Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
58 Cultura LA NOCHE DE LOS CAVIA SÁBADO 2 7 2005 ABC DISCURSO DEL PREMIO MARIANO DE CAVIA COMPROMISO CON LA VERACIDAD Y EL RIGOR JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS M ajestad: Agradecer lo que aquí y ahora acaece consiste, para mí y en este trance, decir, simplemente, gracias. En esa concisa y coloquial expresión resumo la agitación emocional que me embarga y a la que me niego a sucumbir con expresiones convencionales que se me hacen insuficientes ante la intensidad del momento biográfico que estoy viviendo. Para alguien como el que os habla, recibir el Mariano de Cavia -después de haber sido Luca de Tena y dirigido durante cinco años ABC- -y recibirlo en vuestra presencia y de vuestras manos, resulta un honor demasiado difícil de expresar porque las palabras suelen ser más torpes que los sentimientos. Aceptad, Majestad, mi agradecimiento en términos tan sobrios, pero que sabéis son auténticos. Excelentísimas e ilustrísimas autoridades, señoras y señores, amigos todos: Dijo Ortega que el yo de cada cual era inseparable de sus circunstancias. Pues bien: soy muy consciente de que han sido mis circunstancias- -y sólo en parte mis méritos- -los que me han traído hoy a esta tribuna. Forma parte de ese azar circunstancial la benevolencia del Jurado que, presidido por Gonzalo Anes, siempre generoso, me ha otorgado el premio Mariano de Cavia cuando se cumple el 150 aniversario del nacimiento del periodista aragonés y la ochenta y cinco edición de este galardón que instituyera el fundador del periódico, don Torcuato Luca de Tena, en 1920. Gracias también por poder acompañar en la distinción a José Antonio Saraiva, premio Luca de Tena director del semanario Expresso arquitecto, periodista y escritor que con su trayectoria demuestra que el oficio periodístico no es coto cerrado, ni aprisco corporativo, ni endogamia egoísta, sino campo de ideas abierto a quien las tenga y sepa defenderlas con la voz y la palabra. Y gracias, en fin, por poder compartir esta noche con César Oroz, premio Mingote humorista del admirado Diario de Navarra que ha sumado a un joven y brillante periodista de viñeta- -género dificilísimo- -para añadir un eslabón más en su magnífica historia de periódico señero. Pero si alguna circunstancia construye la biografía profesional de cualquier periodista- -y siento que la mía en mayor medida que otras porque he sido parco en mudanzas- -es el acogimiento, el respeto y el amparo de la empresa que edita el medio en el que el oficiante escribe y se describe. He tenido la fortuna- -otra vez el azar de la circunstancia- -de que las casas en las que he desarrollado mi oficio se hayan unido para embarcarse en un mismo proyecto que ahora es Vocento, síntesis de historias editoriales parecidas y propósitos emparentados. Antes, en el Grupo Correo, luego en Prensa Española y ahora en Vocento, suma ésta de ambas, he navegado siempre con libertad, que es la única pero gran condición que precisamos aquellos que en el periodismo tenemos un preciado patrimonio: el de nuestra integridad personal. El 16 de junio de 1998, Señor, en una cena como ésta, afirmasteis que era, precisamente, la integridad personal la que determinaba la influencia de los periodistas. No olvidaré nunca aquel discurso vuestro, porque apelaba a la condición humana que el maestro Kapuscinski sintetizó luego en el aserto de que el periodismo no es una profesión para cínicos El periodismo es un compromiso con la veracidad y el rigor. Toda la autoridad moral del periodismo, y no dispone socialmente de otra, se erige sobre la credibilidad, que es la suma de integridades personales y empresariales que conforman un medio de comunicación. El compromiso con el periodismo de calidad está reñido con la incrustación de los periodistas y de los editores en los espacios del poder político que los enriquecen con dinero o con halagos para utilizarlos después; el compromiso periodístico es incompatible con la alteración de su propia función social cuando se alza en instancia inquisitorial o cuando pretende suplantar a poderes políticos o institucionales; el compromiso periodístico tampoco se puede reconocer en la banalidad ideológica o en la fragilidad de las convicciones que se afirman o quiebran en función de las coyunturas políticas, económicas o sociales y, desde luego, el compromiso periodístico no existe cuando, blandiéndolo como salvoconducto, invade el honor, la intimidad y la imagen de las personas. Bien es cierto que el buen o mal periodismo, el comprometido y el que deambula sin compromiso alguno, no depende sólo de la voluntad de los periodistas y de los editores. Hace falta algo más para que el periodismo de calidad logre emerger de la confusión que anega en estos tiempos el ánimo de muchos profesionales y empresas. Hace falta que la sociedad en su más amplia acepción quiera unos medios de comunicación al servicio de los intereses comunes y lo demuestre con he- Emilio Botín y Juan Abelló (sobre estas líneas) departen amigablemente durante la recepción. Margarita Salas entra en la biblioteca de ABC ante la mirada de Íñigo de Oriol (a la izquierda) chos, no sólo con palabras. En su mano está- -en la de la sociedad- -no consentir al pícaro sus desmanes; no financiar al calumniador sus infamias; no dejar impune la mentira por temor a la reacción del embustero; no celebrar hipócritamente al vocinglero que achanta con la palabra o con la voz. Y lo más importante: la sociedad no debe asumir con naturalidad que el periodismo ha de ser sectario, es decir, sistemáticamente parcial, naturalmente falaz y permanentemente servil a intereses más o menos opacos. Éste es el mal esencial de la prensa en España: el sectarismo que oculta la excelencia ajena, que hace desaparecer las realidades que no agradan, que niega la razón, o la parte de razón, donde la haya sea quien fuere quien la esgrima, que confunde la discrepancia con la hostilidad y la firmeza con el insulto. Hubo un tiempo en España- -que la actualidad de nuestro país está evocando- -en el que los periódicos llegaron a constituirse en un llamado parlamento de papel Cuando escribí el artículo que ahora ha sido premiado- La ruptura que viene lo hice pensando en que, quizás, al entrar España en una senda de revisión de algunos de sus modelos de convivencia, era preciso recobrar de la historia reciente del periodismo de opinión algunas lecciones. Las de la Transición. Creo, sinceramente, que estamos en una encrucijada con muchas similitudes a la que afrontamos al final de la década de los setenta. Ocurre, sin embargo, que la percepción general no ha llegado a asimilar la hondura de las transformaciones de distinto orden que se nos están planteando. Quizá, porque el periodismo- -anestesiado por los afanes de espectáculo y aun de escándalo- -no ha agudizado los cinco sentidos que para su buen ejercicio Toda la autoridad moral del periodismo se erige sobre la credibilidad que es la suma de integridades personales y empresariales