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52 Cultura LUNES 27 6 2005 ABC Ricardo Artola recopila lo más destacado de la II Guerra Mundial b En su último libro, el autor hace un exhaustivo recuento de los hechos más importantes de la contienda, que incluye además una amplia cronología GUSTAVO GALLO MACHADO MADRID. Compilar en algo más de 300 páginas los hechos trascendentales de la Segunda Guerra Mundial es una tarea quijotesca que Ricardo Artola se atrevió a hacer con éxito en La II Guerra Mundial. De Varsovia a Berlín (Alianza) Además de ser un relato cronológico sobre la guerra, el libro- -una reedición ampliada de su anterior obra, La Segunda Guerra Mundial publicada en 1995- pretende acercar al público las principales claves del conflicto, ya que hay pocos libros que incluyan introducciones generales a la guerra El autor aborda en la introducción las múltiples facetas que caracterizaron esta contienda, desde las imágenes de los acontecimientos o las armas más importantes empleadas, hasta la cartografía o los protagonistas más relevantes. El periodista Herman que estuvo en la presentación del libro, aseguró que para entender lo que ocurre ahora en la Humanidad, los múltiples procesos, las incertidumbres que están en marcha, es necesario comprender lo que significó esta gran guerra, que resulta inexplicable sin la primera y sin el acuerdo de Versalles, la Italia de Mussolini o la revolución bolchevique Una de las salas del Metropolitan, dedicada a los textiles de Matisse CORINA ARRANZ Verano impresionista en Manhattan El Metropolitan y el MoMA revisan la obra de Matisse, Pissarro y Cézanne b El tejido de los sueños muestra en el Metropolitan la pasión de Matisse por las telas, mientras que el MoMA explora la amistad entre Pisarro y Cézanne ALFONSO ARMADA CORRESPONSAL NUEVA YORK. A pesar de tener la fachada casi completamente velada por un cobertor caqui que parece un involuntario homenaje a Christo- -que el pasado invierno sembró de puertas de azafrán el Parque Central- el Metropolitan Museum no sólo no ha cerrado las suyas, sino que ha inaugurado una exposición dedicada a Matisse, su arte y sus telas, bajo el título de El tejido de los sueños Sin que se sepa de una estrategia conjunta, el MoMA ha presentado una inédita exploración de la amistad y recíproca influencia artística que Pissarro y Cézanne alimentaron entre 1865 y 1885. Dos citas impresionistas para refrescarse del húmedo verano de Manhattan. En altas salas grises y frescas y arcos que evocan con sutilieza estancias magrebíes, el Metropolitan saca de los arcones donde llevaban almacenados desde su muerte, en 1954, la colección de telas, alfombras y vestidos que Matisse había atesorado desde muy temprano, no en vano su familia estuvo durante generaciones vinculada a la industria textil en el noreste de Francia. Paradójicamente, el pintor que confesó que estaba hecho de todo lo que había visto y que dijo que había descubierto su identidad como pintor gracias al sol mediterráneo, especialmente en el norte de África, en lo que llamó la revelación del sur se inicia con dos emocionantes versiones de Naturaleza muerta con mantel la primera de 1905- 1906, la segunda de tres años más tarde, ambas en poder del Ermitage de San Petersburgo, en las que el índigo es una tentación, y concluye con el asombroso traje de arlequín, blanco de nieve envejecida y triángulos negros, que diseñó para El canto del ruiseñor de los Ballets Rusos, a instancias de Stravinski y Diaghilev. La biblioteca de trabajo de Matisse La biblioteca de trabajo que es como Matisse denominaba su colección de telas, cuelga de las paredes del Metropolitan junto a 45 cuadros y 31 dibujos y grabados, y en más de una ocasión, tras el cuerpo de una odalisca que es un concentrado de sensualidad, o bajo su cuerpo, vemos las mismas telas, alfombras o manteles que sirvieron para componer y estructurar la escena y, como recalca la comisaria de este tejido de sueños Hilary Spurling, las telas pasan de ser mero decorado de fondo a ser la fuerza decisiva de la composición del cuadro, llenando la pintura de energía y color. Telas adquiridas en París, España, Marruecos, Argelia o Turquía cuelgan vivas junto a Mujer española (armonía en azul) Vestido morado y anémonas Pequeña odalisca con un vestido morado o El sueño hasta desembocar en las pantallas que diseñó el pintor para su casa- Oceanía, el mar y Iconos del conflicto El libro- -añadió- -es muy útil para quien quiera tener una visión general de la II Guerra Mundial, así como de los factores presentes en la actualidad. No hay en él divagaciones ni propuestas históricas que no sean los hechos reales Tras la introducción, Artola realiza un comentario exhaustivo de dieciocho iconos representativos del conflicto, desde el Pacto de Munich hasta los juicios de Nüremberg, para pasar a interpretar el papel de cinco protagonistas: Hitler, Stalin, Churchill, Roosevelt y Tojo, los que a su juicio, son los más importantes de esta cruenta guerra. Este libro pretende ser una minienciclopedia de la guerra recalcó el autor. La obra se completa con un breve ensayo sobre las armas más destacadas que se utilizaron en los choques bélicos. Artola destacó también que el hecho de no pertenecer a ninguno de los países que participaron en el conflicto le ha permitido enfocar el libro sin presión social e ideológica. La obra se completa con una cartografía de los frentes de la contienda, además de un glosario de términos y protagonistas, y una lista comentada de fuentes bibliográficas. La colección de telas de Matisse, adquiridas en Francia, España o Turquía, cuelga de las paredes del Metropolitan junto a 45 cuadros y 31 dibujos y grabados Oceanía, el cielo -a partir de la evocación de un viaje a los mares del sur. A menos de treinta manzanas de distancia, el bisnieto de Camille Pissarro, que se convirtió en comisario de pintura y escultura del MoMA en 2003, despliega en Abriendo caminos al arte moderno la atractiva senda que durante dos décadas compartieron Pissarro y Cézanne. Después de trabar amistad en el Salón de los Rechazados, adonde fueron a parar en 1863, también bajo cobijo del emperador, los innovadores artistas que no habían recibido la bendición del Salón de París, Cézannne y Pissarro iniciaron un diálogo artístico y una amistad cuyos episodios más notables se pueden seguir en esta exposición que no sólo exhibe por primera vez obras en colecciones privadas, sino que hermana y enfrenta cuadros pintados al mismo tiempo o a partir de un mismo motivo. En 1872, Cézanne se trasladó a Pontoise para trabajar en la misma región que Pissarro. Cézanne cayó allí bajo su influencia, y él en la suya, escribió Pissarro. A menudo resulta difícil determinar qué cuadro pertenece a cada uno, y sería un ejercicio enriquecedor tratar de descubrirlo sin recurrir a los rótulos que aclaran el enigma, especialmente arduo en Louveciennes que Pissarro pintó en 1871 y Cézanne al año siguiente, a partir del de su amigo, aunque acaso se empiezan a rastrear los indicios que acabarían alejando los caminos de ambos maestros del impresionismo: Pisarro parece más preocupado por la atmósfera y el detalle, a Cézanne le atrae más la estructura de la composición, la autonomía del color. Son 85 retratos, autorretratos, naturalezas muertas y paisajes que resumen una amistad fecunda y una mirada sobre la realidad que dejaría una huella que no se ha desvanecido.