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ABC DOMINGO 26 6 2005 31 El norte de Uganda, escenario de una nueva catástrofe humana que el gobierno local intenta ocultar Los socialistas vencen en Bulgaria pero no logran una mayoría clara para poder formar gobierno Las credenciales integristas del nuevo presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, y su fidelidad absoluta al Líder Supremo de Irán, el ayatolá Jamenei, están fuera de duda El guardián de la revolución F. de A. Ahmadineyad, sonriente, junto al presidente del Parlamento, ayer en Teherán AP El ex alcalde de Teherán promete tras conocer su triunfo una democracia poderosa e islámica Los portavoces del candidato ganador niegan que se vaya a frenar la liberalización económica más humildes- -la necesidad de regresar a los valores islámicos para luchar contra la corrupción, especialmente crítica en los años de presidencia de Rafsanjani- -tuvo eco, y se vio catapultado por la frustración de los jóvenes y mujeres de los medios urbanos, donde se centró la elevada abstención. En vísperas del voto, los portavoces del nuevo presidente desmintieron los rumores de que Ahmadineyad tenga intención de frenar los proyectos de liberalización económica dirigidos a atraer la inversión extranjera, de la que Irán está desesperadamente necesitado. La caída del crecimiento económico y el aumento del paro, en un país de jóvenes que requiere la creación de centenares de miles de puestos de trabajo cada año, van a crear al nuevo presidente un dilema si mantiene su intención de aplicar literalmente la Sharía (que entre otras cosas prohibe la actividad de la Bolsa) Sí será más fácil para Ahmadineyad mantener la línea intransigente en las relaciones con Estados Unidos y con la ONU, en particular en asuntos tan sensibles como la negativa de Teherán a renunciar a sus proyectos de energía nuclear que deben conducir a la posesión de la bomba atómica. TEHERÁN. Hijo de un albañil, Mahmoud Ahmadineyad se ha convertido a sus 49 años en el primer presidente iraní laico en los últimos 24 años de revolución islamista. Pese a ello, sus credenciales integristas y su fidelidad absoluta al Líder Supremo de Irán, el ayatolá Jamenei, están fuera de duda. Ahmadineyad es ingeniero y está considerado en su entorno como un buen administrador. Su compromiso con el régimen jomeinista comenzó en la guerra irano- iraquí de la década de los 80, en la que luchó como basiyi (voluntario) en el cuerpo de élite de los Guardianes de la Revolución. Durante la campaña electoral corrió el rumor de que Ahmadineyad tenía como oficial el honor de dar el tiro de gracia a los ejecutados. Sus colaboradores han negado ese extremo y algunos otros, en especial los relacionados con su aspecto físico desaseado, que han servido de aguijón a la malicia popular. Después de trabajar como instructor de los basiyi -una suerte de monjes guerreros dentro del aparato ideológico del régimen- -Ahmadineyad se convirtió en gobernador de Ardebil, una ciudad ultrarreligiosa del noreste de Irán. Hace dos años emergió por sorpresa en Teherán, al convertirse en el candidato del Líder para la Alcaldía y ganar con facilidad en unos comicios protagonizados por la masiva abstención. Sus intentos de islamizar la capital, en la que ocho años de gobierno y Parlamento reformista han pesado mucho en la relajación de algunas normas de la Sharía, fueron casi siempre vanos. Ahmadineyad impuso en la Alcaldía la separación de hombres y mujeres, pero proyectos como la construcción de cementerios en los parques para dar ejemplo a la juventud, o los esfuerzos por extender el chador no tuvieron éxito. Durante la campaña electoral, Ahmadineyad prefirió centrarse en el discurso populista dirigido a los pobres, mayoría entre los iraníes, prometiendo una lucha sin tregua contra la corrupción. Entre sus frases más célebres destaca su promesa de devolver el dinero del petróleo al mantel de los pobres Campaña represiva En el terreno de las libertades, el nuevo presidente no oculta su rechazo a cualquier influencia occidental sobre el régimen teocrático No hemos hecho una revolución para traer la democracia llegó a decir) En los círculos más educados del país se teme una campaña represiva contra la prensa reformista, los escritores, y la facilidad que tienen hoy los jóvenes para acceder a la música y el cine occidental a través de internet y el mercado negro. A diferencia de su rival Rafsanjani, Ahmadineyad no ve ninguna posibilidad de establecer relaciones con Estados Unidos rotas desde la revolución de 1979, y afirma que defenderá con intransigencia el actual programa de desarrollo de la energía nuclear, que debe proporcionar a Irán la bomba atómica. A lo largo de la campaña prometió devolver el dinero del petróleo al mantel de los pobres