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64 Los domingos DOMINGO 26 6 2005 ABC EL PERFIL DE LA SEMANA EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI TONY BLAIR Primer ministro británico El Reino Unido asume el próximo viernes la presidencia de la UE, lo que permitirá a Tony Blair tener un pedestal para entregarse a su intento de reforma comunitaria Mesías de Europa obable que dentro de unos meses el canciller alemán Gerhard Schröder abandone el puesto, y es seguro que dentro de dos años Chacques Chirac dejará de ser presidente de Francia. Pero lo que se presenta como un futuro reinado de Tony Blair en Europa, si se produce, en realidad será bien corto, pues el primer ministro británico se iría poco después de Chirac, si mantiene su propósito de pasar el cargo a su número dos, Gordon Brown, en una sucesión ordenada, quizás no más tarde de finales de 2007. Si tan escaso dominio pudiera parecer una victoria pírrica, en el caso de Blair no sólo justificaría una retirada anticipada sino que constituiría el trompolín que anda buscando para saltar a la historia. De poco le servirá sobrepasar a Margaret Thatcher como el primer ministro con más tiempo de permanencia en Dowing Street, si no puede exhibir al menos parecidos triunfos. Thatcher ganó una guerra de fuego real (Malvinas) y otra financiera en Europa cheque británico Como la campaña de Irak en realidad le da pocos honores, Blair intenta incluso ir más allá en Europa que su antecesora: no basta con hallar una solución a los presupuestos de la Unión Europea, sino que hay que reformar el mismo espíritu comunitario. Gigante es la empresa, pero Blair se encuentra cómodo en su autootorgado papel de perfiles casi mesiánicos. Siempre se ha visto a sí mismo como un hombre con una misión. Cuando en 1997 llegó al número 10 de Downing Street, lo hizo envuelto en la bandera europea, con la intención de doblegar el enraizado euroescepticismo de la isla y comprometer seriamente a su país con la construcción de la UE. Luego se durmió en los laureles de una inesperada mayoría abrumadora y perdió los tiempos. La ola que le llevó al Gobierno pudo haber arrastrado a la libra hasta la playa del euro, pero la autoconfianza le llevó a atrasar una incorporación que ya no podrá acometer y que cada vez se ve más lejos, si es que llega. La bonanza económica del Reino Unido, que es el argumento utilizado para conservar la libra ante el deseo de no desestabilizar algo que funciona bien, es curiosa- ELOGIO DE LA TEMPLANZA Espr POR EMILI J. BLASCO P mente también la panacea que Blair exhibe para erigirse en salvador de Europa. Competitividad, innovación, formación y empleo son, según el político británico, los asuntos decisivos en la Europa del siglo XXI. También cree tener recetas en capítulos como seguridad, inmigración y prestaciones sociales. Blair insiste en que esto es lo que preocupa a los europeos y advierte de que la postergación de esas cuestiones en una UE demasiado encorsetada por la burocracia y el gasto agrario explica la desconfianza de la ciudadanía hacia el Tratado Constitucional. La reacción del eje franco- alemán a la crisis europea, sobre todo la actitud de Jacques Chirac, le ha venido a Blair como anillo al dedo. La insistencia de Chirac en que el no francés en el referéndum sobre la Constitución en modo alguno cuestiona el proceso de su ratificación, y su ataque al cheque británico han casi empujado al primer ministro a dar un paso al frente. Ahora tiene un enemigo y algo que combatir. La situación ha dado un giro de 180 grados. Lo que tenía Blair antes del referéndum francés era un problema. Le iba a resultar muy difícil ganar la consulta popular en el Reino Unido y su celebración además le ponía calendario para el traspaso de poderes a Brown. Ahora su implicación a fondo en un largo proceso de reforma comunitaria no le sujeta a fechas y le permite adquirir la talla del estadista europeo que siempre quiso ser, y eso sin estar en el euro. Pero todo se encuentra en el aire. La crisis es profunda y no se va a resolver durante los seis meses de presidencia británica. A lo que aspira Blair en este próximo semestre es a utilizar esa situación de ventaja para comenzar a tejer una alianza, que en primer lugar buscará sumar a los nuevos miembros del Este de Europa. La operación tiene su riesgo porque, de salir mal, el órdago podría acabar ensimismando más al Reino Unido en su carácter insular en lugar de proyectar al país hacia el continente. arece mentira y cosa de ciencia ficción, pero hubo una época en la que no había ni calefacción ni aire acondicionado, ni internet ni teléfonos móviles, ni MP 3 ni iPot, ni analgésicos ni anestesias. Todavía recuerdo que escribí mi tesina de bachillerato en una máquina mecánica y no se me olvida la sensación de progreso que me invadió cuando pude comprarme una máquina eléctrica para redactar mi tesis de licenciatura. Por entonces creía que la máxima modernidad llegaría a través de un folio de alta sensibilidad que nos ahorraría la lata del papel carbón, pero vinieron los ordenadores y así el Word Perfect alumbró mi tesis de maestría. Y si en apenas 44 años he podido asistir a todos esos progresos, seguro que nuestros mayores podrían hacer un inventario de artilugios más asombroso y adacadabrante (a mi abuela le encantaban las neveras, por ejemplo) Una cosa es el consumismo y otra muy distinta la ausencia de templanza, sobriedad y moderación. Para mí el consumismo es un concepto vacuo y malintencionado, pues el ser humano tiene que consumir para no morir. Sin embargo, sí existen sociedades más austeras y continentes a la hora de satisfacer sus necesidades. Por lo tanto, no podemos culpar ni al mercado ni al capitalismo por nuestro derroche de energía eléctrica, por desperdiciar como desperdiciamos el agua o por tirar a la basura más comida de la que somos capaces de comer. Si alguien se gasta el dinero que no tiene para vivir exageradamente es su problema, pero si miles y miles de personas dilapidan todos los días recursos escasos, sí se me antoja un problema social. Considero esencial la convivencia con los deseos, las necesidades, los dolores y las incomodidades, porque gracias a ellos conocemos mejor nuestra voluntad, nuestro cuerpo y nuestra capacidad de sacrificio. Se critica a la economía de mercado por haber precipitado al género humano al consumismo y no obstante nadie repara en que son las socialdemocracias del primer mundo las que han entronizado el hedonismo más egoísta al preconizar la satisfacción inmediata de los deseos más inverosímiles: desde cobrar sin necesidad de trabajar hasta titularse sin tener que estudiar, pasando por disfrutar de energías subvencionadas. Siempre me he considerado partidario del Carpe Diem pero ello no es sinónimo de vivir al límite o de disfrutar de manera irresponsable por todos los orificios. Vivir el presente supone también experiencia, conocimiento y sacrificio, porque el presente -como la juventud -no son valores en sí mismos. De hecho, a mí me hace ilusión pensar que lo mejor de mi vida es lo que está por venir, y no necesariamente lo que me está ocurriendo ahora mismo. Contemplo mi colección de vinilos de los Beatles y reconozco que me place saber que la atesoré durante años de ahorros y privaciones, memorizando las letras mientras juntaba dinero para el siguiente LP. Sin duda es un progreso saber que toda esa discografía puede ser descargada por internet en segundos, pero mi colección tiene un valor inaprensible para los adolescentes de hoy, acostumbrados a poseerlo casi todo al instante. Por eso, en lugar de hablar del vicio de consumir prefiero escribir sobre una virtud pasada de moda: la templanza. www. fernandoiwasaki. com