Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
62 Los domingos DOMINGO 26 6 2005 ABC CHINA, A TODO RITMO Xian Los otros guerreros de terracota El imparable crecimiento económico de China está cambiando por completo la faz del país, plagado de solares en construcción donde familias enteras de campesinos y desempleados se pasan diez horas diarias recogiendo ladrillos que luego venden a las empresas inmobiliarias. Por estas duras jornadas rebuscando entre los escombros, sólo ganan algo menos de tres euros TEXTO Y FOTOS: PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL n China, el futuro se dibuja sobre los espectaculares carteles tras los que se ocultan los numerosos solares en construcción que pueblan el país. Inmerso en una revolución urbanística sin precedentes que está cambiando su faz por completo, el gigante asiático está derribando los viejos hutongs de sus ciudades, los típicos callejones chinos, y levantando en su lugar futuristas distritos de diseño. Pero, tras los muros sobre los que se instalan dichos anuncios, que reflejan imponentes rascacielos e idílicos parques plagados de vegetación y lagos, subyace la verdadera realidad de la nación más poblada del planeta. Eso es lo que ocurre en el barrio de Qujiang de Xian, la ciudad que se ha dado a conocer en el mundo entero por sus famosos guerreros de terracota una de las principales atracciones del Forum celebrado el año pasado en Barcelona. Detrás de las pancartas que promocionan con todo lujo de detalles el futuro Paraíso Tang un complejo de edificios que llevará el nombre de la dinastía imperial más poderosa de China, se abre a la vista un apocalíptico panorama que parece sacado de los últimos momentos de la Segunda Guerra Mundial en Europa. E en una furgoneta o desenterrándolos del suelo, cubierto por una irregular y polvorienta alfombra de cascotes y basura. Menos de dos euros diarios A su lado, y sin inmutarse por su presencia a pesar del sol de justicia que abrasaba sus cabezas, Li Decun acababa de comenzar su primera jornada de trabajo en el solar. Tras haber recorrido varias minas por toda la provincia de Shaanxi, donde se encuentran 23 de los 45 pozos de carbón más ricos de China, este joven de 29 años había recalado en la capital, Xian, para emplearse como picapedrero. Por cada ladrillo que le vendamos a la empresa constructora, nos dan 5 fens, por lo que al final del día me podré sacar entre 10 y 20 yuanes explica Li Decun tras aclarar que cada yuan equivale a 100 fens. Un salario que sólo supone algo menos de dos euros diarios y que le servirá a duras penas para cubrir sus gastos familiares. Aunque todavía vivo con mis padres, tengo una hija de 6 años que debe ir al colegio, por lo que necesito unos 2.000 yuanes cada mes (199,7 euros) para salir adelante relata mientras, en cuclillas, limpia con un machete los restos de cemento que todavía se adhieren a algunos ladrillos. A su espalda, una de sus paisanas del condado de Shenyang, en la misma provincia de Shaanxi, estrella con fuerza un pico contra un bloque informe de hormigón que se resiste a descomponerse en mil pedazos. Con 32 años, Dai Maiying, quien aparenta casi el doble, no es la única mujer que destaca en este duro trabajo de hombres, puesto que varias féminas pululan entre las tapias demoli- Un pequeño, a pocos metros de donde trabajan sus padres para ganar entre uno y tres euros diarios Son los otros guerreros de terracota de Xi an: legiones de campesinos, desempleados y mendigos que, por entre 10 y 30 yuanes (entre 1 y 3 euros) se pasan cada día 10 horas rebuscando y puliendo los ladrillos para eliminar los restos de cemento. De esta forma malviven en China millones de familias que no tienen otro medio de subsistencia, por lo que es frecuente ver a niños de corta edad acarreando ladrillos junto a sus padres con sus frágiles manos. El día que Los Domingos de ABC visitó la demolida aldea de Miao Potou, enclavada en el corazón del distrito de Qujiang y donde antes residían más de medio millar de habitantes, al menos tres críos de menos de cuatro años se afanaban en ayudar a sus progenitores apilando ladrillos Esta ciudad albergó trece dinastías imperiales. Hoy, con seis millones de habitantes, se ha convertido en un polo de atracción, al crecer más de un 9 por ciento desde hace un lustro Fiebre inmobiliaria En medio de bloques en ruinas en los que aún resisten numerosos inquilinos, aquéllos que se niegan a aceptar la compensación oficial para conseguir más dinero por su vivienda, cientos de personas escarban entre montañas de escombros en busca de ladrillos todavía útiles que venderán a las promotoras, con acuciante necesidad de materiales de construcción. das intentando extraer algunos hierros que luego venderán como chatarra. Antes me dedicaba a cuidar de mis hijos, pero hace ya diez días que vengo aquí para ayudar a mi marido a conseguir más dinero balbucea Dai Maiying en uno de esos múltiples dialectos chinos tan distintos al mandarín. De todas maneras, no hay mucha opción de diálogo porque, tan pronto como ve a su mujer distraída con un lao wae (extranjero) que no para de hacer fotos y preguntas, su esposo baja corriendo de la montaña de escombros a la que se había encaramado y, cogiéndola con violencia del brazo, se la lleva de allí a toda prisa. Poco después, y mientras la mujer continuaba machando el cemento con su pala, su marido se retiraba a un lugar más apartado del descampado, pero igual de desolador, para tomar su almuerzo: un bocadillo regado con una botella grande de cerveza. Más comunicativo se muestra, en cambio, Wei Decun, otro antiguo minero que tiene 46 años y lleva ya dos meses picando piedra. Cerraron el pozo tras un accidente laboral porque las autoridades descubrieron que carecía de licencia y no reunía las condiciones de seguridad necesarias desgrana