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78 Espectáculos DOMINGO 26 6 2005 ABC CLÁSICA Ciclo Musicales de la CAM Obras de Guridi, Torres (estreno) y Shostakovich. Int. Iñaki Alberdi, acordeón. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dir. Luis Aguirre. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 21- VI LA MÚSICA INTERIOR ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE a música también se hace gracias a la labor de instrumentistas como Iñaki Alberdi. La razón es sencilla: la fe que le tiene al acordeón es tal que, gracias a sus continuas solicitudes, ya puede hablarse de un nuevo repertorio que difunde y amplía las virtudes del instrumento hacia nuevas formas de expresión. Alberdi ha enseñado a más de un compositor todo lo que el acordeón puede dar de sí, que es mucho, como él mismo demuestra en sus actuaciones, y, a cambio, ha recibido algunas partituras que acrecientan todo lo enseñado. Tal es el caso del concierto que acaba de estrenar Jesús Torres (Zaragoza, 1965) en el último programa de temporada de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. El valor de esta obra es notable, al margen de su naturaleza musical llena de detalles, encuentros y aciertos sonoros, pues añade una singular intención expresiva al catálogo de quien siempre se ha conducido dejando la impresión de lo contenido y controlado. El Concierto para acordeón es sintético, concentrado, pero ante todo es oscuro, sentido, pesimista. Desde su principio soportado en la profundidad del metal y la percusión hasta el final en pianissimo perdiéndose en una largura de agotada extenuación. No ha lugar a la tregua. Todo, a lo largo de la obra, contribuye a acrecentar su espíritu, sea cual sea su origen. Ya puede tratarse de los sonidos tenidos provenientes del registro agudo de la cuerda, las tiratas de las flautas, los latigazos reconstruidos por la percusión. Trémolos, trinos, notas repetidas con rapidez crean un colchón para un orquesta compacta, cerrada que, incluso alcanza a duplicar esa especie de llanto que el acordeón, especialmente en alguna de sus cadencias, deja en el aire. Torres se ha conducido por un solo sentimiento, y hay que decir que Alberdi ha sabido recrearlo con la seguridad del mejor de los actores. Contó con el apoyo de la Orquesta de la Comunidad que llegó con los deberes acabados bajo la tutela de Luis Aguirre, a quien habría sido de agradecer que acabara de soltar el brazo, olvida las notas y pasara a interesarse por lo que se acumula entre ellas. Dijo con lentitud Una aventura de Don Quijote de Guridi y con aseada corrección la primera sinfonía de Shostakovich. Y aun así quedó desenmascarada la sinceridad del concierto de Torres. L Sid Vicious, Steve Jones, Paul Cook y Johnny Rotten, en un momento de la película ABC La agitada y delirante vida de los Sex Pistols, por primera vez en DVD El gran timo del rock and roll ironiza sobre el grupo punk más importante descatalogada en VHS desde los 80, Julien Temple le añade nuevos comentarios, entrevistas y sonido en 5.1. aunque sin subtítulos J. HERNÁNDEZ MADRID. El realizador Julien Temple era a finales de los setenta un joven de apenas 23 años fascinado por la escena punk londinense, en la que los Sex Pistols, pese a su efímera pero agitada existencia (un par de años y un solo disco del que salieron varias reediciones) pusieron en pie de guerra los cimientos del rock con un discurso nihilista en el que el mañana no existía y el presente era un caos y una anarquía total. Por eso pensó que sería una gran idea hacer un documental como proyecto de fin de carrera. Y así nació The great rock n roll swindle El gran timo del rock and roll Sony BMG) un documental que al principio fue tomado a broma, pero que es un auténtico tratado de cómo un maquiavélico manager, Malcolm McLaren, puede convertir a cuatro gamberros en la bandera del movimiento punk, aunque para ello haga falta engañar a las compañías de discos. Johnny Rotten (voz) Sid Vicious (bajo) Steve Jones (guitarra) y Paul Cook (batería) parecen por momentos cuatro marionetas en manos del retorcido b A la cinta original, McLaren. De hecho, Temple aprovecha que McLaren explica, bien desde la bañera, desde un puente del río Tamésis a su paso por Londres o en un aeropuerto cómo forjar una banda de rock, para ir ofreciendo a retazos las andanzas de los Pistols con grabaciones como Sid Vicious atacando a una prostituta o en su delirante versión del My way de Frank Sinatra, Steve Jones haciendo el amor en un cine o las orgías en Brasil del propio Jones, Paul Cook y Ronald Biggs (el célebre ladrón del asalto al tren de Glasgow) Temple reconoce que no le resultó nada fácil hacer el filme. Era una época- -cuenta este cineasta de estrellas como los Rolling Stones, David Bowie o Janet Jackson- -en la que el grupo ya no existía y Sid Vicious iba ya por libre Odiaban la idea de un filme Tampoco estaban por la labor de quedar inmortalizados en un largometraje. Odiaban esta idea añade, por miedo a salir ridiculizados Aun así, salvó los muebles con grabaciones de Steve y Paul, los menos carismáticos Es un tratado de cómo un maquiavélico manager puede convertir a cuatro gamberros en la bandera del movimiento punk de los Pistols, haciendo el loco por Brasil de la mano de Biggs. Según Temple, Ronnie era ideal para recrear la película. Era un fugitivo de la justicia británica muy mediatizado por la prensa Biggs conocía las andanzas de esta banda de punk, por lo que a Temple le resultó fácil juntarlos a los tres y filmarlos en jam sessions en las que el célebre ladrón hace de cantante, sus desnudos por la playa ante despistados turistas o cómo las juergas que se corrieron los tres acababan en orgías. Temple reconoce que no quiso hacer crítica sobre las drogas, un mundo de perdición en el que Sid entró de lleno y le arrastró a su muerte y a la de su novia, Nancy Spungen. Aclara la vieja idea de que fue Nancy la que introdujo a Sid en las drogas: El ya era un adicto a la heroína cuando la conoció En esta versión, el McLaren que perdió en los tribunales la demanda por los derechos de autor que le interpuso el cuarteto de punk rock sale mal parado. El realizador manifiesta que es cierto que McLaren quedó como el malo de la historia, pero insiste en que también tiene su lado positivo, el sacar a la luz un nuevo concepto de subversión cultural. Dos décadas después, este realizador sacaría La mugre y la furia (2000) el documental contrapunto en el que los Sex Pistols ya no son unas marionetas, sino tipos que supieron manejar sus carreras.