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68 Sociedad DOMINGO 26 6 2005 ABC (Viene de la página anterior) A ver si hay suerte y cae un buen chorrico de agua Mula es un municipio en el centro mismo de la región de Murcia de unos 12.000 habitantes. Retratado en los últimos días por la visita de los Príncipes de Asturias, es también conocido por albergar los regadíos más modernos de España, con el riego controlado por ordenador, pero también salta regularmente a primera plana por las restricciones de agua que verano tras verano se vienen sucediendo. Mula se abastece de la Mancomunidad de Canales de Taibilla, que cuenta con los cada vez más escasos recursos propios de la cuenca y con los aportes para abastecimiento del Acueducto Tajo- Segura. Y aunque desde el Ministerio de Medio Ambiente se les ha dicho que no va a haber restricciones, lo cierto es que desde hace más de dos semanas ya se les ha bajado la presión del agua y esperan resignados como explica el teniente alcalde, Cristóbal Moreno, los primeros cortes de suministro. Todo ello en un pueblo acostumbrado a muchos años de azote dice Moreno, no sólo por la escasez, sino también por los terremotos El último, en 1999, les sirvió para poner a punto todas las conducciones de agua, que aquí se cuidan con mimo. El encargado de esta tarea es Rafael, que patrulla con un aparato de ultrasonidos las calles del pueblo cuando éste duerme en busca de una fuga inoportuna. Aquí el agua es una emergencia dice Moreno. Y todos los habitantes del pueblo lo saben. Candelaria, la Yaya regenta junto a Paco, su marido, una panadería en la parte alta de Mula. Sólo sé que hay poca el agua. El agua donde genera riqueza y puestos de trabajo es aquí y no allí, ¿qué van a plantar en Los Monegros si se hielan hasta las culebras? No quiere alterarse, pero le excusan noches sin dormir: Se vuelve una obsesión, tengo pesadillas por un chorrito de agua. Es que ya no sé qué hacer La solución estaría en que lloviera, pero milagros ya no se pueden hacer Los regantes de Lorca, en el valle del Guadalentín, que sí se benefician de las aguas del Acueducto Tajo- Segura, aún confían en que llueva- -ya no en Murcia, donde lo consideran imposible, sino en la zona de Entrepeñas y Buendía (Guadalajara) porque están a expensas de que pueda hacerse un trasvase para el trimestre que viene. Juan Lucas lo dice claro: A mí me quita el sueño, estamos en una incertidumbre que no he vivido con los años que tengo Y hace años que peina canas, pero no podemos pararnos tenemos maquinaria, préstamos, no te puedes parar porque entonces cómo pagas lo que debes Andrés Carrasco, que pertenece a una cooperativa que exporta sus productos a muchos países de Europa, explica que ha cogido clientes a los que no sé si les voy a poder suministrar, y nadie me asegura que luego los vuelva a recuperar si hubiera agua. Siempre estamos improvisando esperando de tres meses en tres meses a que haya desembalses Pedro apunta el problema de la mano de obra: He regularizado a los inmigrantes y ahora no les puedo dar trabajo Y es que de 50 hectáreas que cultivaba ahora sólo tiene 10 de sandía y melón, cuando antes hubiera tenido también cebolla y pimientos. No tengo ánimo ni ilusión dice. Juan va más allá: Cuando la miseria entra por la puerta, el amor salta por la ventana y es que la si- Candelaria, La Yaya nos recibió en la panadería que regenta junto a su marido. Este año ya tienen un depósito para hacer frente a las restricciones que se avecinan, pero hace dos veranos perdieron mucho dinero porque no podían amasar el pan Pascual, técnico del Ayuntamiento, porque si no no serviría de nada sólo los que tienen negocios que no podrían seguir adelante. Pero en su casa, Candelaria sabe lo que es no poder poner la lavadora en tres días porque se quema el motor llenar la bañera para ir tirando y tardar diez minutos para enjuagar un plato porque sólo caía un hilico de agua Al lado, la vecina María, mientras prepara un potaje de alubias tiernas, se afana en fregar la loza con ese mísero hilico pero sabe que la cosa irá a peor. Candelaria sale a despedirnos: A ver si hay suerte y cae un buen chorrico de agua si no vamos a acabar con un turbante en la cabeza No es la primera vez que nos dicen lo mismo en este viaje, resignados a vivir entre la escasez propia de un desierto, pero dicho por Candelaria, peinada con un perfecto moño en alto con unas vueltas anchas y perfectas, deja traslucir casi un carácter premonitorio. Rafael patrulla a diario las calles de Mula en busca de la más mínima fuga de agua y ya está, que hay que cuidarla dice. Paco nos cuenta las penurias que pasó hace dos veranos: No puedo esperar a que haya agua para amasar el pan Ahora tiene un depósito en la azotea, para poder almacenar el agua en las horas en que no hay restricción. Pero eso no lo tienen todos, nos explica tuación que viven no hace sino empeorar el clima familiar. Todo son problemas Pedro nos lleva a uno de sus terrenos (arrendados) y nos explica que tendría que estar toda la tierra tapada pero se encuentra desnuda, con restos de plásticos negros que hasta hace bien poco cubrían las tuberías del riego por goteo, porque aquí utilizamos bien el agua dice tajante, pero ahora todo pende de un hilo Un hilo, de agua, que ni siquiera corre ya por el Guadalentín cuando lo cruzamos rumbo a la finca de Pedro, un joven agricultor que se encarga de las tierras de su tío, en la zona alta de Fuenteálamo, donde no llegan las aguas del trasvase. De regar sus cítricos, siempre por goteo, de lunes a sábado durante cuatro horas ha pasado a hacerlo sólo tres horas en días alternos. Y la cosa no tiene buen arreglo. El embalse donde van a parar las aguas del pozo, ya venido abajo y del que se nutre la finca, está bajo mínimos. Ya es casi fango, y nos explica que con eso tiene para una semana. La solución está en que los que aún tienen les cedan agua, pero alguna vez le ha pasado que después de poner a punto las conducciones nos ha llegado un chorrico Sus limones se caen al suelo porque el agua está salinizada, y la finca vecina, que debía estar repleta de alcachofas, está en blanco Si no llueve, tampoco se podrán plantar las lechugas en septiembre, para cambiar el blanco por el verde que otros noviembres marcaba los bordes de la carretera. En el camino de vuelta me señala varias fincas abandonadas- hace nada estaba cultivada explica Francisco Riquelme- ahora la maleza es más alta que el esqueleto retorcido de los limoneros. Nos adelanta un todoterreno modelo Touareg ironías de la vida en esta tierra que se desertiza con cada gota de menos.