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60 VIERNES 24 6 2005 ABC Cultura y espectáculos Taberna, tafurería y burdel. Un tabernero despacha vino de un pellejo, que solía aguar. Dos barraganas y el diablo se hallan entre los concurrentes Toros. Un caballero se casa y manda traer toros. De ellos aparta uno muy bravo y lo hace correr en una plaza. Le lanzan arponcillos empeñolados Laúd y rabel. El corpudo laúd del Arcipreste de Hita es de nueve cuerdas. El rabel, instrumento cortesano, pervivió hasta el siglo XVIII Campanólogo. Un clérigo tonsurado, sentado en un escaño, toca un juego de siete campanas ordenadas de mayor a menor No quiero estorbar dice este hombre de otro tiempo, ser entrañable y sabio, Gonzalo Menéndez- Pidal, 94 años rebosantes de sentido del humor, hijo del eximio políglota, que rescata, en edición de lujo, la España del siglo XIII leída en imágenes Menéndez- Pidal le da color a la Historia TEXTO: ANTONIO ASTORGA MADRID. Para no estorbar don Gonzalo se aparta discretamente del lugar presidencial- -en la sala de juntas de la Real Academia de la Historia- -desde el cual ayer se presentó su España del siglo XIII leída en imágenes (editada por la Real Academia de la Historia en colaboración con Alstom) Pero el director de la RAH, Gonzalo Anes, le implora que no abandone ese estrado central que debe ocupar su vida y su obra en la Historia de España. Y don Gonzalo, disciplinado, cumple. Una imagen vale por mil palabras, pero hay una frase que vale por ocho millones de imágenes: Este fruto es amargo ¿Quién se atreve a decírmela en imágenes? Tras el guiño del sabio, Gonzalo Menéndez- Pidal concede que su ensayo y el siglo XIII ganan mucha fuerza ahora en color frente a la edición original en blanco y negro. Eligió esa centuria porque la vida era más amable que en el siglo XIV o en el XVII y porque la riqueza y la cantidad de imágenes era muy superior en España que en el resto de Europa. El historiador quiere desmentir el tópico de que la Edad Media fue una época oscura Y lo hace, con pasión, desvelando en imágenes aquellas vidas: Trajes musulmanes transparentes. Casi todas las moras que visten trabaq (calzones arrugados) se cubren con vestidos de telas transparentes. Quiere la tradición que fuese el poeta Ziryab quien introdujo la moda de las telas transparentes en Al- Andalus. Lo que es cierto es que en la primera mitad del siglo XIII, según el Saqundi eran famosas las telas transparentes fabricadas en Málaga y Almería y que Raimundo Martín describe la gilala como una camisa de tela sutil. Tres siglos después, Luis del Mármol dice de las mujeres de Fez que en casa nunca traen vestido más que una camisa lar- Moras con transparencias mucho antes de Yves Saint- Laurent Un moro viste la aljuba sobre una gilala de tela transparente visible en las bocas de las mangas. Una joven del harem, con gilala y calzones arrugados o trabaq le ofrece comida y bebida ga y muy ancha a rayz de las carnes Esta prenda amplia y transparente que los moros visten casi siempre en casa, y que podríamos llamar gilala la encontramos en la miniatura usada por una niña, diversas mujeres señoras o servidoras, hombres y tal vez por un judío, si bien este lleva un pellote La mujer. La verdadera condición de la mujer en la sociedad medieval del siglo XIII se nos esfuma entre dos extremos: la imagen de la mujer perversa, esgrimida por tanto fraile moralista, y la imagen de la diosa terrena que divulgan los trovadores. Tampoco tiene mucho que ver con la realidad de los textos legales. No nos detengamos a verla como novia, ni como madre, ni como mujer de reyes o labradores, ni siquiera como mujer de un caballero que escucha en su casa al juglar viajero mientras acaricia en el regazo a un falderillo. Tal vez tienen más interés las ocasiones en que se nos pinta la vida de mujeres independientes. Hay otra faceta que no podía dejar de asomar en las imágenes. Es la mala mujer, jugadora, incitadora lujuriosa del hombre y zurcidora de torcidas voluntades. Con esas posturas bien podremos decir que hemos visto vivir a las españolas del 1200 mucho más viva y realmente que en poemas corteses, novelas o leyes Judíos. En tiempos de Fernando el Santo los judíos fueron mejor considerados en sus reinos que en otras tierras de Europa. En 1219 el papa Honorio III hubo de acceder a una solicitud del arzobispo de Toledo y del Rey dejando sin efecto los acuerdos tomados en el Concilio de Letrán contra los judíos. En los reinos de Fernando III los judíos no tenían que llevar signos externos en el vestir que los diferenciase de los cristianos, pero en otras tierras eran forzados a vestir diferenciadamente Correr toros. Esta primitiva diversión que Unamuno veía preludiarse en el bisonteo altamirano es, sin duda, un juego de viejísima ascendencia mediterránea. Cuando los juglares del siglo