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20 Nacional MARTES 28 6 2005 ABC Los joyeros le dicen al Gobierno basta ya La suya no es profesión peligrosa, pero a diario viven una inseguridad que ya se ha cobrado demasiadas muertes. Hoy se manifiestan en Madrid, mientras que en el resto de España harán actos de protesta ¡Así no hay quien viva! TEXTO: M. J. ÁLVAREZ REPORTAJE GRÁFICO: JAVIER PRIETO MADRID. Cada día, su trabajo se convierte en una aventura. No saben con lo que se pueden encontrar. Su único delito es estar empleados o ser dueños de un comercio- mejor dicho: el dueño es el banco aseguran- -y vender objetos de valor. Son los joyeros, un gremio que ama su profesión por encima de todas las cosas. El peligro les acecha. Cada vez que suena el timbre, observan al potencial cliente. A veces su intuición falla, pero otras, da en el blanco. Acostumbrados a ser el objetivo de los criminales, llevan una década siendo el objetivo de todo tipo de delincuentes. En los últimos meses han vuelto los métodos violentos y a los atracos a punta de pistola. Uno de ellos le costó la vida a un joyero de Móstoles. Los robos a punta de navaja, alunizajes mazazos etc... son moneda de uso común. Se sienten desprotegidos e indefensos y hoy, a las ocho de la tarde, saldrán a la calle en Madrid para denunciar su situación en una manifestación que terminará en el Ministerio de Justicia. Al mediodía el sector parará en toda España durante diez minutos. Para la mayoría, sólo una leyes más duras, prisión preventiva para los reincidentes y un mayor control a los delincuentes extranjeros, acabarán con la impunidad. Mientras, los más escépticos afirman que esto no tiene arreglo si a determinados sujetos no les importa acabar en la cárcel Algunos han perdido la ilusión. Si no fuera por las deudas y por mis hijos, echaba el cierre afirman. Miguel Hernández muestra el disparo en el pecho que recibió en un atraco en 2002 le amenazó con ella. Su compinche se giró y le encañonó con el revólver que portaba: ¡Suéltale o disparo! El otro, mientras, descargó su ira golpeándole en la cabeza con las pinzas. Tuve suerte porque aunque comencé a sangrar, en lugar de darme con el extremo punzante, me dio con el romo Presa de la impotencia, volvió a defenderse, aun a riesgo de su propia vida. Visiblemente irritado, al ver cómo, además, vaciaban los expositores, el joyero cogió su pistola de gas y apuntó a uno de los delincuentes. Una clienta entró en ese momento en el comercio y, al percatarse de lo que sucedía, gritó: ¡Policía! ¡Policía! Entonces fue cuando le dispararon, a quemarropa, y salieron a la calle con el botín. Sin ser consciente de la gravedad de sus heridas, fue tras ellos. Un vecino se interpuso y Miguel recuperó parte de su mercancía. He convertido mi negocio en un búnker; los clientes y yo estamos en una cárcel, aunque no sirva de nada si te encañonan. Así no se puede vivir Atiende a medio centenar de personas al día: Son ventas pequeñas, evito tener género valioso porque atrae a los delincuentes. ¿Miedo? No tengo, si no no estaría aquí. Lo que sucede es que los malos están más protegidos que nosotros Francisco Cabrejas, propietario de una joyería en la calle Ortega y Gasset, en el centro de Madrid, asegura que no se pueden poner más sistemas anti- Estoy vivo de milagro Miguel Hernández, dueño de una joyería en el distrito madrileño de Ciudad Lineal, sabe muy bien de lo que habla: Estoy vivo de milagro. Me asaltaron a punta de pistola dos veces seguidas y, en una de ellas, me dispararon en el pecho Fue el 23 de abril de 2002. Ese día nací dos veces La bala le entró por el lado izquierdo del tórax y le salió por la espalda. No sentí dolor alguno. Sólo calor y una intensa rabia e impotencia Miguel es un luchador nato, empezó desde abajo, y al acabar la mili y conocer el oficio de relojero- soy de los pocos que quedan se estableció por su cuenta a base de no poco esfuerzo. Estoy endeudado hasta la médula. Hace diez años que no me voy de vacaciones; si cierro, ¿quien paga las letras? Siempre que ha sufrido un asalto ha defendido su patrimonio con uñas y dientes. Nunca sabes cómo vas a reaccionar; pero en esos momentos se te cruzan los cables Muestra la bala que la Policía no encontró en la inspección ocular que realizó en su establecimiento, y que guarda celosamente. Una de ellas rebotó contra las pequeñas cajas donde almacena las piezas que utiliza en las reparaciones. Quedó incrustada en la pared. Una bala quedó incrustada en una pared de la tienda. Hernández la halló hace poco Fue cuando se cambió de local, hace ocho meses, apenas a unas cuantas manzanas de distancia, en el madrileño barrio de Bilbao (Ciudad Lineal) cuando al retirar los cofres, apareció el proyectil. Habían pasado dos años. Entraron dos individuos suramericanos y me dieron mala espina. Mi tienda era muy pequeña. Uno de ellos se fue derecho a la caja fuerte y el otro me apuntó con una pistola. Mientras el primero sacaba las mantas del arcón y las introducía en una bolsa, el segundo no apartaba la vista de su compañero De ahí que aprovechara y alcanzara una de las pinzas que utiliza para reparar relojes. Se abalanzó a su agresor y Estuve varios meses sin seguro tras sufrir varios robos. Al final, pude hacer la póliza: me costó el doble He estado agarrado al mismo reloj que el atracador a través el escaparate: yo desde dentro; él, por fuera