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ABC DOMINGO 26 6 2005 Los domingos 59 LECTURAS Elena Nena Lizarraga, junto a su hijo Tirso, en el Club Náutico de Manila, hacia 1951. La pesadilla había quedado atrás, aunque no olvidada ilipinas, 1945. La victoria aliada sobre los japoneses tuvo un horrible coste en Manila: más de 100.000 muertos, cifra que supera la de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki. Manila fue la segunda ciudad más dañada por los bombardeos, después de Varsovia, durante la retirada del ejercito japonés, en un cruel y desesperado intento de evitar supervivientes que contaran su derrota. Todo un pasado colonial, reflejado en sus edificios históricos, se desvaneció, y, en pocos días, unos trescientos españoles de los 3000 censados murieron, a menudo brutalmente asesinados. Si la retirada japonesa fue sangrienta, devastadora y absurda en todo el archipiélago, fue Manila la ciudad peor parada y, dentro de Manila, la zona sur de Malate y de Intramuros, habitada por muchas familias españolas. El próximo martes 28 se presenta en la Casa de América La Última de Filipinas (Ed. Belacqua) un libro escrito por Carmen Güell en el que se relata, en primera persona, el testimonio de Elena Lizarraga, perteneciente a una de aquellas familias de origen español arraigadas en Manila desde el siglo XIX y que sufrió las consecuencias de aquellos días salvajes. Y es en el 60 aniversario del final de la Guerra Mundial, está siendo conmemorado en muchas ciudades desvastadas pero no en Manila, que parece como si quisiera enterrar su pasado y olvidar aquel horror. Ahora lo rescata este libro de testimonio y de denuncia. ¿Cómo llegó a este tema? -A través de una sobrina de Elena Lizarraga, que me pidió que contara la historia de su familia. Yo la conocía y por lo visto ella había leído mis libros y le pareció que era la autora adecuada. Todos los personajes que apare- F CARMEN GÜELL ESCRITORA Los nipones masacraron españoles en Manila La última de Filipinas (Ed. Belacqua) parece una novela con un toque cosmopolita y colonial, pero Carmen Güell se ha limitado a escribir una historia, dentro de otra historia ignorada por muchos españoles TEXTO: PATRICIA ESPINOSA DE LOS MONTEROS Nena, Baby (asesinada en 1945) y Vicky, con su niñera. En Baguío, durante las vacaciones de 1930 cen con nombres y apellidos son reales. ¿A qué se dedicaba la población de origen español? -Muchos eran terratenientes, españoles que se habían quedado en Filipinas después de desaparecer como colonia. El principal negocio eran las plantaciones de azúcar, pero muchos trabajaban en Tabacos de Filipinas. Por ejemplo, el marido de la protagonista, Elena Lizarraga vive muy retirada, pero con la memoria intacta Pepe Maldonado. Habría unas 200 familias de origen español. Elena Lizarraga había nacido en Filipinas y tenía pasaporte filipino. Estas familias nunca perdieron el contacto con España y entre ellos eran solidarios, les gustaba estar juntos. Hablaban español, bueno anglo- español. Había nostalgia de la tierra, y en las casas se cocinaban platos españoles para que no se perdieran las costumbres, aunque se incorporaran las locales. ¿Que relación tenían con los filipinos? -Se relacionaban con todo el mundo: les daba igual que fueran norteamericanos, ingleses o filipinos. Eran frecuentes los matrimonios mixtos y estaban bien vistos. -La parte cruel del relato aparece con la guerra. -Sí. La ocupación japonesa fue más bien pacífica, aunque todo estaba en sus manos. Pero cuando perdieron, todo se complicó y el trato a la población se volvió violento. Sus víctimas fueron tanto filipinos, como chinos, alemanes, sui- zos o españoles. No podían tolerar que el resto del mundo se enterase de su humillación, así que se negaron a abandonar el país por las buenas y se produjo una matanza indiscriminada. El padre de Elena no quiso escapar de Manila por no abandonar a sus trabajadores y las consecuencias fueron terribles. ¿Cómo se encuentra en la actualidad la protagonista? -Vive en España, tiene 82 años y una cabeza privilegiada. Escribí el libro a partir de entrevistas. Me he reunido con ella todos los jueves, durante 6 meses, en su casa de Sitges. Aunque hay datos que para ella son tabú, como los referidos a su separación matrimonial y a su vida sentimental. En esto ha sido muy reservada y tajante. -La muerte de su padre, de su hermana Baby, la mutilación de Vicky... Creo que cuando se le pregunta si guarda rencor, contesta que los japoneses no le han pedido perdón todavía. -Es que sigue sin entenderlo. No tenía ningún sentido, ya habían perdido la guerra, no sacaban nada en limpio, pero se fueron matando y destruyendo para que no quedase nada en pie, ningún testigo de su derrota. Y así como se ha contado todo respecto a los alemanes, esto se ha silenciado. En España existe un gran desconocimiento de todo esto, aunque afecta a muchos compatriotas nuestros. Ahora Elena Lizarraga vive en Sitges retirada, entregada a la familia, pero todavía en contacto con gente de Filipinas. ¿Qué opina de la Manila actual? -Es otra Manila. No quedó ni un árbol y aún recuerda su pánico cuando, de golpe, se encontró con la nada: ni casa, ni padre, ni hermana, ni amigos. Olía a muerte. Su hijo fue el único niño superviviente de aquella masacre.