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10 La Entrevista DOMINGO 26 6 2005 ABC JOSEP PIQUÉ Presidente del Partido Popular de Cataluña Sobre el Estatuto, Maragall es el último en enterarse El dirigente popular valora positivamente el cambio a la racionalidad que ha experimentado el PSC respecto a la reforma estatutaria catalana. Mi duda es si lo va a sostener hasta el final o cederá ante CiU TEXTO: MARÍA JESÚS CAÑIZARES, ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD FOTOS: ELENA CARRERAS BARCELONA. Cataluña se halla inmersa en el proceso de reforma de su Estatuto y el presidente del PP catalán, Josep Piqué, ha asumido el papel de aportar sentido común. ¿Cataluña es una nación? -Para nosotros, no. Cataluña es una nacionalidad y así se define en la Constitución y en el Estatuto. Soy consciente que para muchos ciudadanos su sentimiento de identidad nacional es el catalán, pero esas personas deben saber que para muchos otros ciudadanos, la mayoría según dicen las encuestas, Cataluña es una región de España. Por eso siempre nos hemos opuesto a trasladar este debate de sentimientos a las instituciones y hemos defendido la solución a la que se llegó en el pacto constitucional de 1978, que consideramos que no debe tocarse. ¿Este es el principal escollo para que el PP apoye el Estatuto? -Siempre hemos puesto énfasis en la necesidad de que al margen de los debate semánticos con relevante componente simbólico, el Estatuto fuera visto como lo que es, un instrumento jurídico para atender las necesidades de los ciudadanos en el marco de la Constitución, y se ha querido convertir al Estatuto en algo más, en un objetivo en sí mismo, en una especie de vademécum universal que dé la respuesta a to- das las preguntas que se puedan hacer los ciudadanos. Por eso ha salido un proyecto completamente desmesurado que ahora todo el mundo ve como disparatado, porque al final podíamos encontrarnos con unos trescientos artículos, que si los comparamos con los sesenta del actual o los 169 de la Constitución, ya se ve que es una desmesura. Hace tiempo que advertimos públicamente que desde el punto de vista jurídico el planteamiento que se nos ha hecho llegar del Instituto de Estudios Autonómicos era muy discutible. Estamos viendo cómo ahora el PSC está entrando en una dinámica de modificar a fondo el planteamiento de la asigna- NEGOCIACIÓN No sacaría muchas conclusiones de la reunión Zapatero- Maragall. Confío mucho más en Montilla EXPECTATIVAS Muchos no se atreven a decirlo, pero yo sí. Tenemos un cadáver (Estatuto) y hay que encontrar al asesino En busca de un nuevo catalanismo moderado M. J. C. A. G. A. BARCELONA. El PP ha sabido adaptarse tan bien al hecho diferencial catalán que, para algunos, se ha convertido en un partido casi nacionalista. Josep Piqué sonríe cuando oye eso, pero no oculta su intención de aprovecharse de la orfandad de aquellos votantes de CiU que, ante el giro radical que ha tomado la federación en el postpujolismo, busquen la opción catalanista y moderada que ofrece la formación que, desde octubre de 2002, lidera el ex ministro de Industria y Energía, Asuntos Exteriores, y Ciencia y Tecnología. Nacido en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) en 1955, Josep Piqué fue pieza clave de los gobiernos de José María Aznar, como lo es ahora en el equipo de Mariano Rajoy. Este licenciado en Derecho, casado y con tres hijos, que se inició en la política con el Partido Comunista catalán, cuenta con el apoyo del presidente del PP para encarar lo que él cree que debería ser el nuevo Estatuto catalán. Mociones de censura aparte, Pasqual Maragall le rinde pleitesía en los debates parlamentarios, bajo la mirada envidiosa del presidente de CiU, Artur Mas, consciente de que Piqué gana posiciones como alternativa de gobierno. Porque uno de los objetivos de Piqué es reducir el nivel de rechazo que hasta ahora tenía el PP catalán. Lo está consiguiendo. ción competencial. Creemos que eso va en la buena dirección y esperamos que prosigan y sean coherentes hasta el final y que no se ceda a presiones de sus otros socios del tripartito o de la propia CiU. Estamos hablando del mal llamado blindaje de las competencias, que responde a un problema real pero que no se puede abordar sobre la base de fijar desde un Estatuto el alcance de la legislación básica del Estado. Hablamos de la inconveniencia jurídica de intentar modificar leyes orgánicas del Estado a través de la reforma estatutaria, y también de la inconveniencia de asumir competencias que son exclusivas del Estado según la Constitución, a través del artículo 150.2. -El último documento del Instituto de Estudios Autonómicos, al que se ha tildado de estar inspirado por el PSOE, parece que les da la razón. -Eso no lo puedo saber aunque me parecería una irresponsabilidad que el Partido Socialista y el propio Gobierno español no hubieran puesto interés en que las cosas se hicieran bien. Yo he venido reclamando ese diálogo entre la Generalitat y el Gobierno español, entre el PSC y el PSOE, desde el primer día, porque me parecía un auténtico disparate lo que todos percibíamos como una incomunicación que al final llevaría a un auténtico choque de trenes. Veremos si eso ha tenido que ver con el informe del Instituto de Estudios o no. -Hablaba de replanteamiento del PSC. ¿Ha tenido que ver el acercamiento que ha tenido con el PP? -Hemos mantenido conversaciones con todas las fuerzas políticas, pero fundamentalmente con el PSC porque siempre hemos dicho que es absolutamente imprescindible que algo tan importante como la reforma de un Estatuto se haga desde del principio del doble consenso, por lo tanto que haya consenso en los parlamentos autonómicos y en las Cortes Generales. El Estatuto no es una ley autonómica, es una ley orgánica del Estado, cosa que que a veces los partidos nacionalistas omiten. Por eso entendíamos que si no somos capaces de conseguir un acuerdo básico y razonable, a la valenciana, entre el Partido Socialista y el Partido Popular, íbamos directos a un enorme error político, porque el gran éxito del pacto de la Transición ha sido romper con una larga historia del constitucionalismo