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6 Opinión SÁBADO 2 7 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA LEOPOLDO CALVO- SOTELO IBÁÑEZ- MARTÍN EX SUBSECRETARIO DEL MINISTERIO DEL INTERIOR MUY DIFÍCIL DE ENTENDER ESGRACIADAMENTE no sé alemán. Es una de mis infinitas carencias; pero, como compensación, puedo identificar, sólo por su fonética, los versos de Das Buch Annette, los poemas líricos que Goethe, todavía muy joven, le dedicó a su primer gran amor, Anna Katharina Schönkopf. Una vecina y amiga de mis padres, escapada de Berlín, venía a casa para cuidarnos los fines de semana y nos dormía con el arrullo incomprensible, pero hermoso, de tan significativos versos. Sospecho que, de un tiempo a esta parte, el del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, a muchos españoles nos ocurre lo que a mí de niño con los versos de Goethe. M. MARTÍN Escuchamos voces y, sin FERRAND entenderlas, nos vamos a la cama. El gran truco del zapaterismo, que ya ha tomado carta de naturaleza, es el de provocar muchos focos simultáneos de interés mezclándolos con otros de atención potencial más reducida. Así, sin hacer nada, la sensación de actividad es grande, y muchos, incluso sentimentalmente lejanos del socialismo, piensan que Zapatero y sus muchachos, tan eficaces en las labores de propaganda, integran un Gobierno de verdad y no, como parece si se mira con más detalle, una concentración parcelaria de poder. El vértigo funcional forma parte de ese sutil mecanismo de ensoñación ciudadana. Lejos de presentar los asuntos de uno en uno, ordenadamente, sometidos al rigor de las prioridades que marca la sociedad, el Ejecutivo acumula los acontecimientos hasta llegar a la total confusión de las gentes más sencillas. En el último pleno del Congreso, por ejemplo, además de la ley que autoriza las bodas homosexuales y que, según Zapatero, harán que este país sea más decente se aprobaron otras muchas, desde el carné de conducir por puntos a la agilización del divorcio. Llega un momento, con tanto vértigo normativo, en que uno ya no sabe si es posible un divorcio por puntos o si les van a cambiar el permiso de conducir a los homosexuales. El Gobierno y la oposición han renunciado a la más elemental labor pedagógica frente a sus electores y, lejos de explicar lo que se teje en los bastidores parlamentarios para que los ciudadanos puedan conocer y comprender lo que les afecta, se dedican a votar mientras, por supuesto, hablan por teléfono desde el escaño, leen la prensa o echan una cabezadita. ¿A qué vienen esas prisas, ya viejas en la costumbre, que ahora acelera Zapatero? Como mi amable vecina de la niñez, el Gobierno nos habla en un idioma incomprensible mientras, con más método del aparente, se trata de construir una nueva sociedad más dócil, menos crítica y distante de los dos grandes principios vivificadores que el socialismo no puede ofrecer: prioridad para la libertad y pretensión de la excelencia. ¿Debería haber escrito que el socialismo tampoco puede ofrecer? D EPÍLOGO SOBRE EL MATRIMONIO CIVIL El autor analiza los efectos, negativos a su juicio, que la ley que faculta a los homosexuales para casarse tendrá sobre el matrimonio civil, institución que queda muy debilitada pese a ser uno de los pilares del edificio social español RAS la aprobación definitiva por el Congreso de los Diputados del proyecto de ley de modificación del Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio, merece la pena hacer una reflexión que no parece estar en la mente de sus promotores gubernamentales. ¿Qué efecto sobre el matrimonio civil va a tener la apertura de la institución a contrayentes del mismo sexo? La vicepresidenta del Gobierno ha despachado las críticas que han llovido sobre el proyecto reiterando siempre el mismo argumento: no se trata de obligar a nadie a hacer lo que no quiera, sino de extender el derecho a contraer matrimonio a personas que hasta ahora no lo tenían. Este argumento olvida que la esencia de la reforma no es la creación de un nuevo espacio de libertad, sino la transformación del matrimonio civil como institución básica del Estado no confesional. Estamos ante un problema institucional, y no de ejercicio de derechos individuales. Así lo vio el liberal Cristino Martos al defender el proyecto de ley del matrimonio civil en las Cortes constituyentes que siguieron a la revolución de septiembre de 1868. Negaba Martos que el proyecto estuviera fundado en la necesidad de respetar la libertad religiosa de los no católicos y afirmaba que el matrimonio civil no es una concesión que se hace al individuo, sino que es un derecho que corresponde al Estado, es una función que ejerce el Estado, es un atributo que necesita el Estado T Si el Estado regula y protege el matrimonio es por su naturaleza de semillero de la ciudad, en expresión de san Agustín que traje a estas páginas hace pocos meses. Una formulación más analítica de la misma idea se encuentra en una obra clásica de Ossorio y Gallardo sobre la familia: Los pueblos no tienen su apoyo en los individuos sueltos, porque los fines de éstos son muy limitados, sino en los hogares donde se cumplen todos esos mismos fines y, además, otros como la reproducción, la educación, la formación de patrimonios colectivos, la transmisión de prestigios profesionales, la hospitalidad, la ejemplaridad, y otros mil... Cabe también citar un informe de 1998 del Gobierno laborista británico sobre el respaldo estatal a la familia en el que se dice que el Gobierno comparte la convicción de la mayoría de la gente de que el matrimonio es el marco más fiable para educar a los niños Esos elementos transpersonales constituyen la base del matrimonio como institución estatal (y no el amor, como escribía hace pocos días un ilustre magistrado del Tribunal Supremo, confundiendo vida y Derecho) Y son esos elementos transpersonales los que se ponen en peligro con una regulación inadecuada de la institución matrimonial. Cuanto mayor sea el pluralismo cultural, religioso, y de estilos de vida de una sociedad, mayor será la necesidad de que el Estado cuente con instituciones fuertes y