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6 Opinión MIÉRCOLES 29 6 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA BENIGNO BLANCO VICEPRESIDENTE DEL FORO ESPAÑOL DE LA FAMILIA SEGURIDAD CIUDADANA DEMÁS de tener razón, que la tienen en abundancia, lo que no les escasea a los joyeros, plateros y relojeros de Madrid es la paciencia. En eso sí que son mayoristas. Padecen en su pequeño gremio ciento veinte atracos anuales, algunos con luctuosas consecuencias, y ahí están, dispuestos a vendernos un anillo de pedida- -supongo que siguen en uso entre heterosexuales- una fuente de plata para poder evitar la tiranía de las listas de boda de los grandes almacenes o un reloj sumergible para ver la hora a cien metros de profundidad, condición imprescindible para un hombre puesto al día. Las joyerías, grandes M. MARTÍN y famosas o pequeñas y FERRAND de barriada, son el último toque de lujo y fantasía que les cabe a ciudades que, como las nuestras, ya tienen de todo Son el engarce entre lo más viejo de la cultura, centrado en un abalorio o una figurilla alegórica, y lo más nuevo de las costumbres, la exhibición de lo inútil. Todo cuanto se muestra y vende en las joyerías tiene el valor objetivo de sus materias primas, el añadido de su factura y el máximo de su inutilidad, algo que sirve de cobijo a los recuerdos y las emociones. Quizá por ello la delincuencia se centra con ahínco en ellas y las agrede con un ritmo de dos a la semana. Llevamos muchos años, desde la última reforma del Código penal sobre todo, asistiendo al llanto del sector y, por ampliación, del pequeño comercio especializado. Las voces del poder de turno son de consuelo; pero, terminado el sermón, se acabó su efecto. Lo que dicen en Interior y Justicia, ahora y antes, para el consuelo de los joyeros esquilmados, o para alivio de las familias de los que van cayendo en los atracos, son palabras huecas que, por cierto y de hecho, dejan a los interesados fuera del Estado. La protección que éste les ofrece se queda en literaria y los delincuentes, nacionales y de importación, se salen con la suya: continúan arrasando y acribillando una respetabilísima actividad mercantil. Anoche, según la nueva moda de gritar en la calle lo que ni tan siquiera se susurra en los despachos responsables, los joyeros se manifestaron en Madrid. Fueron a recordarle al Ministerio de Justicia su difícil situación y su gran desconsuelo. ¿Y qué? Justicia está tan lejos del problema como Sanidad o Medio Ambiente. Aquí lo que necesitamos son leyes solventes, Policía eficaz y jueces diligentes. Algo que se encierra en un planteamiento nacional más sólido y menos irresponsable del que padecemos. El encumbramiento de lo accesorio se ha convertido en columna vertebral de un gobierno que, sin perder la sonrisa, ha perdido el oremus y, con él, el sentido de la responsabilidad. La seguridad de los ciudadanos no es un accesorio, sino la misma nuez que justifica su existencia. Sin ella retrocedemos demasiado en el tiempo. A EL ATAQUE A LA FAMILIA Los totalitarismos del siglo XX no lograron acabar con la familia y, según el análisis que hace el autor, tampoco lo lograrán las ideologías de género en el siglo XXI, porque la familia se defiende a sí misma, como la vida L A familia ha existido siempre y siempre existirá, pues sin ella es imposible la Humanidad. A lo largo de la historia, en todo lugar y tiempo, se ha identificado ese núcleo formado por el hombre y la mujer que se quieren y comparten sus vidas, abriéndose a la generación como algo inmensamente valioso para la sociedad, pues proporciona el nicho ecológico de las nuevas vidas. Además, el parentesco de consanguinidad derivado de la paternidad- filiación es el lazo de solidaridad más potente que se ha conocido nunca y hoy sigue sustentando a las sociedades. Ha habido épocas en que por influencia de ideologías antihumanistas algunos gobiernos se han empeñado en acabar con las familias. Así sucedió con el comunismo y el nazismo en el siglo XX y así sucede hoy en España, donde un Ejecutivo imbuido de la filosofía de género, el nuevo antihumanismo ideológico de nuestros días, intenta un gran experimento de ingeniería social desde el poder: desmontar y reconfigurar la institución del matrimonio. La sociedad española se enfrenta a una situación excepcional, el intento de prescindir de la concepción del matrimonio como unión de hombre y mujer, concepto que hoy es aceptado en todo el mundo y que así se ha mantenido desde el comienzo de la historia. El Estado ha decidido meterse en la cama con los españoles, al redefinir el matrimonio como un contrato provisional sin referencia alguna al sexo de los contrayentes, configurado como mera relación afectiva entre adultos. Así, con la equiparación de cualquier tipo de relación afectiva con el verdadero matrimonio, éste pasa a una situación de alegali- dad y la familia se diluye, se ve privada de cualquier tipo de protección legal y pierde legalmente su sentido como fundamento básico de la sociedad. Los españoles no podemos asistir con los brazos cruzados a los intentos de destrucción de algo tan esencial. La familia hoy se encuentra injustamente atacada y el Foro Español de la Familia ha salido a la calle para defender la institución del matrimonio y el bien de las personas, en particular el de los niños y los jóvenes. El PSOE llegó al poder de la mano del talante y la renovación democrática. Frente al gobierno del PP, al que acusaba de insensible a la voz del pueblo, Zapatero ofrecía el diálogo y la transparencia como garantías de buen gobierno. Al grito de no hay límites al poder del pueblo y en su nombre han comenzado a prescindir de él. En los sistemas de democracia representativa, como el español, el pueblo y sus derechos se encuentran garantizados por el correcto funcionamiento del procedimiento democrático. El recurso dialéctico constante de los miembros del Gobierno socialista al mandato del pueblo suena ya a excusa forzada. La voz del pueblo que ellos citan no es tal; no es más que la voz de unos gobernantes, que en nombre de su propia razón de Estado hacen suya esa famosa frase de los monarcas absolutistas: Todo para el pueblo pero sin el pueblo El pueblo son sus instituciones, y para escuchar al pueblo es imprescindible escuchar a todas y cada una de ellas, para garantizar sus derechos y la democracia. Por eso resulta un peligro para la democracia un gobier-