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64 Espectáculos VIERNES 1 7 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Invasiones en cápsulas Los efectos especiales lograron que los aliens volaran en vistosos platillos volantes inspirados en la manta marina PARAMOUNT Independence Day (1996) Una invasion de langostas interestelares filmada por un alemán, Roland Emmerich, que vio de niño las mismas películas que Lucas y Spielberg. Como tiene dinero se puede permitir que sus marcianos no aterricen en un páramo con dos maquetas sino que destrocen los mejores monumentos americanos e invadan en primer lugar Rusia e Irak, el viejo y el entonces nuevo enemigo de la política exterior USA. Invasiones e imposturas, desde los tiempos de H. G. Wells y Orson Welles La novela nació en 1898 y se mitificó con la versión radiofónica de 1938 ANTONIO WEINRICHTER La idea de una invasión de alienígenas se remonta posiblemente al año 1898, en el que H. G. Wells publica La guerra de los mundos que se convertiría en uno de sus libros más populares. Un estudio de Hollywood compró los derechos en 1924 pero la novela tardó 30 años en llegar a la pantalla, quizá porque hacía falta la aparición de un cierto clima nacional de paranoia- -la guerra fría y el peligro atómico de la era nuclear que tan bien se retrata en The Atomic Café -para que su apocalíptico mensaje cobrara nueva resonancia. Claro que antes el relato de Wells volvió a ser famoso porque su casi homónimo Welles (Orson) la lió en 1938 al orquestar una versión radiofónica que adoptaba la forma de un boletín de noticias que daba cuenta de la invasión marciana: el público de entonces mucho menos maliciado mediáticamente que el actual, vivió una oleada de pánico colectivo. Así se labró su fama de enfant terrible al tiempo que inventaba el formato que hoy llamamos falso documental: para liar más las cosas, y establecer una nueva conexión entre los dos Well (e) s, Orson evocó en otra obra maestra de dicho formato, Fake (1973) el escándalo que había montado... ilustrándolo con imágenes de la versión fílmica de 1953. Ucronía, y ganas de enredar, donde las haya. En 1951 El enigma de otro mundo propició el subgénero fantástico de la invasión hostil de inteligencias superiores zanahorias pensantes con más exactitud) Entre el alud de invasores que se sucedieron en los 50, se encuentra la versión de La guerra de los mundos del director Byron Haskin y, sobre todo, del productor George Pal, verdadero padre de la (s) criatura (s) Como observaría después Susan Sontag, este tipo de películas de ciencia- ficción no trataban de la ciencia sino del desastre y su estética era la de la destrucción de la sociedad americana amenazada por agentes externos o por los propios excesos tecnológicos. Los marcianos de Pal eran más bien agentes externos (alegoría de los rojos o no) se parecían poco a los tentaculares aliens de Wells y más a un cíclope bajito con dedos- ventosa pero viajaban en vistosos platillos verdes inspirados en la manta marina y su capacidad destructiva era considerable. Los siguientes aliens del cine tien- den a ser trasuntos de la divinidad 2001, una odisea espacial o directamente angelicales, como E. T. y los melómanos de Encuentros en la tercera fase Tiene gracia que sea Spielberg, precisamente, quien recupere otra vez la idea del marciano agresivo, figura en la que nadie puede ya confiar después de que el Tim Burton de la inefable Mars Attacks! les hiciera decir aquello de No se asusten. Venimos en son de paz La única pregunta es qué amenaza alegorizan los nuevos invasores de la pax americana: ¿alguien se ha fijado si llevan algo parecido a un turbante cósmico? La invasión de los ladrones de cuerpos A cargo de Don Siegel (1956) Philip Kaufmann (1978) y Abel Ferrara (1994) tres versiones, y todas buenas, ha tenido este relato publicado originalmente por entregas en la revista Collier s Lo más inquietante de la premisa es que los invasores no destruyen nada sino que sustituyen gradualmente a los humanos por clones sin emociones y con mentalidad colectiva de insecto. Señales (2002) Fiel a su estilo atmosférico y sutil de combustión lenta M. Night Shyamalan abandona en esta reciente historia de contactos cercanos la idea del choque de civilizaciones apocalíptico y dosifica los efectos especiales y las apariciones de los aliens, para contar una historia de supervivencia familiar: el cine de desastres como una obra de cámara. Escena de la película de Byron Haskin PARAMOUNT