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ABC DOMINGO 26 6 2005 Los domingos 55 Manos a la obra El concejal Maroto explica que reconstruir el edificio ha costado 2,2 millones de euros Mariano Maroto esboza la sonrisa del deber cumplido cuando recuerda que el próximo 1 de julio, cuando se entreguen las llaves a los propietarios, quedará zanjado un año intenso en el que ha tenido que hacer frente a una situación traumática y atípica. Es el concejal de Obras del Ayuntamiento de Leganés, sí, pero en el vademécum del cargo no iba consignado el lidiar los zarpazos del terrorismo. Recuerda que nada más producirse los hechos nos llamó una empresa del País Vasco especializada en rehabilitación de edificios dañados por actos terroristas que se ofreció para estudiar cómo había quedado el inmueble La conclusión de esos técnicos fue que si se rehabilitaba, podía dar problemas en diez o quince años, por lo que era más recomendable echarlo abajo y volver a levantarlo. También concluyó que los garajes, comunes para los ocho bloques, no habían sufrido daños estructurales importantes Explica que el Ministerio del Interior se ha hecho cargo de la mayor parte de los gastos derivados de este desastre: Ha asumido la reconstrucción del edificio, que ha costado 2,2 millones de euros. Los desescombros y vigilancia del edificio han supuesto otros 200.000 euros, aproximadamente. Y el Consorcio de seguros ha sufragado la reparación de daños en los edificios colindantes, por valor de unos 100.000 euros. En total, calculo que entre unas cosas y otras esto ha supuesto unos 2 8 millones de euros El Consistorio se ocupó, en paralelo, la tarea de rastrear pisos de alquiler para los damnificados porque casi todos preferían quedarse en esta zona, para rehacer su vida cotidiana En el balance de estos quince meses, Maroto se queda con la solidaridad del barrio. Hubo una afluencia masiva a los dos actos de homenaje al geo fallecido celebrados aquí, en Leganés. Un monumento junto a la estación del tren recuerda esas jornadas tan intensas y emotivas. Han puesto a prueba la entereza de nuestra ciudad y hemos respondido Alberto Maeso el pasado jueves, asomado a la ventana de su nuevo piso, réplica exacta del anterior taría sobre el edificio, si lo tirarían para reconstruirlo o se limitarían a rehabilitarlo. Ahí fuimos beligerantes, queríamos que lo levantaran de nuevo, porque la otra solución nos habría producido una sensación perpetua de inseguridad. Afortunadamente, el informe técnico coincidió con nuestro criterio y se hizo así. Luego, por imperativos de seguridad, no hemos podido seguir de cerca el avance de las obras. No han dejado pasar a ningún propietario hasta esta misma semana A quien no ha tenido ocasión de tratar Maeso en su labor de enlace es al propietario del piso que tenían alquilado los terroristas, porque todo lo tramita a través de una gestoría. Es dueño de dos pisos en esta urbanización. Pero si los alquileres te los gestiona una agencia inmobiliaria y los inquilinos cumplen a priori todos los requisitos, ¿qué culpa puede tener él? Otra voz de Leganés nos explica que el propietario pertenece a una familia del pueblo de las de toda la vida de antes de que esta localidad periférica pasara, en el vértigo desarrollista, de 3.000 habitantes a 180.000: Deter- minadas personas tenían huertos en la zona y, al hacerse la junta de compensación para el nuevo barrio, les correspondieron varios pisos. Es su caso Se dijo que era un policía municipal, pero se trata de un dato erróneo- -dice nuestro interlocutor- aunque sí trabaja en el Ayuntamiento A Manuel Alonso la tragedia le rozó aún más de cerca que a Alberto Maeso. Vivía, precisamente, en el piso de encima del de los terroristas, el del segundo. Está soltero, pero aquel fin de semana tenía sobrada compañía: Había alojado unos días en casa a mis padres y a mi hermana porque su casa estaba en obras. Oí unos petardazos y pensé en algún crío gamberro. Me asomé y vi a un individuo vestido de paisano, agachado en los buzones de las basuras, y apuntando con un arma hacia mis ventanas. ¡Cómo iba yo a distinguir sus intenciones o si su objetivo era mi piso o el de abajo! Así que bajé las persianas. Se montó un guirigay, un escándalo. Mi hermana pegó la oreja al suelo. Primero escuchamos gritos de desconcierto, después clarísimas voces que invocaban a Alá y por último una espe- cie de letanía. Entonces llamó la Policía al portero automático. Nos pidió que bajáramos rápidamente por el ascensor. Después nos llevaron a unos 300 metros de allí y un par de horas más tarde sonó la explosión. ¿Fuerte? No me lo pareció tanto. Cuando vi el edificio, encontré devastador el resultado en proporción al ruido. De mi casa quedaba mi dormitorio y una parte del salón. Se rescató la cama, las mesillas y la cómoda y ¡al guardamuebles! Aferrado al barrio En este paréntesis forzoso, Manuel ha vivido en un piso del cercano barrio de Zarzaquemada y ahora anda enfrascado en recomponer el nuevo hogar. Se le ve ilusionado: Vuelvo sin reparos, con toda tranquilidad. No me asaltan fantasmas de lo sucedido. Cuando era niño esto era campo abierto, jugué mucho aquí. Busqué mi casa en este lugar, en mi barrio, y al fin la encontré. Me apunté a una cooperativa en 1993, compré sobre plano por quince millones de pesetas y en 1997 me entregaron el piso. Un sábado lo perdí, sí, pero ahora lo he recuperado La mitad de los vecinos pondrá el piso en venta, aunque varios ya lo tenían previsto desde antes