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42 Madrid SÁBADO 25 6 2005 ABC Otro día más, Madrid fue ayer una ciudad abierta y multiétnica que abrió de par en par sus puertas. Esta vez a la Iglesia Evangélica, que convocó junto a Las Ventas a miles de sus seguidores en el festival Buena música, buenas noticias Tuvimos la fiesta en paz TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE FOTOS: DANIEL G. LÓPEZ Hay gente pa tó Nuestro milenario y sabio pueblo tiene frases que resumen lo que todo un Parlamento es incapaz de expresar en una docena de sesiones. Con ese certero coloquialismo se habla de integración, de una sociedad multiétnica y plural, de una convivencia entre maneras muy, pero que muy distintas de ver y vivir la vida. Y es que nuestra ciudad ha gozado durante las últimas semanas con la expresión libre y callejera de cientos de miles de ciudadanos que en la calle, que siempre será nuestra, aunque se empeñen en lo contrario los de antes y los de ahora, han mostrado su opinión, su alegría, su rechazo, o sencillamente sus humanísimas y sanas ganas de pasárselo bien. Ayer otro buen puñado de nuestros convecinos hizo lo propio en la explanada situada extramuros de la plaza de toros de Las Ventas. No estaban convocados por partidos ni por sindicatos, tan sólo habían sido llamados por un puñado de cantantes y por una Iglesia, la Evangélica, para que dieran testimonio de su fe. Probablemente fueron diez mil personas. Tal vez más. Tal vez menos, pero tente, Satanás de la aritmética. Que no está el horno ciudadano para el bollo de las cifras. Entre los asistentes, mayoría de ecuatorianos, y también muchos colombianos, peruanos, dominicanos. Y gitanos. Familias enteras. Totalmente engalanados para la ocasión (como debe ser, por cierto, como pasaba antes en la misa de 12) con todo su colorao, sus camisas blancas, sus crucifijos, morenísimos y morenísimas de verde luna, porque son gente que cuando siente sólo siente de una manera, hondo, muy jondo, como muchos de ellos siguen esta fe y como la sigue la gran Lole, puro desgarro sobre el escenario, que ha entregado por completo su corazón y su arte a un nuevo amigo: Jesucristo. No somos distintos, somos semejantes. Hermandad de razas, todos somos iguales se despedía anoche. Miles de personas se congregaron junto a la plaza de toros de Las Ventas en este festival músico- religoso evangélico to dice que no lleguen tarde catecumenismo a ritmo de merengue. No faltó ni el Pavo real que se posó dicharachero a la orilla de la M- 30. Pero el momento estelar de la noche estaba reservado para el doctor Luis Palau, alma mater de estos festivalesconferencia como él los llama. Por ahora, y al menos en Madrid, esto no tiene mucho que ver con esos telepredicadores de las películas americanas. Aquí no se escucha el Libro del Apocalipsis de San Juan. No, aquí el libro que se lee es el del amor, el perdón, la fiesta de la vida eterna según el propio Palau. La verdad os hará libres remata. Y entonces sí se convierte en un auténtico pastor de masas, en un crooner de su fe: Si el hijo os libertare seréis verdaderamente libres. Jesús no vino para hacernos religiosos, vino para decir te amo, te amo, te amo No hubo ni crujir de dientes, ni gente mesándose los cabellos, ni jóvenes rasgándose las vestiduras. Sencillamente varios miles de personas compartiendo una fe, comulgando en unas ideas sin un mal gesto, ni una mala cara. Lo que no es poco. Aunque uno, sinceramente, de momento, prefiera el gregoriamo. Por cierto, de Carlinhos Brown, ni rastro. Ley sequísima La fiesta convocada por el doctor Palau bajo el lema Buena música, buenas noticias había comenzado sobre las ocho de la tarde y quizá sea la única reunión masiva de personas en la que hasta el más mal encarado pedía perdón cuando te pisaba el callo. Sin duda contribuye que no corría el alcohol (ni corría ni tan siquiera andaba: no había) y en la que los fumadores se contaban con los dedos de una mano, de las dos, a lo sumo. Había muchas familias acompañadas de la prole. Y ya se sabe que las familias están todas muy unidas y todos se quieren mucho, pero en cuanto pillan un espacio libre sueltan a los niños que salen de estampida. Dos jóvenes suramericanas participantes anoche en el festival La señora de Pelé, Asiria do Nascimento, entretenía a los asistentes y la plaza estaba ya a reventar. La mexicana Yuri (con música pregrabada pero una voz gigantesca) debe ser la artista con más hits evangélicos del momento, pues la gente se lo pasaba en grande (por fuera y por dentro) coreando estribillos como A su nombre, gloria, a su pueblos la victoria La verdad es que uno, así en frío, no cree mucho en los milagros, pero viendo a José Luis Rodríguez El Puma es para empezar a dudar. Sus mechones blancos han desaparecido (hay tintes divinos, claro) pero es que más que puma está hecho un toro. Durante media hora alegró la noche: Atrévete, no te entretengas más, que la tierra prometida nos espera, que la vida es sólo un soplo y el amor se va o con Digan lo que digan yo voy a adorarte, Jesucris-