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102 JUEVES 30 6 2005 ABC Deportes Feliciano López duda y se derrumba El rocoso Lleyton Hewitt, más sólido que brillante, no dio opciones al toledano DOMINGO PÉREZ WIMBLEDON. Feliciano López se despidió haciendo honor a su nombre, feliz, del All England Club Había hecho historia y había jugado en La Catedral, en la mejor Central del mundo. No hay otra igual ha sido un sueño Ya sabe lo que tiene que hacer para ganar algún día en Wimbledon. Sólo necesita jugar como lo hizo ante Safin, contra Ancic y en los seis primeros puntos frente a Hewitt (2- 4) La línea que separa a un gran jugador de un gran campeón resulta muy fina y se define con una palabra de cuatro letras: duda. En la cabeza de un gran jugador, pongamos Feliciano López, cabe que en algún momento, por muy breve que sea, se produzca este estado fatal; en la de un gran campeón, caso de Hewitt, jamás surge. Feliciano abrió su partido ante el australiano por la senda de la perfección. La misma que le había acompañado en sus dos choque anteriores. El servicio le funcionaba como un reloj. Dominaba en la red y, en el colmo, tuteaba a Hewitt en los intercambios. Incluso le acompañaba la suerte y por tres veces se apuntaba un punto después de que la pelota tropezara en la veta de la red. Todo le iba de cara. Todo le funcionaba tan bien que Hewitt se encontró con un 0- 40 adverso en el quinto juego. En el tercer punto de break se produjo un peloteo, otro toquecito afortunado de la bola en la red, y ruptura para el toledano (2- 3) Así fue el partido HEWITT 102 183 15 72 89 7 9 12 51 93 31 Puntos totales Aces Puntos con el servicio Puntos servicio volea Errores no forzados Puntos desde el fondo Golpes ganadores LÓPEZ 81 183 6 64 94 33 46 31 20 65 24 Resultado: 7- 5, 6- 4, 7- 6 (7- 2) Tiempo: 1 hora y 59 minutos Él había tenido su momento de debilidad. Brevísimo y fugaz. Feliciano no supo aprovecharlo y bajo ningún concepto Hewitt iba a otorgar otra oportunidad. Blindó su servicio (15 aces y ya no permitió que con su saque Feli enlazara más de dos puntos por juego. Se alcanzó de esta forma el décimo del segundo set. Y Feli volvió a fallar en el momento clave: 0- 40 y un revés cortado muy largo obsequiaban a Hewitt con el 2- 0. A partir de ahí, el único mérito del madrileño de adopción estribó en llevar la tercera manga al desempate, pero nadie, ni él mismo, creía ya en el milagro de la remontada. La conclusión, pese a la derrota, guarda cierta dosis de optimismo. Primero porque Feliciano ha roto una barrera, los octavos de final, que lastraba al tenis masculino nacional desde hace 33 años. Segundo porque López se ha demostrado a sí mismo que posee tenis suficiente como para estar con frecuencia en las rondas finales de los grandes torneos ¿Y cabeza? Sólo él lo sabe. Da la impresión que se marcha seguro de que aquí ha dado el salto de calidad: De este torneo me voy convencido de que en los años que vienen, si sigo jugando a este nivel, puedo llegar más lejos. Mi objetivo es acabar el año entre los 15 mejores del mundo Cambio de decorado En su vocabulario un break es sinónimo de set ganado. Al menos así había sido hasta ayer. Sólo tenía que preservar su servicio, lo que mejor sabe hacer, para anotarse la manga. Cumplió en el juego siguiente 2- 4. Hewitt respondió, 3- 4. Y se presentó el octavo juego. Con 30 iguales se le fue por poco una volea alta que propinó medio girado. Un 30- 40 y primera bola de quiebre para el de Adelaida que el de Toledo defendió de pena. Regaló el break con una doble falta (4- 4) Toda la fortuna que le había acompañado hasta ese momento se evaporaba súbitamente. Maldita volea alta y maldita doble falta. Los dos errores se incrustaron en el cerebro de Feli La duda se instaló en su privilegiado brazo izquierdo y ya nada volvió a resultar igual. Perdió frescura. Extravió el descaro. Su saque se acobardó. Su juego se tornó defensivo. Le quedaba el mal menor de forzar el desempate, pero ni eso. En el duodécimo juego, tres errores tontos, entre ellos otra volea, ésta fácil, ofrecían a Lleyton el set en bandeja. El oceánico es de esos jugadores que se alimentan del infortunio ajeno. Crecen con los errores de sus rivales. Las debilidades del resto les engrandece. Gesto de desesperación de Feliciano López REUTERS