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ABC MARTES 28 6 2005 Madrid 41 Alquilar un piso para que vivan varias familias es una costumbre entre los inmigrantes. Esto les permite ahorrar dinero; sin embargo, en algunas viviendas, los inquilinos sufren atropellos por parte de los caseros Camas para todos TEXTO Y FOTO: MARCOS VACA MADRID. Rita Maldonado aún recuerda sus primeros días en Madrid. Fue a visitar a un pariente en un piso donde habitaban cerca de 20 personas. En casi diez años que vivo aquí, nunca he tenido que convivir con tanta gente, pero la imagen que vi en aquella ocasión se quedó en mi retina... Las camas calientes no han desaparecido totalmente de la realidad de los inmigrantes. Ésa es aún una de las alternativas de los extranjeros que llegan a la capital para trabajar. Los más jóvenes nos arriesgamos más. Debemos ahorrar la mayor cantidad de dinero dice un hombre de Ecuador. Pero existen también las mujeres que trabajan internas de lunes a sábado y necesitan de una cama para descansar el domingo. Las que no tienen dónde llegar pagan un promedio de 60 euros por espacio, que sólo les sirve por cuatro días al mes. Maldonado prefirió no vivir en esas condiciones. Desde que llegó, alquiló un piso con sus hermanos. Pagaban 90.000 pesetas mensuales y una cantidad similar por la fianza. Actualmente no ha cambiado mucho, salvo que ya no paga en pesetas, sino en euros: 500. La alternativa más común Yolanda Arias también guarda en sus recuerdos los días en los cuales tenía que esperar su turno para dormir en una cama. Las dueñas del piso alquilaban una habitación muy pequeña y ahí dormíamos varias personas. Cada día, una de nosotras usaba la cama, y los demás, en el suelo o en un sofá Eso ya cambió. Arias dejó la zona de Legazpi y ahora vive cerca a Pueblo Nuevo, en un piso alquilado. Ella instaló su cama, televisión y los muebles en el salón, ya que en el resto de habitaciones viven tres familias más. Sólo de esa manera se puede pagar el alquiler Entre ellos pagan 1.000 euros mensuales. El valor de cada habitación varía, de igual forma el coste de los servicios. En la cocina, Arias dividió la vajilla y ciertos utensilios para que cada familia pueda cocinar. Tratamos de evitar problemas. Aquí la única regla es que haya respeto Debido a que el salón está ocupado, no se pueden recibir visitas. Existe un sólo baño, por lo que otra persona podría incomodar a la paz del piso. Míriam es otra inmigrante. Ella recibe a sus visitas en una pequeña habitación, donde también habita su hija. En el pequeño cuarto hay tres camas y una televisión. En los armarios están guardados, además de la ropa, utensilios de cocina e, incluso, alimentos. No nos avergonzamos de vivir así. Son los sacrificios que uno hace por el bienestar de la familia El alquiler cuesta entre 550 y 1300 euros mensuales. No todos pueden fir- Yolanda Arias vive en el salón de un piso alquilado. En ese lugar está su cama, una televisión y la mayoría de sus pertenencias mar el contrato por lo que los más viejos en España lo hacen y se convierten en los dueños y subalquilan. Los propietarios de los pisos Según los subarrendatarios, los verdaderos dueños están al tanto de lo que ocurre en sus viviendas. Carmen Cañar es propietaria de un piso. Ella sabe que es un riesgo porque los inquilinos pueden deteriorar su inmueble. Pero, asimismo, es consciente de que se debe ser solidario. Yo también llegué a luchar por un mejor futuro y tuve que pasar todas las experiencias buenas y malas Ella recibe 1.300 euros por el alquiler y los gastos de servicios. Ese dinero lo utiliza íntegramente para pagar la hipoteca de 20 años. Hasta ahora paga tres. Además, ésta es considerada una forma de inversión para vender el piso en el futuro y con ese dinero regresar a su país. Pero no todos tienen la misma suerte y por eso prefieren no detallar dónde viven y las condiciones de sus acuerdos con los dueños El problema es que se enfadan. Uno puede perder el espacio dice una mujer. El salón, la cocina y el comedor son utilizados por todos. Hay personas que tienen sus propios utensilios de cocina guardados en sus habitaciones, pero siempre hay que tener cuidado para no provocar problemas En el piso no existe mucha vida comunal. Las familias se interrelacio- Las condiciones tienden a mejorar En los últimos años, los hábitos de vivienda han cambiado entre los inmigrantes. Muchos han optado por traer a sus familiares desde sus países de origen, por lo cual alquilan o compran pisos más grandes. Esto permite que los extranjeros mejoren su estilo de vida. Sucede también porque ya no deben enviar remesas a sus países. Este proceso de cambio sucedió entre los extranjeros que llegaron primero del Perú, después de Colombia, Ecuador y, ahora, Bolivia. Según Max Íñiguez, representante de una agrupación de la colonia de ecuatorianos, en el caso de sus compatriotas, las condiciones de vida empezaron a cambiar en el año 2000. Íñiguez asegura que el 65 por ciento de los inmigrantes viven mejor desde esa fecha. Sin embargo, no descarta que el resto todavía tenga que compartir el piso con desconocidos e incluso opte por alquilar camas para poder descansar antes de ir a trabajar. No se han hecho estudios sobre ese tema. nan poco. El domingo es el día que las mujeres se encuentran en la cocina y charlan. En el salón, los hombres suelen poner música de su país. El domingo es el único día para relajarse, después de una fuerte semana de trabajo dice otro inmigrante. Los abusos entre inmigrantes Las necesidades de vivienda también sirven para que varias personas, según algunos extranjeros, saquen provecho. Así, los pseudodueños no pagan el coste del alquiler, ya que dividen su valor entre las familias que subarriendan el piso. Según Silvia Cachago, de la Casa del Ecuatoriano, eso es un problema constante entre los ecuatorianos. Hay un cierto egoísmo entre varias personas y por eso tratan de aprovecharse de los más necesitados. Según Cachago, hasta el momento no existe ninguna reglamentación que impida que los inmigrantes utilicen una u otra manera para vivir. No obstante, advirtió de que el artículo 34 de la Ley de Regulación de Extranjería exige que los niños de los inmigrantes vivan en condiciones aptas. Esto obliga a que los padres no puedan alquilar habitaciones para que vivan sus hijos (menores) junto con otras personas. Todo ello preocupa a los padres de familia, pero aseguran que, mientras no causen problemas, pueden vivir tranquilamente...