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62 Espectáculos VIERNES 1 7 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Steven Spielberg ha vuelto a unirse a Tom Cruise para su nueva película, La guerra de los mundos uno de los estrenos más esperados de la temporada La Guerra de los Mundos o la contraportada de E. T. TEXTO E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Cruise y Dakota Fanning en un momento de la película Ningún actor tiene el poder de Cruise. La reciente promoción del filme de Spielberg constata que, además, es el más popular Spielberg se ha quedado con el corazón de la novela J. E. A. La recaudación de sus películas es de vértigo. Actor admirado o denostado por la crítica con igual intensidad, su recorrido por el mundo presentando la nueva versión de La guerra de los mundos de H. G. Wells, en versión de Spielberg, le ha convertido también en carne de cañón para toda la prensa sensacionalista, algo que parece no haberle molestado, al menos en la presente ocasión, ya que ha colaborado como productor de la cinta. El actor no se había mostrado tan abierto y comunicativo ni con su ex esposa, Nicole Kidman, ni con su última novia, Penélope Cruz. Toda una sobreexposición. Con el espectáculo asegurado por Steven Spielberg y la aportación carismática de Cruise, la taquilla parece estar a su favor. De cualquier modo, entre nosotros echó el resto: La película es E. T. pero más perversa. Es el anverso de lo que vimos hace 20 años. Mejor no encontrarse con es- tos alienígenas asegura divertido, y añade que en esta versión no es una historia con un ser tierno y amable. La cuestión es si mis hijos en la ficción sobrevivirán. ¿Hasta dónde se puede llegar para salvar a nuestros hijos? Ésa sería la pregunta que se hace en el filme. Steven se ha quedado con el corazón de la no La cuestión vela y el relato en persona es si los niños primera el reguero Entre sobrevivirán, de sabrosos comeny hasta dón- tarios que ha ido dejando en cada país, de se puede destaca el rechazo llegar para a la psiquiatría salvarlos porque es una seudo- ciencia poniendo en tela de juicio el valor de los fármacos contra la depresión. La Asociación de Psiquiatría de EE. UU ha calificado sus declaraciones de irresponsables, al tratar de convencer a las personas con problemas mentales de que no busquen la ayuda médica que necesitan Ahora tenemos la certeza de que no hay vida inteligente ni en Marte ni en ciertos puntos muy concretos de la Tierra; por lo tanto, el botepronto de un ataque marciano sería tomado por el terrícola bien (y puntualmente) informado como una manipulación política y probablemente promovida por José María Aznar. A finales del siglo XIX, en cambio, no se tenían certezas y H. G. Wells pudo imaginar nuestro mundo como si fuera una gota de agua vista al microscopio por esas fuerzas alienígenas, y nosotros viviéramos vigilados y ajenos a ello igual que los microbios que habitan en la gota... Tampoco sobraban las certezas cuando en 1938 Orson Welles perpetró aquel programa radiofónico que entonces paró el corazón del mundo y que hoy sería uno más, y blandito. Bien, este extraño e incorrecto preámbulo tiene la misión de advertir que para poner hoy La Guerra de los Mundos a la altura de nuestros niveles de tolerancia (lo hemos visto todo: holocaustos, guerras, diversos y fatídicos días 11, escrúpulos a la altura de la planta del pie y desvergüenzas que dan ganas de vomitar, hemos visto incluso los telediarios de la Primera) no sirve cualquier cosa: unos cuantos marcianos que sobrevuelan Washington no provocaría más que risa o un largo bostezo. Steven Spielberg no es, desde luego, cualquier cosa, y si alguien podía poner en hora La Guerra de los Mundos sin duda era él. Al menos la mitad de la película que nos ofrece Spielberg es asombrosa, desde el mismo espectacular arranque de la historia con esas impresionantes escenas de destrucción, con calles que se levantan enteras sin necesidad de operarios del ayuntamiento y de edificios que se derrumban sobre cientos de ciudadanos horrorizados. Luego, cuando a la película le tocaba crecer ya en el único sentido posible (hacia adentro) la mano de Spielberg ya no resulta tan efectiva... El modo que eligen Spielberg y sus guionistas (Josh Friedman y David Koepp) de contar esta historia se atiene a la lógica narrativa más al uso y más funcional y supuestamente hábil e inteligente: de lo general (el mundo entero está en peligro) a lo personal (se concentra todo el miedo y el peligro en unas cuantas personas, y en especial una familia, la que componen Tom Cruise y sus dos hijos, un adolescente