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6 Opinión VIERNES 1 7 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JOSEP MIRÓ I ARDÈVOL PRESIDENTE DE E- CRISTIANS RESPONSABILIDAD POLÍTICA A nadie puede escapársele que, a pesar de su alto nivel intelectual y su probada bonhomía, Federico Trillo fue un mal ministro de Defensa. Como muchas veces les ocurre a quienes han preparado oposiciones a alguno de los grandes cuerpos del Estado, la dedicación a unos cuantos centenares de temas, los del programa, les distrae del aprendizaje de la gramática parda, ese mínimo de astucia, incluso golfa, sin el que resultan intransitables algunos caminos como el de la política. Ahora bien, una cosa es ser un mal ministro, de lo que fuere, y otra tener que penar por ello durante toda la vida. Debe admitirse, desde la seriedad, que la reprobación a Trillo por M. MARTÍN el Congreso, en el caso FERRAND Yak- 42, es más un ensañamiento innecesario que un ejercicio de justicia. La política no puede ni debe ser un juego de permanente retrospección. Al margen de las responsabilidades penales que pudieran atribuírsele a cualquier ministro, y que son cosa de los tribunales, las responsabilidades políticas, por graves que éstas fuesen, caducan con cada legislatura. De la extemporánea y difusa reprobación de Trillo sólo se deduce un daño moral para el interesado y- -de eso es de lo que se trata- -de engrandecer la imagen del PSOE, José Bono incluido, con el uso de un recuerdo doloroso. Algo muy bastardo que ni les devolverá la vida a los fallecidos en aquel aciago viaje ni incrementará la paz que se merecen sus familiares. Si en nuestra pintoresca democracia, en la que pueden gobernar los perdedores, introducimos el método del linchamiento retrospectivo, como el que Trillo acaba de padecer, podemos reinventar el infierno y disuadir de la dedicación a lo público a muchas buenas cabezas. No hay ministro en la corta historia de la democracia española, ni en ninguna de las más veteranas de Occidente, que no haya metido la pata en alguna ocasión; pero, según establecen las costumbres de la civilización, basta con no haber metido también la mano para que, cumplido su ciclo de poder, se extienda sobre ello un desmemoriado velo de cortesía. Ignoro la rentabilidad que, frente a la opinión pública, habrán obtenido los socialistas con el vapuleo de Trillo; pero, en cualquier caso, no será mucha. El personaje estaba ya amortizado por su propio partido; un PP que, dicho sea de paso, gasta pocas energías en la defensa de sus hombres y en la amplificación de sus talentos. Me dicen que ese es un fallo más de sus torpes mecanismos de información y propaganda. Pudiera serlo en parte; pero, sobre todo, tan pacata actitud lo que evidencia es falta de grandeza: ese punto de sazón que convierte en gloriosos los gestos de la rutina. De ahí que la miseria de unos, junto con la falta de grandeza de los otros, haya coincidido en perjuicio de un Federico Trillo que, aun siendo un mal ministro, es un personaje de respeto. EL EXPERIMENTO ESPAÑOL Para el autor, Zapatero tiene una agenda política intransigente, insensible a todo diálogo y compromiso democrático, hasta el extremo de practicar la dictadura parlamentaria de la mayoría exigua para imponer leyes. Es el caso espectacular del matrimonio homosexual L Gobierno de Rodríguez Zapatero es sin duda el más ideológico desde la transición. Ideología en el sentido peyorativo, es decir, aquella doctrina que transmite una representación falsificadora de la realidad. Esta característica no la posee por ser de izquierdas o socialista. Es otra cosa, que tiene más puntos de contacto con el diminuto Partido Radical de la señora Bonino que con los proyectos socialistas y socialdemócratas de los países vecinos. La política económica de este Gobierno, de la que Solbes es su símbolo y garantía, no se aparta en nada significativo de la política del PP aplicada por Rodrigo Rato. El debate se sitúa sólo en quién es más eficaz en su aplicación, nada más. El Gobierno de José Luis Rodríguez no ha resuelto, ni tan siquiera tiene esbozadas, respuestas para demandas sociales básicas como el drama de la vivienda, las ayudas a la familia, las consecuencias del envejecimiento de la población, la extensión del trabajo a precario, la saturación de la sanidad pública, lacrisis de la escuela y el escaso rendimiento de las universidades públicas, la extensión de una adolescencia problemática cargada por el fracaso escolar, la violencia, el consumo de drogas y los embarazos. Ni tan siquiera en aquellos escasos aspectos en que ha actuado con prontitud, como en el caso de la violencia contra las mujeres, obtiene resultados. En política internacional neogauchista más marcada por el antiaznarismo que por la lógica de izquierdas, ha convertido la entrevistacon Bush en el Santo Grial de la política exterior española, y el pacto con Blair, en su nuevo hori- E zonte europeo. ¡Qué lejos queda, a pesar del poco tiempo transcurrido, el maligno trío de las Azores! Bastó con que la gente saliera a la calle para que Rodríguez Zapatero se envainara la imprudente e innecesaria declaración del Congreso de los Diputados sobre el terrorismo y recibiera a los representantes de las asociaciones de las víctimas, que pocos días antes habían sido descalificadas como apéndices del PP. En la política de este Gobierno todo es plástico, todo fluye de la nimiedad a la nada. En todo menos en un tema central: el hecho religioso y el valorde los vínculos con las instituciones socialmente valiosas. Zapatero, con la ayuda de algunos gobiernos autónomos, tiene una agenda política intransigente, insensible a todo diálogo y compromiso democrático, hasta el extremo de practicar la dictadura parlamentaria de la mayoría exigua para imponer leyes, que por su ruptura con lo preexistente sólo podría aprobarse como resultado del consenso social y político. Es el caso espectacular del matrimonio homosexual. España será el único país del mundo que hará desaparecer de su legislación sobre el matrimonio la referencia obligada al hombre y a la mujer, y esa brutalidad de dudosa constitucionalidad se legislará a pesar de las posiciones en contra del Consejo de Estado, del Poder Judicial, de la Academia de Jurisprudencia, de 700.000 firmas de una Iniciativa Legislativa Popular, de una manifestación de más de un millón de personas y el veto del Senado. En estas condiciones, ¿cómo diablos se puede aprobar una ley de esta natura- -La cantidad de naciones que Carod- Rovira nos está descubriendo que podemos sacar de las provincias españolas.