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6 Opinión LUNES 27 6 2005 ABC VADE MECUM TRIBUNA ABIERTA CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN LA MALA EDUCACIÓN L próximo domingo, como cada año, las calles de Madrid parecerán el escenario de un carnaval a desmano. Pero no se tratará de una fiesta bufa, sino de la triste realidad de una sociedad que ha permitido hacer legal lo que, en el mejor de los casos, es una opción sexual, y en el peor, un esperpento jurídico hecho realidad. No puedo imaginar una manifestación por el orgullo masculino y, en esta época de España, tampoco otra que reivindique el orgullo femenino. ¿Ser homosexual, en cambio, es algo de lo que uno debe sentirse orgulloso? Sinceramente, creo que hacer motivo de orgullo lo que sólo es el ejercicio de una JORGE TRIAS actividad sexual me paSAGNIER rece una procacidad impropia de una sociedad culta y libre. Y confundir esa actividad con el matrimonio convierte el asunto en insólito. Y ya, por último, permitir la adopción a quienes realizan esa actividad públicamente creo que debería revisarse por ir en contra de los derechos del niño. La mala educación y- -peor todavía- -el disparate se han apoderado de España. No se trata de defender una fe, unas creencias, una moral, no. Se trata de algo tan simple como reclamar de los poderes públicos unas políticas simplemente razonables. Y el matrimonio homosexual, así como la reforma del derecho de familia, no lo es. A Zapatero se le votó, supongo, por miedo patológico tras el atentado del 11 de marzo y para que solucionase problemas, no sólo para que retirase las tropas de Irak por la puerta falsa. Para ese viaje no hacían falta esas alforjas, pues Rajoy hubiese hecho lo mismo pero sin ofender a nuestros aliados. A Zapatero, pues, no se le eligió para que fuese sembrando problemas a su paso sino para evitarlos, y hasta el momento no ha evitado ninguno. Pero la marginalidad está encantada, ¡cómo no! aunque es muy mala señal que en un país esté contenta la marginalidad. Muy mal síntoma. Significa que la mala educación ha triunfado sobre la buena educación, la kultura sobre la cultura, la kale borroka sobre el orden, el relativismo sobre la creencia, la dictadura de la minoría sobre las razones de la mayoría. El reconocimiento de determinados derechos a uniones homosexuales o heterosexuales, al margen del matrimonio, habría sido una solución para que nadie se sintiese preterido o marginado. Fue una pena que esa iniciativa legislativa, el Contrato de Unión Civil no prosperase cuando la propuse en la VI legislatura. En cambio, la imposición de determinadas costumbres, o mejor dicho de malas costumbres, en la educación social que se va a impartir desde el momento en que se modifiquen las leyes sobre familia y matrimonio constituye un enorme disparate político en el que se encuentra atrapado, desgraciadamente, el socialismo español. E EL LEHENDAKARI EN SU CIÉNAGA El autor analiza el futuro escenario del Parlamento vasco con un lehendakari cautivo de los votos prestados por un partido sosias que suplanta a otro ilegal una oposición dividida y, como única incógnita real, la duda sobre qué pasa dentro de ETA I algo demuestra la insoportablemente lenta elección del nuevo lehendakari es que la política vasca se parece, más que nada, a una ciénaga en la que chapoteamos agotados, sin la fuerza necesaria para despegarnos del légamo. Insensible al aburrimiento de la opinión pública, el Parlamento vasco ha procedido no tanto a la elección del presidente de una comunidad política de ciudadanos como a la entronización del batracio principal- -con perdón- -de una charca estanca e inoperante. Los analistas políticos y los portavoces de los partidos- -distinción que tiende a esfumarse- -especulaban con que la elección del nuevo lehendakari- -o mejor, la repetición del sempiterno- -aparecía envuelta en las brumas de la incertidumbre. ¿Conseguiría Ibarretxe los 34 votos necesarios para superar los 33 de un constitucionalismo más dividido que nunca? ¿Prepararía Patxi López la sorpresa de una retirada de última hora? ¿Daría María San Gil sus valiosos votos al despectivo candidato socialista? ¿Y las Nekanes comunistas de la tierra, y Madrazo, y la Aintzane de Aralar, qué harían? Filfas nada más. No había la menor incertidumbre. Hace mucho que la política vasca no produce un hecho realmente novedoso. Quizá por eso la chismografía ha suplantado a la información sobre los hechos. ¿Quién iba a creer seriamente que alguien distinto a Ibarretxe podía salir lehendakari? Ni siquiera Zapatero esperaba nada de un Patxi López que, pese a sus aires de grandeza, S sólo cuenta con dieciocho votos seguros sobre setenta y cinco. Todo ha ido tan trillado que incluso las comunistas de la tierra han copiado la jugarreta de Arnaldo Otegi con el Plan Ibarretxe, pero sin sorprender. Le han cogido gusto a lo de votar gobiernos impotentes cogidos por donde más duele, y ahí van a seguir, gracias a jueces con problemas de visión y a políticos puramente oportunistas. En fin, el Parlamento vasco ha elegido la repetición de curso, nombrando a un presidente clónico de sí mismo, perdedor de las últimas elecciones tras el órdago de un plebiscito que nació muerto, cautivo de los votos prestados por un partido sosias que suplanta a otro ilegal, pero menos. Ibarretxe formará un gobierno como el de la anterior legislatura: campeón del disparate y paralizado por la carencia de mayoría suficiente. No logrará aprobar los presupuestos ni sacar adelante una sola ley que rechace la oposición, salvo si la apoya Batasuna; la única incógnita es cuánto durará. Sin embargo, algo se ha movido. La votación ha implicado el deslizamiento de cada partido hacia las posiciones de su rival inmediato. Ibarretxe anuncia la creación de una mesa de partidos con inclusión de Batasuna, que no es otra cosa que la llamada Propuesta de Anoeta; Patxi López hace suya, como programa, la moción de diálogo con ETA si abandona la violencia que el Congreso aprobó con banal solemnidad y, a pesar de los fracasos