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ABC DOMINGO 26 6 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC EL REGRESO AL PODER POR JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Si el voto de los residentes ausentes en Pontevedra no granjea mañana un escaño más a Manuel Fraga, ¿ha de irse el PP resignadamente a sus cuarteles de invierno o cabe que entable conversaciones con el BNG para indagar sobre una posible coalición, pacto de legislatura o gobierno en minoría con apoyos concretos? LBERTO Moravia escribió un buen día que los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado Tenía razón, de modo que quien piense que los errores que ha cometido, cometa o pueda cometer el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero redundarán por sí solos y a corto plazo en beneficio del Partido Popular, se confunden. La actitud en política ha de ser dinámica y, cuando se está en la oposición, muy versátil, cuidando de construir un discurso a la contra al modo de una diana móvil, nunca fija; también un punto imprevisible, aunque no del todo desconcertante. La facilidad con la que se puede formular esta conseja política es inversamente proporcional a la dificultad de articularla de una manera coherente. Difícil, pero no imposible. Y en todo caso, es la única vía de la que dispone el centro derecha español para regresar al poder: hacer ver y sentir, con grandes dosis de pedagogía, los fracasos del Ejecutivo y el alcance que tienen sobre la cotidianidad de los electores. A de los principios y valores que se propugnan, con el pragmatismo necesario para ponerlos en práctica desde el poder, se acentúa ante la posibilidad de que el PP pierda el Gobierno de Galicia. Si el voto de los residentes ausentes en Pontevedra no granjea mañana un escaño más a Manuel Fraga, ¿ha de irse el PP resignadamente a sus cuarteles de invierno o cabe que entable conversaciones con el Bloque Nacionalista Gallego para indagar sobre una posible coalición, pacto de legislatura o gobierno en minoría con apoyos concretos? Los nacionalistas gallegos ya han comprobado que el partido que les depreda es el socialista y a poco que profundicen podrán adverar también que si las pretensiones de financiación de Cataluña que defiende el tripartido van adelante, Galicia tendrá un problema muy serio. El otro nacionalismo- -el vasco- -no plantea cuestión financiera, así que por peso económico, demográfico, y por la propia dimensión de su nacionalismo, tampoco al BNG le convienen los apriorismos estratégicos. El Gobierno socialista es de una estolidez política alarmante, pero esa debilidad discursiva y esa escasez argumental disponen, sin embargo, de un potencial extraordinariamente letal para el PP en cuanto expresión electoral del centro y la derecha liberal española: trata de desacoplar- -es decir, de separar- -al primer partido de la oposición de los circuitos políticos en los que se nutre la alternativa en un sistema democrático. La opción constitucional de establecer una representación con criterios de proporcionalidad- -el pluripartidismo- -obliga a las dos grandes formaciones de ámbito nacional a plantearse su acceso al poder en solitario o en compañía de otros. El socialismo parece tenerlo muy claro: su oferta de gobierno, hoy por hoy y por bastante tiempo, la comparte con los distintos nacionalismos a los que aplica tratamientos diferenciados aunque carezcan de coherencia entre sí. Los populares, sin embargo, parecen haber interiorizado que es la izquierda la única con posibilidad de alcanzar puntos de conexión, pactos de conveniencia y acuerdos con los nacionalistas. No fue siempre así; es más, hubo un tiempo- -1996- 2000- la primera legislatura de Aznar, en la que fue posible un acoplamiento casi perfecto entre el centro y la derecha liberal española y el sistema pluripartidista que generaba nuestro particular modelo de representación proporcional. A ese entendimiento de la política pragmática tendrá que regresar el centro y la derecha española para seguir conectado a la hipótesis verosímil de regresar pronto al poder. La urgencia de combinar el mantenimiento Cuando el Partido Popular ha jugado sus cartas- -es decir, cuando se ha acoplado a los circuitos políticos de decisión, sin autoexclusiones por difíciles que hayan sido las reglas de la partida en juego- los resultados han sido satisfactorios. El proyecto de reforma del Estatuto valenciano es un ejemplo de identidad territorial, lealtad constitucional e inteligencia política. La denominada cláusula Camps es sagaz y combina con dosis de alquimista la emergencia de lo local con las exigencias generales. Por su parte, Piqué en Cataluña ha entrado en la melé y, manteniendo sustanciales objeciones, se ha convertido allí en un actor y en un factor del proceso estatuyente. La capacidad de adaptación al terreno de los sectores liberales y conservadores se ha demostrado con el éxito de concentraciones y manifestaciones que hasta ahora no habían formado parte de sus maneras de expresión. No es cierto que estos testimonios ciudadanos tan masivos pasen desapercibidos en las preocupaciones del Gobierno. Por eso, los miles y miles de personas que se han tomado la molestia de ir a la calle a oponerse y protestar, merecen una respuesta que debe estar en la misma línea de su adecuación a circunstancias adversas: una respuesta política que incorpore el moderantismo inteligente, eficaz en los argumentos, estético en las formas y práctico en la evaluación de los resultados. Suponer que las movilizaciones que se han producido en las últimas semanas se deben al dirigismo de determinados energumenismos mediáticos es confundirse gravemente y revelaría, de prosperar ese análisis que circula ya con profusión, que a medida en que se otorga ascendiente a las referencias más estériles y frustrantes, se disminuye la autonomía, la espontaneidad y la propia capacidad estratégica del Partido Popular. La tendencia de la derecha española a considerar que sus principios y valores sólo son válidos y viables si se aplican al ciento por ciento y siempre mediante un ejercicio exclusivo del poder, conduce a un aislacionismo que deja a la izquierda el terreno libre y a los electores moderados profundamente frustrados. Lo que está ocurriendo ahora es, justamente, la percepción lúcida por el PSOE de que los populares están aherrojados en unas pautas de actuación política todavía propias del que ha disfrutado del ejercicio del poder sin necesidad de transacciones. El envaramiento político del PP- -que contrasta con el enorme potencial electoral de su discurso nacional, cívico, económico e internacional- -revela que quizá no se ha recorrido un tramo- -el más difícil- -en la reflexión posterior a la pérdida del Gobierno y que consiste en la elaboración de un catálogo de adaptaciones que hay que asumir para regresar a ostentarlo democráticamente. Para que ese retorno sea posible, Galicia merece algo más que resignación si no se alcanza la mayoría absoluta. Las actitudes de un inteligente e íntegro Francisco Camps en Valencia, de un hábil Josep Piqué en Cataluña y de una coherente María San Gil en el País Vasco podrían ser las pautas de una política de moderación y firmeza para una España que la precisa para construir un proyecto integrador.