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ABC LUNES 27 6 2005 Espectáculos 55 Beck, en una reciente actuación de su gira actual AP METRO ROCK Beck Concierto de Beck. Lugar: Parque Juan Carlos I (Madrid) Fecha: 25- 6- 2005. TIERRAS DE NADIE JESÚS LILLO C on un notable retraso sobre la hora prevista, Beck cerró en la madrugada de ayer la primera edición de la nueva época del Metro Rock, festival que ha perdido su carácter gratuito para abrir una taquilla- -precios populares con descuentos adicionales; pague uno y baile diez- -en el parque Juan Carlos I de Madrid, confortable recinto para una muestra de las dimensiones a las que aspira el certamen, cuya mudanza se ha saldado con notable alto: hay césped, un lago en el que cabe el Iberdrola buenos amplificadores, árboles, discoteca y abrevaderos suficientes para satisfacer las necesidades de ocio y verbena de 20.000 espectadores. Sin embargo, las limitaciones del modelo mixto de financiación de Metro Rock- -venta de entradas y subvención pública- -se manifiesta en un cartel en el que figuran artistas de pay per view y bandas de gratis total, churras y merinas que hacen del parque madrileño una tierra de nadie en la que acampan desde el grupo del Mono Burgos a Morcheeba, pasando por la entidad de compromiso social conocida como Bebe. No se puede pedir más por 33 euros, precio para los usuarios del abono de transportes de la Comunidad de Madrid, pe- ro quizás un moderado incremento de las entradas permitiría cuadrar en próximas ediciones del renovado Metro Rock una oferta más homogénea y consistente, liberando paulatinamente a la muestra de su dependencia de los fondos públicos. Hay que acostumbrar a la gente, desde muy joven, a pagar por la música. Fue el concierto de Beck, estrella y reclamo del festival, el que mejor representó la indefinición del certamen. También situado en tierra de nadie, el músico californiano sabe lo que es pasar del escaparate a la trastienda, de la vanguardia al olvido, del fenómeno a la norma. Presentaba Guero su último álbum, en el que recicla la mixtura de estilos que marcó sus trabajos más floreados y resultones. No trajo mariachis, pero sí una ruidosa y fiestera banda cuyos miembros consiguen adaptarse al caprichoso recorrido que su líder realiza por los rincones más distantes del rock, explorados por Beck con guitarras, consolas, batería, rimas, banjo e incluso calabazas huecas. También saben guardar silencio- -sentados en la mesa de una cena imaginaria- -cuando el autor de Odelay interpreta en solitario y despacio Everybody s Got to Learn Sometime de los Korgis. Se le exige tanto a Beck que hay quien no le perdona que, después de protagonizar en el pop una revuelta similar a la de los Talking Heads, se dedicara a disfrutarla, corregirla y aumentarla. Bastante hizo y bastante hace, tanto que aún desconcierta en directo. Este pinche güero no se mueve de la frontera. Parece feliz en esa tierra de nadie en la que habitan y bailan los rebeldes y sobre la que se levantan festivales nómadas, aún por definir.