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ABC DOMINGO 26 6 2005 67 Varias grandes ciudades de España acogen hoy una manifestación contra la pobreza en nuestro país Los limones caen al suelo porque el árbol se defiende de tanta sed y del agua salinizada. Es la finca de Antonio Tomás, que se queja de que desde la Administración sólo nos venden humo pero no les traen el agua que tanto necesitan REGADÍOS Las dotaciones de agua para riego se han reducido en un 50 para garantizar el abastecimiento PRECIO DEL AGUA El metro cúbico de agua de pozo se paga a 0,42 euros, mientras que la del trasvase sale a unos 0,16 José María trabaja como técnico en una explotación que se riega del Pozo del tío Enrique, cuyo caudal se ha reducido a la mitad en sólo dos años. La escasez la están pagando sobre todo los cítricos más que arena, síntoma claro del efecto de la salinidad del agua. José María coge un palo y nos enseña el estado de la estructura del suelo, que se vuelve arena con tan sólo removerla un poco. Esta tierra tardará 10 ó 20 años en regenerarse, pero sólo si se riega con agua buena Y eso aquí escasea. Nos lo enseña con resignación, porque sabe que estos ár- ABASTECIMIENTO A muchos de los municipios ya se les ha bajado la presión del agua y se les ha avisado de que tendrán restricciones este verano boles correrán la misma suerte que los otros, aunque esta vez por decisión propia, cansados de vivir al límite. Pero detrás de la vida de estos árboles hay otras, por ejemplo, la de la familia de José María, su mujer, ahora en paro, y sus dos niñas de 5 y 9 años, y la de otros hombres que trabajan esta tierra por un jornal. Antonio Tomás, quien también nos acompaña en el recorrido, es propietario de una finca que heredó de su padre. Antes tenía 12 personas trabajando la tierra, ahora cuatro contando conmigo Nos lleva a ver sus limoneros. Entre algunos que intentan alcanzar el verde intenso sin conseguirlo, otros se retuercen escuálidos, porque ya no tienen hojas ni frutos ni vida. La producción de cada uno de estos árboles era de 200 kilos, ahora no darán más de 70, porque es difícil sobrevivir en un regadío con agua salina e infradotado. Los melones, un poco más allá, tampoco gozan de buena salud. Nos explican que las hojas deberían cubrirlo todo, no tendría que verse la tierra pero se ve, y también los tubos negros del riego por goteo y los plásticos también negros que cubren la tierra para que el agua no se evapore, consecuencia lógica de que el agua aquí se paga y se paga cara. Y como antes, el camino entre la vida y la muerte vuelve a repetirse cuando abandonamos la finca de Antonio Tomás y nos vamos a otra un poquito más abajo, donde sí llega el agua del trasvase Tajo- Segura. Él mismo nos acompaña, aunque no es suya, y ve con desesperación cómo la hoja de estos limoneros tiene más de un palmo- -de su mano grande y acostumbrada al trabajo duro- -y un verde intenso, mientras que los suyos se apagan día a día. La diferencia la marca, como en todo por aquí, el agua. La del trasvase es de buena calidad; la de los pozos, sobreexplotados sin remedio, tiene más sal que las salinas Antonio Tomás no entiende por qué la ministra les dice que esperen a las desaladoras si éstas no van a servir para regar sus limoneros. Si se pudiera regar con humo, los campos estarían verdes dice con sorna. Los cítricos no aguantan el boro del agua desalada, y ellos no tienen agua para mezclarla y bajar su concentración. Tampoco entiende por qué no le dicen la verdad a los agricultores porque el precio del agua desalada será de 0,60 euros al borde del mar pero en finca serán 0,95 Y sobre todo no entiende por qué se les niega el agua de otras regiones que sí tienen. El clima, el suelo y la tierra la tenemos aquí. Un metro cúbico para regar maíz o cereal es tirar el dinero y tirar (Pasa a la página siguiente)