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ABC VIERNES 1 7 2005 Espectáculos 63 Tom Cruise, en una escena de La guerra de los mundos y una niña) La estructura tal vez sea la adecuada, pero, en lo menudo, en los detalles, en los diálogos y en la resolución de los momentos uno puede estar mirando aquello con el mismo apasionamiento que a dos chinos jugando al majong. Se supone que uno ha de sentir toda la intensidad del desastre a través de esos personajes, y ahí, afortunadamente para el desarrollo y el equilibrio de la intriga, está la jovencísima y peligrosísima actriz Dakota Fanning, que se apropia de las escenas con ese divino egoísmo que tienen los niños. Ella y el joven Justin Chatwin, que interpreta a su hermano- -y ambos a los hijos de Tom Cruise- consiguen darle un mínimo de profundidad al drama familiar en el medio de ese gran atestado que es el mundo: hijos de un matrimonio roto, el padre Morgan es un desastre y ellos Freeman se dan bandazos entre uno y otra... acaba de Mientras tanto, la clavar como gran estrella, el gran un tótem en protagonista, Tom el centro de Cruise, ha de conformarse con hacer un la película papel aseado y sin tener nunca la sartén por el mango. Compone su personaje (un personaje sin interés, dicho sea de paso, un tipo gris, con una vida gris y con unas reacciones grises) frente a sus dos hijos, que son quienes lo mueven desde el fango hasta la gloria: el espectador ve la miseria y la grandeza del personaje de Cruise a través de los ojos de sus hijos, y en especial los de la niña Dakota Fanning. Y las mejores escenas de calado dramático son entre ellos, entre reproches o entre sacrificios. El mundo está en peligro, nuestra especie está siendo exterminada por unos monstrusos alienígenas que estaban agazapados desde hace siglos a la espera de destruirnos, las ciudades caen como fichas de dominó, el caos, la desolación y el paisaje de después de la gran batalla... y entre tanto, nuestros personajes consiguen ponernos el corazón en un puño con una escena en un sótano al cruzarse con un personaje loco que interpreta, con su mejor pinta de tarado, Tim Robbins. He ahí el gran talento de Spielberg: dirime la destrucción del mundo con una batallita en una habitación cerrada a la que no puede entrar la niña Dakota, ni por lo tanto sus ojos (su mirada) ni por lo tanto los nuestros. Es la filosofía de Spielberg en La Guerra de los Mundos hay tantas cosas pequeñas que no podemos ver, que acaban empequeñeciéndonos las grandísimas que sí nos muestra. La capacidad destructiva de nuestros invasores, la incapacidad de los humanos para organizar una defensa, la fuerza de voluntad y las ansias de supervivencia de los protagonistas en contraposición con el resto de la gente, que quedan convertidos por la película en tristes terrícolas anónimos sin organización, sin tierra, país, estado o comunidad autónoma... Avanza la película entre grandes imágenes y decorados fastuosos, hasta que se decide a borrar de un LA PELÍCULA DE LA SEMANA La guerra de los mundos IMPRESIONANTE Estados Unidos, 116 minutos Director: Steven Spielberg Intérpretes: Tom Cruise, Dakota Fanning, Miranda Otto, Justin Chatwin, Tim Robbins A TENER EN CUENTA Los primeros momentos son realmente angustiosos y la sensación de inminente desastre que crea Spielberg ya no se va del cuerpo hasta que acaba la película de dar vueltas El texto de arrancada es un extracto de la obra original de H. G. Wells; un texto brillante y terrible, y cuya altura lamentablemente baja a continuación El hecho de que se trate del gran Spielberg no debe de impedirnos admirar su magistral modo de filmar ni de sorprendernos ante la sensación de impecable realidad que le otorga a lo imposible modo precipitado la invasión marciana por métodos que hoy resultan pueriles, si no se trabajan un poco más... No sirve decir y los marcianos se pusieron malitos y se murieron Tanto en esa resolución, que es la original pero no está puesta en hora, como en el desenlace muy al gusto de Spielberg, los guionistas han estado torpones. Pero no quisiera dejar una impresión completamente negativa de esta película, que tiene algunos momentos impresionantes, nunca vistos, y que tiene, también, una cierta sobredosis de Cruise, pero que resume de algún modo esa intensa y aventurera desazón del siglo XX de verse invadidos por los marcianos, y que propone esas viejas preguntas que se hace cualquier generación desde que se inventó el papelillo de fumar: ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿quiénes somos? La Guerra de los Mundos es la contraportada de E. T. pero, lo que es más importante, está en consonancia inversa con el inevitable Encuentro de Civilizaciones que predica Zapatero.