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ABC SÁBADO 25 6 2005 Sociedad 57 Salud Un médico de California, tras dedicar toda su vida profesional al tratamiento y búsqueda de una cura para la esclerosis lateral amiotrófica, hace frente en carne propia a la devastadora enfermedad que él mismo se diagnosticó el año pasado. Su empeño ahora es que este calvario sirva para entender el misterio de la ELA, de la que se celebró el jueves su Día Mundial La cruel ironía del doctor Olney TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ WASHINGTON. El doctor Richard Olney conoce de sobra a su enemigo. Este médico de California ha dedicado toda su carrera al tratamiento y búsqueda de una cura para la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) enfermedad no infecciosa, que destruye las motoneuronas encargadas de controlar el movimiento voluntario de la musculatura. Desde el año pasado por estas fechas, este reconocido especialista en neurología se ha sumado a la lista de afectados por este sombrío mal. La cruel ironía del doctor Richard Olney comenzó con graduales problemas de coordinación en movimientos cotidianos y fallos en sus piernas, especialmente en la rodilla derecha. Complicaciones que fueron inicialmente atribuidas a una hernia de disco. Pero tras pasar tres veces por el quirófano, él mismo se administró hace un año una simple prueba: cuántas veces podía dar golpecitos en la mesa con sus dedos durante diez segundos. Al contar 55 veces en lugar de las habituales 65, el médico empezó a sospechar lo peor. La suerte del deportista Lou Gherig La esclerosis lateral amiotrófica es conocida popularmente en Estados Unidos como la enfermedad de Lou Gherig, el legendario jugador de béisbol de los Yankees de Nueva York, cuya fenomenal historia fue llevada a la gran pantalla con ayuda de Gary Cooper. El famoso bateador zurdo, apodado el caballo de hierro empezó en 1938 a acusar un progresivo debilitamiento que terminó con su record de 2.130 juegos consecutivos. Tras recurrir a diferentes médicos, fue finalmente diagnosticado en la Clínica Mayo. En contraste con las impresentables estrellas que abundan hoy en día en el deporte profesional, el 4 de julio de 1939 Gherig fue despedido con un multitudinario homenaje y la retirada de su camiseta. Desde el centro del estadio de los Yankees, el jugador pronunció uno de los más emocionantes discursos de la oratoria estadounidense en el que Gherig, sin saber que le restaban dos años de vida, no dudó en describirse como el hombre más afortunado en la faz de la Tierra Doce meses de deterioro físico En cuestión de doce meses, la enfermedad neuromuscular tan familiar para Richard Olney ha logrado devastar su cuerpo. El hombre ha perdido su movilidad y cada vez le cuesta más hablar, dificultad que salva con la ayuda de un programa de ordenador y la capacidad de su esposa, Paula, para interpretar su trabado discurso. El médico que acostumbraba a correr maratones ahora necesita veinte minutos para ir al cuarto de baño. Pero en lugar de buscar una discreta salida para su sufrimiento, Olney se ha convertido en una especie de Christopher Reeve para una tragedia personal que él califica como simplemente mala suerte Su empeño es que este calvario sirva de alguna manera para entender el misterio de la esclerosis lateral amiotrófica, caracterizada por el progresivo deterioro de los músculos dominados por la voluntad, como las piernas, los brazos y los utilizados para funciones básicas como alimentarse, tragar saliva o respirar. Como resultado, en un periodo de entre dos y cinco años, la muerte de estos pacientes que conservan hasta el final su intelecto sobreviene como consecuencia de un fallo respiratorio. Ante este reto inhumano, Olney a sus 57 años parece defenderse recurriendo en parte a su mente científica. El médico está participando en un estudio clínico que él mismo diseñó antes de recibir su diagnóstico. Pero en lugar de asegurarse dosis de dos fármacos prometedores con ratones, el hom- Richard Olney, practicando ejercicios de rehabilitación bre ha optado por entrar en una ciega lotería que también incluye placebos. Sacrificio que ha inspirado a una de sus estudiantes, Catherine LomenHoeerth, a tomar las riendas de la clínica fundada por el doctor Olney en el campus de la Universidad de California en San Francisco. AP El médico está participando en un estudio clínico que él mismo diseñó antes de recibir su diagnóstico tipo de esclerosis lateral amiotrófica especialmente agresiva, el doctor se ha encargado él mismo de modificar su casa para facilitar su condición de inválido, organizar sus asuntos y grabar en su ordenador miles de palabras para poder comunicarse con su propia voz antes de perderla. A tono con una atenta práctica médica en la que no dudaba en dedicar consultas de tres horas para nuevos casos de ELA, Olney también se ha despedido de sus pacientes con una carta en la que se disculpa por lo que califica como una disrupción Además de agradecer a los ahora compañeros de enfermedad por el honor de haber sido su médico. Según el doctor, una de las buenas cosas de esta enfermedad es que te da la oportunidad de decir adiós Cierre de filas familiar De puertas para dentro, la familia del médico ha cerrado filas para atenderle. Sus dos hijos- -Nick, de 27 años, y Amy, de 24- -han vuelto a casa para ayudar en los intensivos cuidados que necesita su padre. Para la esposa del médico, la celebridad no buscada de su marido resulta especialmente amarga. Según Paula Olney, enfermera especializada en diálisis, no hay derecho a que Richard se haga famoso por morir de una enfermedad en lugar de por encontrar su cura Paula se declara sin tiempo para llorar y no resignada a convertirse en viuda, lamentado que su marido no vaya a tener la oportunidad de conocer a sus nietos. Pero a pesar de todo, Paula acredita a su esposo con el mérito de hacer llevadero este indeseable destino, recalcando que la enfermedad ha servido para sacar a la luz todas las virtudes de Richard. Virtudes como la compasión y humildad, según coinciden sus compañeros de trabajo. El doctor, en su clase magistral de cómo enfrentarse a la muerte, ha explicado que se encuentra en un momento de su vida sin arrepentimientos y fortalecido por su espiritualidad. Ante un