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70 Espectáculos SÁBADO 2 7 2005 ABC La Fura suma una nueva inauguración con la apertura del Festival de Mérida Órgano de luz sobre el mito de Prometeo, abrió el certamen clásico y la espectacular puesta en escena fueron lo más destacado del estreno, al que asistió José Luis Rodríguez Zapatero MIGUEL ÁNGEL LUCAS MÉRIDA. El Festival de Mérida volvíó a su cita anual con los mitos clásicos. Para esta LI edición, difícilmente se podría haber encontrado una forma más eficaz de despertar a las viejas piedras del teatro. Por un lado, la presencia del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que provocó el revuelo propio de las grandes noches de estreno. Y ya dentro de la escena, la energía impetuosa de la Fura dels Baus, un grupo que, como reconoce Carlos Padrissa, su director artístico, se ha especializado en inaugurar cosas Órgano de luz es un concierto dramatizado inspirado en una versión insólita y muy libre del mito de Prometeo. En su montaje, el grupo hace gala de su estilo más experimental y rupturista, el mismo que le ha hecho acreedor de fama internacional y grupo de culto para los aficionados a las últimas tendencias del teatro. En concreto, la propuesta de este espectáculo se basa en una recreación de la música a través de la luz. Fiel a su filosofía dramática, que entiende el arte como una suma de disciplinas, la Fura fusionó lenguajes muy dispares para llevar adelante este espectáculo. La combinación de dos estilos tan lejanos como el lirismo de la Orquesta Sinfónica de Extremadura y el ímpetu vanguardista no supone ningún problema para la compañía catalana. La solemnidad de Beethoven, la marcha fúnebre de Lutoslawski y el aire cósmico del Infinito de Pedro Alcalde se ven arropados por una fuerte imaginación visual, con la tecnología y la espectacularidad escenográfica como soportes principales. b Los efectos audiovisuales CLÁSICA Ciclo Grandes Intérpretes Obras de K. Szymanowski, F. Chopin y J. S. Bach. Intérprete: Piotr Anderszewski (piano) Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. Fecha: 28- VI SEGURIDAD SIN PASIÓN ANTONIO IGLESIAS Una espectacular escena de Órgano de Luz No faltan tampoco otros de los elementos más emblemáticos de la compañía catalana. Las grúas, las serpientes voladoras y los castillos de personas son parte protagonista de la obra. Pero la tensión dramática no se mantiene a lo largo de todo el espectáculo. La vehemencia que marcan al comienzo las proyecciones vertiginosas y la Séptima de Beethoven tiende a des- EFE inflarse conforme avanza el concierto. Son errores meramente formales que revelan que el espectáculo no cuenta todavía con demasiado rodaje, aunque el espectáculo cuenta con otras virtudes y cuadros de gran belleza plástica que, unido a la magia de cualquier espectáculo de la Fura, supo valorar el público que llenaba el teatro romano. arol Szmanowski (1882- 1937) fue un compositor polaco en el que algunos vieron una continuidad de Chopin y otros comentaristas lo situaron bajo la influencia germánica para centrarlo en un posnacionalismo: por los ejemplos escuchados en este recital del pianista compatriota suyo Piotr Anderszewski, ofrecido dentro del Ciclo de Grandes Intérpretes que organiza la revista Scherzo, en la Sala Sinfónica del Auditorio, se aplaude la rectificación del orden del programa, porque resultaba un tanto caprichoso que Szymanowski figurara como cierre de la primera parte y encabezara la segunda, convirtiéndolo en un emparedado entre los nombres capitales de un Bach y un Chopin. Los dos momentos del citado compositor nos revelaron claramente como fuentes de su trabajo un impresionismo francés y, hasta con mayor claridad, del ruso coetáneo Alexander Scriabin, más por su factura instrumental que por otros trazos. Anderszewski lo tradujo de una manera personalísima que brilla sobre todo por un rozar, más que por ahondar sobre el teclado, dándonos la seguridad de tratarse de un pianista excelente, que sabe decirnos con suma claridad tan difícil piano. Las Métopes, Op. 29 y las Máscaras, Op. 34 las recibimos en unas versiones descriptivas (aún cuando lo subjetivo predomine en sus dilatados límites) plenas de singular encanto y que supondrían la cabeza espléndida de la sesión. Luego escucharíamos la Sonata en Sí menor del siempre grande que fue, es y será Frederic Chopin y, como final del concierto, la Suite inglesa número 6, BWB 811 de J. S. Bach, excelso patriarca del arte musical. Y si en el primero de ellos, he de elogiar la serenidad determinada para cada uno de sus cuatro tiempos, algo que solamente suele descubrirse en los grandes intérpretes que peinan ya muchas canas, faltó una gran dosis de pasión, pese a que todo se hallaba en su sitio. Y Bach exige una indudable mirada al pretérito (el clave como antecesor del piano gran cola de nuestros días) mucho cuidado con los pedales para que el mensaje sea más anguloso y puntiagudo y no incurra en excesivas dosis de perfumes inconvenientes que rozan una mistificación del claroscuro. El público entusiasmado prolongaría su aplauso hasta los bises. K