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ABC LUNES 27 6 2005 Opinión 5 MEDITACIONES TODA LA FILOSOFÍA EN 36.000 VOTOS E STOICO, como el abajo firmante, se quedará seguramente uno de los dos políticos que aspiran a presidir la Xunta de Galicia. El otro, el que gane, se apuntará directamente a la corriente de Epicuro, feliz disfrutador de las mieles y el placer de la victoria. Tras una semana con todo tipo de tensiones, con un goteo de sacas y con extraños parones en la venida de las papeletas, toda la filosofía que encierran las elecciones gallegas se sustanciará en los 36.000 votos que finalmente han llegado hasta la Junta Electoral de Pontevedra. Tras las 48 horas de infarto que deparará el recuento, seguro que aparecerán luego los escépticos y los cínicos, de manera abundante si todo se resuelve- -como parece previsible- -en un pañuelo. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR HAY QUE SER ANIMALES LA GUERRA SIN FIN DE WALTER LAQUEUR Traducción de Ferran Esteve Editorial Destino 381 páginas 21 euros T El terrorismo es eso Para saber de qué hablamos cuando hablamos de terrorismo, conviene recuperar este trabajo de Walter Laqueur publicado hace un año. Lectura que se me antoja provechosa para muchos españoles. Si un progresista leyera el libro, quizá llegaría a entender que el terrorismo no es la respuesta a la pobreza, el hambre, la injusticia, la dominación o la opresión, sino el atentado indiscriminado y la destrucción como fin o prueba de existencia. Si un antiamericano leyera el libro, quizá aceptaría que los Estados Unidos no han hecho nada para merecer una barbarie como la que se desencadenó sobre Nueva York y Washington. Y a fe que Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao, San Sebastián, etcétera, tampoco han hecho nada para merecer ni un solo atentado terrorista. Si un predicador de ansias infinitas de paz leyera el libro, quizá se daría cuenta del peligro real que supone el terrorismo islámico y nacionalista y reclamaría una política disuasiva. Y si algún juez leyera el libro, quizá reconocería que el terrorismo es también el uso sistemático de la violencia y de la destrucción, o de la amenaza de esos actos A ver si algunos recapacitan. MIQUEL PORTA PERALES ENGO en mis manos una fotocopia de la proposición de ley presentada en el Parlamento Catalán por Esquerra Republicana el pasado 8 de abril de 2005. En ella se insta a la reforma de la ley autonómica de defensa de los animales, mediante la inclusión de una cláusula específica que prohíba las corridas de toros en territorio catalán. Actúan como ponentes los parlamentarios Joan Ridao y Oriol Amorós; el apellido de este último, coincidente con el de uno de los más finos intérpretes literarios del arte de la tauromaquia, me ha provocado una sonrisa paradójica. La proposición de ley se antecede de una delirante exposición de motivos que, misteriosamente, no ha sido glosada por la prensa, pese a incluir alguna barbaridad que ofende a la inteligencia, además de injuriar a los taurófilos. Lo cual nos obligaría a reflexionar muy amargamente sobre los resortes de autocensura JUAN MANUEL que rigen el oficio periodístico, tan DE PRADA diligente en la denuncia de ciertos excesos que contrarían el catecismo progre pero más bien remolón o remiso cuando se trata de señalar las necedades superferolíticas que enfangan dicho catecismo. Que no son pocas ni diminutas, por cierto. La citada exposición de motivos incorpora muy sabrosas mamarrachadas. Así, por ejemplo, leemos que el toro comparte muchos aspectos de nuestro sistema neurológico y emotivo También se constata el cambio en la relación entre los humanos y el resto de animales, desde una visión absolutamente antropocéntrica, en la que se equiparaban animales y objetos, a una visión más fraternal, fundamentada entre otros motivos en evidencias científicas como la proximidad genética entre especies, o en el hecho de que, a la postre, todos los animales son el resultado de procesos evolutivos paralelos Naturalmente, de toda esta cháchara evolucionista se desprende una serie de obligaciones de carácter bioético que la ley no debe soslayar. Siempre me ha resultado enternecedor que los mismos que invocan razones bioéticas para combatir las corridas de toros justifiquen la experimentación con embriones humanos, y aun la fusión de células madre humanas con embriones de ratón (proyecto digno del doctor Moreau impulsado por la Generalitat de Cataluña que el Ministerio de Sanidad acaba de autorizar) será porque, como afirman los ponentes de esta proposición de ley, se impone una visión más fraternal en la relación entre los humanos y el resto de animales Conque, hala, a crear fraternalmente engendros genéticos. Pero ya se sabe que la defensa a ultranza de los animales suele ser la coartada que emplean quienes desprecian olímpicamente la vida humana, según nos enseñó Hitler, tan devoto de sus perritos. Metidos en la harina de las mistificaciones, los ponentes de la citada proposición de ley no tienen rebozo en afirmar- -agárrense los machos- -que la violencia ejercida contra los animales tiene muy a menudo una relación directa con otras formas de violencia ejercida contra los miembros de la sociedad percibidos como los más débiles por sus agresores, como pueden ser las mujeres, los niños, los ancianos o los inmigrantes Lo cual, traducido al román paladino, significa que los amantes de los toros son maltratadores y xenófobos en potencia; tamaño desbarre no se le hubiese ocurrido ni a un discípulo de Lombroso empachado de sustancias lisérgicas. Aquí se comprueba que las incontinencias proferidas en sede parlamentaria sólo suscitan revuelo periodístico si se dirigen contra ciertos colectivos santificados por el catecismo progre; a los amantes de los toros, en cambio, se les puede poner como chupa de dómine sin que la prensa se inmute. Definitivamente, el espectáculo taurino tiene los días contados, salvo que surja por ahí alguna asociación gay taurófila dispuesta a reivindicar sus derechos.