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ABC MIÉRCOLES 29 6 2005 Nacional TRAS LAS ELECCIONES GALLEGAS CAMBIO DE CICLO 15 Metió a la derecha española en la democracia, refundó la antigua AP, pero no hizo su relevo en Galicia Sus íntimos esperan que el patrón vuelva a retomar ahora una de sus aficiones aparcadas: terminar sus memorias cualquier afinidad ideológica o programática, la tradición de la política gallega llevará a los populares a estar pendientes de cualquier posible crisis del Gobierno de Touriño durante la legislatura, igual que los socialistas observarán atentos los hipotéticos enfrentamientos internos en el PP con la confianza de tener un mandato más cómodo. De momento, el sentido del deber hacia sus paisanos y su partido, y también la soledad, empujarán al ya ex presidente de la Xunta a seguir adelante, pero entre sus propios incondicionales y admiradores se abre la incógnita de con qué ánimo puede afrontar la nueva etapa a a partir de septiembre. En la dirección del PP se plantean la posibilidad de sugerirle que nombre un portavoz parlamentario para que se ocupe del día a día en la Cámara autonómica y se reserve él para los grandes discursos, pero la consigna es extremar el tacto y la prudencia. EL ADIÓS DE UN PRESIDENTE PILAR CERNUDA 1997 Fraga siempre organizó grandes festejos populares en sus cuatro tomas de posesión. Ésta, la tercera, congregó a 5.000 gaiteros en la plaza del Obradoiro Ni Aznar ni Rajoy El PP gallego, como la propia Autonomía, es obra de Fraga y ni primero José María Aznar ni luego Mariano Rajoy han osado inmiscuirse en la organización del mismo. Cuando Fraga empezó en la política ninguno de los dos había nacido. Corría el año 1951 cuando fue nombrado secretario general del Instituto de Cultura Hispánica. Salvo cortos y escasos paréntesis lleva 54 años al servicio del Estado. Ministro en la dictadura y en el primer gobierno de la Monarquía, ponente de la Constitución, teórico del centro y representante de la derecha más pura cuando otros- -Adolfo Suárez- -le arrebataron y aplicaron sus teorías sobre el centro Fraga cierra su ciclo en Galicia como campeón del autonomismo dentro de la Constitución, teórico y defensor de la Administración única, pero dispuesto a enfrentarse y denunciar los peligros que, a su juicio y al de una parte destacable del electorado gallego, se ciernen sobre su tierra con el gobierno de coalición de Touriño y Quintana. Hay un factor añadido para justificar los deseos de Manuel Fraga de seguir adelante. Su figura y su gestión, dicen los sus admiradores, se agrandará con el tiempo. Nadie le negará que se ha matado por Galicia y quizá espere un reconocimiento público, también del adversario, que ponga un final a su carrera más brillante que el de hacer de jefe de la oposición a Touriño después de haberlo sido todo en la política, aunque no haya sabido entregar el testigo a tiempo en Galicia. icen que está de buen humor, con despedidas cálidas y aparentemente sin traumas, que empezó incluso antes del famoso recuento de Pontevedra. La procesión debe ir por dentro, pero el ciclón de Fraga se ha apaciguado en los últimos días- -después de una campaña electoral huracanada- -y cuentan que se ha tomado con filosofía la nueva situación. Debe ser porque el balance no ha sido malo, quedarse a un escaño de la mayoría absoluta con 82 años y a la quinta legislatura, es como para sentirse henchido de entusiasmo, así que la pérdida es más llevadera que si hubieran acertado los que auguraban que saldría maltrecho de la contienda. En sus muchos años de gobierno ha habido luces y sombras. Galicia ha dado un cambio monumental y aunque es cierto que todo cambia con el paso de los tiempos, Fraga ha sidomotor del impulso; es unhecho, aunque los socialistas y beenegás lo infravaloran. Faltaría más, estaban en su papel de oposición. Lo que no negará nadie es que Fraga dignificó Galicia e hizo que se contara con ella. Entró con su pliego de reivindicacionesenlos másimportantes despachos- -que no se habían abierto para sus antecesores- -e hizo de su capaun sayo defendiendo a los gallegos como le parecía más oportuno, aunqueno fueralo políticamente correcto. Se las tuvo tiesas con Aznar y algo menos con Rajoy, pero se olvidó de una tarea fundamental que, pornoresolverla, le ha pasadofactura: no quiso arreglar los entuertos del partido ni abrir camino para un sucesor. Ese ha sido su principal error, como mantener a su lado a personas que debía haber arrinconado años atrás y que no le hicieron más que flaco servicio. Se pasa al otro lado de la raya, a la oposición. Ejercióesepapeldurante lustros, pero ahora no se sabe si tiene ganas de retiro o ganas de pelea. D 2002 El 19 de noviembre el Prestige se partió en dos frente a las cosas gallegas provocando una crisis ecológica. Fue el momento más bajo para el Gobierno de Fraga no pudo al final o porque desde Génova siempre fue más cómodo que siguiera el incombustible Fraga, lo seguro es que ahora- -la naturaleza y el pase a la oposición obliga- -sí se acometerá el relevo. Quieren en el Partido Popular que sea sin prisas excesivas para que nadie se moleste, pero con un complicado juego de equilibrios por delante para evitar la división en el PP gallego, que se pueda cuestionar la autoridad de Mariano Rajoy o que Fraga acabe desairado. Añadido a este proceso estarán los primeros pasos que dé el gobierno de coalición entre los socialistas y el Bloque Nacionalista, que tienen una mayoría tan escasa en número como complicada de mantener día a día porque al PSOE en Galicia no se le conoce inclinación ni complejo alguno ante el nacionalismo como el de sus colegas catalanes o vascos. Y tampoco al BNG tendencia alguna a la moderación. Aunque compartir el poder y los cargos puede unir a los partidos más que