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ABC SÁBADO 2 7 2005 Opinión 5 MEDITACIONES PAPELITOS OS más solventes exégetas que transitan por el salón de los Pasos Perdidos de la Carrera de San Jerónimo tienen claro el génesis. Ese buscar los costados, la espinilla, el mentón y otros puntos tradicionales del incordio humano que practican los socialistas con Trillo se debe a la animadversión que le tomaron por ser uno de los arietes del PP en el crepúsculo del felipismo. Mucha, mucha manía le cogieron entonces. Como desde los tiempos del abajo firmante se sabe que la venganza es un plato que se sirve frío, ahora andan los socialistas entretenidos en la tarea. Recuerdan incluso aquel aviso: Siempre queda un papelito en un despacho... con el que Trillo mostró sus armas. A lo que Bono parece que ha respondido: Yo no quiero, pero si se empeñan en mover papeles, va a haber papeles para todos Y no hablamos de inmigración. MARCO AURELIO L LEER Y PENSAR DISCIPLINA Y FIGUREO SUEÑO Y RAZÓN DE AMÉRICA LATINA DE VÍCTOR PÉREZ- DÍAZ Taurus- Fundación ICO Madrid 2005 280 páginas 17 euros La otra lucha americana Anda el Nuevo Mundo que habla en español- -del que tanto dependemos en lo cultural, lo económico y lo migratorio- -bastante revuelto, o eso cuentan un día tras otro los pesimistas, que no son otra cosa, según ellos, que optimistas bien informados. Es posible que ande despistado, pero no me tengo por angélico. De ahí que junto a espadones emergentes e indígenas racistas cuyas historias nos refieren a todas horas, crea oportuno recordar que la realidad ofrece también otro espectáculo, el de una sociedad civil emergente que se opone a punta de sentido común y razón política republicana e hispánica a todos los totalitarismos. Este libro rememora y promueve la lucha al otro lado del Atlántico por una sociedad abierta, pero no es apto para todos los públicos: partidarios de la cultura de la queja y productores de discriminados, abstenerse. Porque su argumento apunta que los habitantes de la región son responsables de la América que han hecho y siguen haciendo, no son víctimas del pasado ni del extranjero, y lo peor ha ocurrido cuando han esperado de otros lo que han debido buscar por sí mismos. MANUEL LUCENA GIRALDO UE un diputado rompa la disciplina de voto de su partido debiera considerarse un acontecimiento feliz y desinfectante de ese gregarismo monolítico que rige nuestra política. No hay espectáculo más desolador que el protagonizado por los diputados acatando mansurronamente las consignas que reciben desde los órganos de dirección de sus partidos y acallando el dictado de su conciencia. Nada nos gustaría más que estar representados por parlamentarios que antepusieran su autonomía de juicio a la cetrina disciplina de voto. Pero en la disidencia de la diputada Celia Villalobos detectamos un tufillo de oportunismo y figureo más bien grimoso. No entraremos a enjuiciar la estatura política de la diputada Villalobos, sobradamente divulgada desde los púlpitos mediáticos, pues a la susodicha siempre le ha gustado más chupar cámara y micrófono que a los JUAN MANUEL chivos la teta. Sí recordaremos, en DE PRADA cambio, que la diputada Villalobos fue contumazmente favorecida por el anterior presidente del Gobierno, que llegó incluso a nombrarla ministra, con resultados que piadosamente calificaremos de pintorescos; tampoco convendría olvidar que la diputada Villalobos está desposada con el hombre que mayor ascendiente ejerció sobre Aznar, responsable- -siquiera solidariamente- -de la deriva autista que adoptó el presidente en la anterior legislatura. Uno de los síntomas más evidentes de esa deriva fue, precisamente, el empeño en frenar una ley de uniones civiles que hubiese otorgado cobertura jurídica a las parejas homosexuales. La diputada Villalobos, entonces ministra, podría haber mostrado su desacuerdo con el Gobierno asesorado por su marido y del que formaba parte, presentando su dimisión; esto es lo que hizo el ministro Pimentel, en un ejercicio de paladina lealtad a su conciencia, cuan- Q do advirtió que la política inmigratoria y laboral que postulaba Aznar no se conciliaba con sus principios. La diputada Villalobos, que ahora no puede reprimir el impulso de votar a favor del matrimonio homosexual, se mantuvo quietecita en la poltrona ministerial, sin mayores conflictos de conciencia, mientras las parejas homosexuales permanecían en el limbo de la alegalidad; y, simultáneamente, su marido seguía cortando el bacalao en La Moncloa. ¿A quién cree que engaña la diputada Villalobos, en el crepúsculo de su carrera, posando de estupenda ante la galería y haciendo alarde de una disidencia que, dadas las circunstancias, sólo le costará una multa de chichinabo? Expresar esa disidencia hace tan sólo unos años, y no sólo de boquilla, sino con actos consecuentes, la habría obligado a aparcar sus ambiciones. Debemos entender, pues, que la diputada Villalobos antepone la conciencia a la disciplina de partido, pero no a sus ambiciones. El episodio protagonizado por la diputada Villalobos, tan rebozadito de oportunismo y figureo, quizá no requiera mayor glosa. Pero salidas de pata de banco tan demagógicas no se repetirían si la facción opositora no se dejara sobrepasar por los acontecimientos. Y su oposición a una ley manifiestamente injusta que desnaturaliza instituciones milenarias y pisotea los derechos de la infancia habría resultado más inteligible y cabal si, en los años en que gozó de mayoría parlamentaria, hubiese impulsado reformas que otorgasen cobertura jurídica a las parejas homosexuales. La misión principal del Derecho consiste en atender realidades sociales; y, al hacer oídos sordos a una realidad evidente y recluirla en el limbo de la alegalidad, la facción ahora opositora ha colaborado, con su falta de prevención, en el disparate legal que se consumó el jueves. Ojalá este patinazo le sirva de escarmiento, para que cuando gobierne no vuelva a esconder los asuntos perentorios debajo de la alfombra; y así, de paso, evitará el lucimiento de ciertos figurones (y figuronas)