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98 VIERNES 1 7 2005 ABC Deportes El último peldaño al séptimo cielo Armstrong busca su sueño: despedirse del Tour sin perder y con su séptimo triunfo JOSÉ CARLOS CARABIAS FROMENTINE. A Sheryl Crow, la estrella rockera, le motivan las heridas guerreras de su novio. Esta cicatriz de arriba abajo en el abdomen, en recuerdo del agujero en el pulmón. Estas otras, en la cabeza, para no olvidar que tenía dos bolas del tamaño de una naranja medio enterradas en el cerebro. Lo cuenta Armstrong a sus periodistas amigos, anglosajones en mayoría. Le encanta relatar batallitas de sus andanzas por el mundo con una mujer que le ha vuelto loco y que compite en popularidad con él. Ese es el Armstrong relajado, la persona. Si la conversación deriva al ciclismo, el asunto cambia. El americano se mete en su personaje. Aparece el boss Discurso estudiado. Frases directas, conocidas. Reflexiones sin sentimientos, profesionales, trabajo puro y duro. Y ahí es él quien deja heridas, cadáveres deportivos más bien. Ocho ciclistas le han cortejado seis veranos en el podio. Vuelve a rodar la caravana del Tour y Armstrong persigue el sueño que empezó a madurar hace dos julios. Retirarse- -como ha anunciado que hará el 24 de julio- -con otra victoria más, la séptima, pero sin derrota. Sería el único de los grandes campeones sin un punto negro- -puerto, ciudad, descenso o lo que sea- -en su palmarés. Beloki es uno de los miembros de la generación despedazada por Armstrong. Regresa al Tour dos años después de la caída tremenda en Gap que obligó al texano a cruzar un campo de cebada como si fuese un saltamontes. Ha competido cuatro veces contra él. Una fue segundo; dos, tercero, y cuando creía que podía hacer algo grande, se cayó. Ha exhalado aliento junto a él, cruzado sudores, intercambiado agua y pasado horas al tórrido sol francés. Dice no conocer a Armstrong. Después de seis Tour, estamos ante un personaje inescrutable al microscopio del pelotón, un ser humano que no se abre a la relación, que actúa y decide, pero comparte pocas sensaciones. Armstrong es socialmente correcto dentro del pelotón. Es educado sin exagerar, y va muy centrado en lo que hace- -explica Beloki- Pero no le gusta hablar en carrera, no tiene contacto en las salidas con sus colegas. Le verás hablar con pocos ciclistas A Beloki, desde luego, no le ha dado su teléfono móvil. Lo reserva para determinados amigos, o conocidos próximos, en el intrincado mundo del ciclismo. Uno de ellos es Pedro Zelaya, el ex médico del ONCE, fichado a golpe de talonario por Armstrong hace dos inviernos. Desde que le conozco, en tiempos de Motorola (1994, 95) siempre me pareció un tipo de carácter decidido y extremadamente profesional- -dice Zelaya- Dedicado en cuerpo y alma a su profesión. Cuando deje el ciclismo, también será así en la ocupación que elija A través de Zelaya, Armstrong telefoneó por primera y única vez en su vida a Beloki. Yacía el vitoriano en el hospital de Gap, la cadera machacada, la pelvis hecha añicos y la moral por los suelos, cuando sonó el móvil del médico. Era el líder del Tour, quería saber cómo estaba el ciclista que le provocaba espasmos. Fue el primero de todos que me llamó- -comenta Beloki- El americano ha dejado en el camino a ocho adversarios que han intentado impedir, sin éxito, su secuencia ganadora desde 1999 Kloden, segundo en 2004 Basso, tercero en 2004 Ullrich, cinco veces segundo Vinokourov, tercero en 2003 Beloki, 2 terceros y 1 segundo