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58 Los domingos DOMINGO 26 6 2005 ABC CONTROVERSIA JUDICIAL Famoso a su pesar El actual titular del Juzgado Central de Instrucción número uno de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, llegó al Tribunal de la calle Génova para poder desarrollar la faceta de su trabajo que más le gusta: instruir. Tras su paso por anteriores destinos, dejó la estela de un juez especialmente preocupado por el respeto de los derechos del justiciable. Ahora, cual reo está siendo sometido al juicio de la opinión pública por dos decisiones sobre ETA polémicas y contrarias a la doctrina establecida TEXTO: NIEVES COLLI H Polémicas aparte, casi todo son elogios a Pedraz: bueno, vital, valiente y tenaz, amigo de sus amigos. Consciente de su atractivo, aseguran, no hace gala del mismo aunque, eso sí, peca de cierta soberbia a bastado una semana para que el rostro de Santiago Pedraz ya no pase desapercibido y su nombre corra de boca en boca y de tertulia en tertulia. La culpa la tienen dos polémicas resoluciones: la primera concluye que el contenido de dos artículos publicados en Gara no constituye una reiteración y una reafirmación de la pertenencia activa en ETA del tristemente conocido De Juana Chaos, quien, gracias a eso y pese a tener 25 asesinatos sobre sus espaldas y 3.000 años de condena, podría ser excarcelado este verano: la segunda rechaza que Jarrai, Haika y Segi- -las de los cachorros de ETA, las de los cócteles molotov y el terrorismo callejero- -sean organizaciones terroristas. O, más exactamente, sean ETA. En ambas decisiones aparece la rúbrica de Santiago Pedraz, un juez de larga trayectoria profesional pese a su juvenil aspecto- -nació en Salamanca en 1958 e ingresó en la carrera judicial en 1984- llegado en fechas relativamente recientes a la Audiencia Nacional, primero como magistrado de apoyo en la Sala Penal- -de ahí su intervención en la sentencia de Jarrai- -y después como titular del Juzgado Central de Instrucción número 1, donde ejerce en la actualidad. Antes de llegar a la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz ejerció en Cabra (Córdoba) en San Sebastián (en el País Vasco estuvo entre 1988 y 1992) y, después, en Madrid, donde tuvo varios destinos. A principios de los noventa puso un paréntesis en su carrera judicial y se fue al Consejo General del Poder Judicial como letrado de Juan Alberto Belloch. Concluido el mandato de ese Consejo, fue el único colaborador de Belloch que no quiso dar el salto a la política, lo que provocó el enfriamiento de su relación con quien más tarde sería nombrado ministro de Interior y Justicia por Felipe González. Si algo le caracteriza- -aseguran personas muy próximas a él- -es su independencia. Es un juez vocacional (un año y medio le bastó para aprobar la oposición) Justicia transparente Durante su etapa en los Juzgados de Plaza de Castilla, en Madrid, puso en práctica algo que seguramente le viniera heredado. Hijo de periodista- -también está casado con una profesional de la información- es de esos jueces que piensan que el servicio público de la Justicia debe ser transparente si quiere estar más cerca del ciudadano. Por eso venció su timidez y permitió que las cámaras de televisión entraran en su Sala y grabaran los juicios. No era afán de protagonismo sino deseo de divulgar la Justicia sostienen en medios próximos a Pedraz. Pero, ¿cuál fue el motivo por el que dio el salto a la Audiencia Nacional? Las mismas personas aseguran que fue con el fin de poder desarrollar ampliamente la faceta judicial que más le apasiona: la instrucción penal. Pese a saber que con el cambio saldría perdiendo en algunos aspectos, especialmente en relación con la familia- -ahora debe llevar escolta- -o con el sosiego que se presume necesita un juez para tomar decisiones- -ahora su trabajo está permanentemente sometido a la lupa de la opinión pública- Pedraz siguió adelante gracias en buena medida al apoyo incondicional de su esposa. Gran lector, amante de la música, del teatro y de los viajes- -de niño vivió en Costa Rica- de forma consciente o no, Pedraz ha aumentado el censo de jueces famosos a su pesar. Un Tribunal particular Fue su fama de buen penalista, no ensombrecida por las dos resoluciones que le han hecho perder el anonimato, la que le llevó a aterrizar en el Tribunal de la calle Génova. Allí se le reconocen su buen hacer, su sólida formación profesional y su gran capacidad de trabajo, aunque algunos comentarios de pasillo le reprochan, tras las dos resoluciones de la polémica, que pretenda en un abrir y cerrar de ojos tirar por la borda largos años- -más de veinte- -de estudio del fenómeno terrorista, las conclusiones fruto de ese análisis y los usos jurídicos propios de la casa. Quizá le falte experiencia en la Audiencia Nacional, un Tribunal que enjuicia delitos muy particulares dicen los más benévolos. Es una cuestión de soberbia rezan las críticas más duras, que relatan a modo de ejemplo aquel episodio en el que, tras haberle sido revocada una decisión por la Sala Penal, fue a quejarse al ponente y tuvo con él un enfrentamiento verbal. El juez Pedraz, cartera en mano, junto a la Audiencia Nacional