Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 26 6 2005 Nacional 27 ÁLVARO DELGADO- GAL APRENDICES DE BRUJO as cosas, de momento, han salido mal en el País Vasco para el Gobierno y los que no son nacionalistas. El sentido común aconseja atenerse a dos máximas genéricas: persistir en estrategias demostradamente eficaces y no conceder al enemigo o al rival más facilidades de las necesarias. Aquí se han incumplido ambos preceptos. Se ha dado matarile al Pacto Antiterrorista y la política que lo inspiraba, y se han iniciado despliegues hacia ETA de modo prematuro y hasta cierto punto gratuito. ¿Por qué se ha hecho esto? Se han juntado las circunstancias adversas, un maquiavelismo rudimentario, y la oscuridad de ideas. Vayamos por partes. Zapatero se encuentra intrínsecamente mal equipado para oponerse al desafío nacionalista. Pocos meses antes de su victoria inesperada, se produjo la entrevista secreta de Carod con ETA. El encuentro suscitó una disyuntiva dramática: o se cortaba por lo sano la deriva rupturista iniciada por el tripartito, forzando la mano al PSC con la amenaza de presentar listas socialistas separadas en Cataluña, o se transigía. Después de algunos titubeos, se escogió lo segundo. De resultas, Zapatero llegó al poder L apoyado en fuerzas conniventes con muchos postulados del nacionalismo vasco. En esas condiciones, era muy complicado hacer frente a la ofensiva del norte. Verbigracia, al Plan Ibarreche. Y se buscaron soluciones alternativas en el maquiavelismo. La idea, en esencia, consistió en amortiguar el repelón del lendakari envolviendo al PNV en una estrategia que recogía parcialmente las reivindicaciones nacionalistas. A esto se le llamó plan Guevara y después plan López Con el plan López se persiguieron dos objetivos simultáneamente: comer electorado al partido de Sabino Arana y ofrecer una plataforma de aterrizaje a ETA, en fase de liquidación técnica. Un PSE fortalecido a costa del PNV podría, sobre el papel, controlar la revisión del Estatuto de Guernika. Mientras se neutralizaba al lendakari por el procedimiento indirecto de respetar la mayoría minoritaria de que iba a gozar en el Parlamento de Vitoria, o lo que es lo mismo, de brindarle una colaboración pasiva y siempre provisional, se abrían vías de diálogo con la banda, a la que se reincorporaría a la vida civil permitiendo que interviniera en la construcción de la Euskadi futura. Todo es- to explica que el Gobierno no hiciera nada, absolutamente nada, para instar la ilegalización del PCTV. Las elecciones de abril enturbiaron este diseño. No se arrancó ni un solo voto a los nacionalistas. E Ibarreche quedó, sí, debilitado, aunque en beneficio de los más radicales. En teoría, nos formulamos objetivos, y luego ordenamos nuestras acciones a la consecución de esos objetivos. En la práctica, procedemos a la inversa: dignificamos como objetivos las posibilidades menguantes que sobreviven a decisiones anteriores y con frecuencia erróneas. El Gobierno porfió en confiar, con poco realismo, en la creación de un arco voltaico que pasara por encima del PNV y le comunicara con el mundo de ETA, e intentó acelerar este entendimiento incoando un proceso teatral de paz. No se comprende de otro modo que comprometiera al Parlamento en una voluntad de negociación que ha sido imprudentísimo escenificar movilizando a los representantes de la soberanía popular. Al final, se ha impuesto la comunión nacionalista, con el agravante de que ETA determina al PNV, y está en situación además de elegir maneras y tiempos. Es ca- A pesar de los planes de Zapatero, en el País Vasco se ha impuesto la comunión nacionalista si seguro que declarará una tregua cuando lo estime conveniente. Y es previsible que el Gobierno, haciendo de tripas corazón, se vea obligado a recibirla como la confirmación de que su política ha sido un éxito. El desgaste ha sido gigantesco para el Estado. Ha saltado por los aires la alianza entre los dos grandes partidos, garantía última de la unidad nacional. Y han ocurrido otras calamidades. En primer lugar, va a resultar arduo, o más que arduo, moderar las reclamaciones catalanas. En efecto, sería contradictorio resistir en Cataluña cuando ya se ha cedido muchísimo en el País Vasco. La formación de un gobierno de coalición con los nacionalistas del Bloque en Galicia, añadiría leña al fuego. Al tiempo, se está desmoronando la estructura pública, en varias acepciones. Alarman profundamente las últimas sentencias de la Audiencia Nacional, una de las cuales segrega a Jarrai de ETA y deshomologa la kale borroka como actividad terrorista. El fallo entra en colisión directa con la jurisprudencia sentada por el Supremo y el Constitucional y hace saltar por los aires la política antiterrorista que había arrinconado y dejado sin aire a la banda. La interpretación más popular, y seguramente correcta, es que no es posible alistar a los jueces en la tarea peligrosa de combatir el terrorismo a la vez que se dan muestras permanentes de querer conciliarse con él. Las inercias creadas, y la anemia galopante del Estado, nos proyectan hacia un horizonte de incertidumbre absoluta.