien en una bacanal que reúne a fumadores de hachís de todo el mundo. Hay cerveza, camping gratuito, comida y leyes liberales sobre consumo de drogas. ¡Fantástico! Es una mezcla del All Tomorrow Parties y el Festival de Reading, pero con litros y litros de sangría El redactor de la revista Filter también repasaba el soberbio cartel del FIB, pero, sobre todo, se extendía en el libertino ambiente del certamen, uno de los principales reclamos para quienes un festival no pasa de ser una derivación semántica de la palabra fiesta, exportada con éxito desde España a todos los idiomas occidentales. Abiertos hasta el amanecer, los festivales de rock y electróni- Ela Cada verano se reúnen decenas de miles de jóvenes que consumen, sin aditivos, música a destajo ca proporcionan al público un excelente programa de ocio estival, pero, pese al enfoque, chusco y primario, de la publicación estadounidense, en España son mayoría los jóvenes que acuden a estas ferias para disfrutar en directo- -con enorme incomodidad, pero a precios sin competencia- -de las novedades del mercado del disco y de los clásicos del rock. Cuando termina la programación del escenario principal, recogen sus mochilas y se van a la cama o a la tienda de campaña, porque aquí, a diferencia de lo que suele suceder a finales de junio en Glastonbury, no cae una gota. Como los lectores de Filter hay quien acude a estas muestras a explotar la normativa legal que permite empalmar cuatro días de farra entre carpas y barras, e incluso, como en la pasada edición del Festimad, de espaldas a los amplificadores, quienes aprovechan la menor ocasión para improvisar una convincente intifada. Son contadas manzanas podridas dentro de un cesto que cada verano reúne en España a decenas de miles de jóvenes, aficionados al popqueinstalan suscampamentos para consumir, sin aditivos, música a destajo. No hay rastro en estas improvisadas comunas del espíritu que, a finales de los años sesenta, se instaló al aire libre paracelebrar los muy elevados valores morales de una generación que hizo del rock la sintonía de una religión alternativa. Reducidos a pies negros dentro del actual y civilizado reparto de las muestras veraniegas, los hippies se quedan ya en la puerta, donde montan su chiringuito paralelo de bebidas, sustancias y abalorios. Dentro del recinto, programa en mano, los clientes de este mercado se limitan a escuchar música y rentabilizar su abono. Hay tanta oferta que cada año resulta más difícil elegir destino. Por diversos motivos, algunos certámenes- -el pionero Espárrago, el babilónico Doctor Music, el fallido Isladencanta o, más reciente, el exquisito The Chemical Brothers y The Cure, (arriba y junto a estas líneas) habituales de los festivales de verano Wilco (arriba) es el principal reclamo del Azkena Rock de Vitoria. A la derecha, una imagen clásica de los conciertos veraniegos