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ABC SÁBADO 25 6 2005 Opinión 5 MEDITACIONES COMPADRES P ENDIENTE del buzón y del cartero, a ver si llegan a tiempo las sacas de Venezuela, Manuel Fraga protagoniza la cuenta atrás más larga y dramática de la democracia. El plazo expira el lunes y en Correos no saben, no contestan, sobre el paradero de ese puñado de votos que cruza el océano con destino a Galicia. Antes que recurrir a un proceso judicial de recuento de papeletas que prolongase durante meses la tensa prórroga del 19- J, Fraga podría haber recurrido a sus controvertidos vínculos habaneros para que actuasen de intermediarios ante Hugo Chávez y, de esta manera tan tradicional, juego de dinosaurios y gallegos, se acelerase el envío de los sobres que contienen la última respuesta del examen electoral. Entre compadres, cruzando el charco y con parada y fonda en Cuba, trámite de urgencia para un envío que no llega. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR DE EXPOLIOS Y RAPIÑAS EL SUEÑO EUROPEO DE JEREMY RIFKIN Paidos Barcelona, 2004 523 páginas Ironías de la historia ¡Qué mala suerte la de Jeremy Rifkin! El lanzamiento de su libro sobre El sueño europeo en el que se hace una exaltación del proyecto de los Veinticinco hasta el punto de describirlo como la alternativa al liderazgo de Estados Unidos, ha venido a coincidir con la congelación de ésta. Como se ve, no podía ser más cruel la Historia con un analista político. Muy confiado en la vitalidad del Viejo Continente, hasta el punto de considerarlo el nuevo líder mundial, el autor hace una descripción de la realidad muy poco reconocible y siempre beligerante frente a la estadounidense. A la capacidad europea para proponer un seductor modelo humanístico y cultural para el mundo del siglo XXI, añade su mayor eficiencia tecnológica y económica el Producto Interior Bruto de la Unión Europea- -escribe- -eclipsa actualmente el de Estados Unidos Enamorado Jeremy Rifkin de la imagen de eclipse, la utiliza también en el subtítulo: La visión europea del futuro está eclipsando el sueño americano ¿Se puede ser más extemporáneo? CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS A reunido Gonzalo Santonja en su libro Museo de niebla (Ámbito) un inventario de los expolios y rapiñas sufridos por el patrimonio artístico de Castilla y León que arrebata el aliento. En vísperas de que se consume otro despojo más- -el desmembramiento del Archivo de Salamanca- la publicación de esta crónica atroz de latrocinios dibuja la cartografía de una tierra devastada por la avaricia. Desde aquella Desamortización de Mendizábal que se convirtió en excusa para el saqueo descontrolado hasta fechas relativamente recientes, Castilla y León ha sido objetivo preferente de la rapacidad de muy diversos filibusteros que, amparándose en la lenidad de autoridades civiles y eclesiásticas, se han aprovisionado de obras de valor incalculable. Muchos de estos filibusteros comparecen en las briosas páginas de Santonja, retratados con su perfil de maravedí: JUAN MANUEL desde el millonario William RandolDE PRADA ph Hearst, que desmontó piedra a piedra el monasterio de Sacramenia con la intención de amueblar su villa de recreo, hasta el coleccionista catalán Federico Marés, que con el fruto de sus razzias abastecería las salas del museo que hoy lleva su nombre en Barcelona. Museo de niebla alberga episodios trágicos y desalentadores que la brevedad de este artículo nos impide compendiar; sirvan como botón de muestra los dos que a continuación detallo, no exentos de ribetes chuscos. A la conclusión de la Guerra Civil, el Palacio de la Moncloa, que había quedado como cibera, reclamaba una reconstrucción. Por aquellas mismas fechas, el Arzobispado de Burgos enajenaba al propietario de una fábrica de harinas el Palacio de Arcos de la Llana, en el Valle del Cabia, dos leguas al sur de Burgos, que en otras épocas había servido como residencia de prelados y que, para entonces, se había H quedado sin uso. Pero el edificio, construido en el siglo XVI, no fue vendido en su integridad; antes se procedió al desmantelamiento de su esbelto claustro, cuyas columnas, arrancadas de cuajo y sin miramientos, fueron trasplantadas al Palacio de la Moncloa, para solaz de sus futuros inquilinos. La imagen de Rodríguez Zapatero, paseándose entre esas columnas entregadas como tributo al miles gloriosus que derrotó a su abuelo, mientras considera cuántos y cuáles papeles del Archivo de Salamanca entrega a la Generalitat, resulta enternecedora. No menos tragicómico se nos antoja el destino de las joyas bibliográficas que albergaba la catedral de Ávila. En 1869, el ministro Ruiz Zorrilla decretaba la incautación arbitraria de archivos, bibliotecas y colecciones de arte de catedrales, monasterios y órdenes militares. Casi todos los gobernadores de la época se negaron a ejecutar tan grosero desvalijamiento, pero no así el de Ávila, que de inmediato mandó a sus sayones a apoderarse de la biblioteca catedralicia, entre cuyos fondos se contaban más de doscientos incunables y una Biblia del siglo XII, joya entre las joyas de los manuscritos románicos iluminados. Restaurada la monarquía, Alfonso XII sancionó en 1875, mediante decreto real confirmado por Cánovas del Castillo, la restitución de aquellos libros y códices a sus dueños legítimos, que sin embargo no fue ejecutada. Desde entonces, las reivindicaciones del cabildo de Ávila no han cesado, impidiendo así la prescripción de la causa. En 2004, el Ministerio de Cultura, indebido guardián de la mencionada Biblia, denegó su préstamo para la exposición abulense de las Edades del Hombre: el usurpador volvía, una vez más, a ningunear el derecho del propietario legítimo. ¿Se imaginan al Ministerio de Cultura denegando ese préstamo si la solicitud, en lugar de proceder de la recóndita provincia castellana, proviniese de Cataluña? Yo tampoco, yo tampoco.