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ABC VIERNES 24 6 2005 Sociedad 59 Ciencia OCHOA, EL TRIUNFO DE LA BIOLOGÍA EXPERIMENTAL CÉSAR NOMBELA. Presidente de la Fundación Carmen y Severo Ochoa N ingún homenaje mejor para Severo Ochoa, en su centenario, que situar al gran científico en su contexto vital, el que él mismo quiso vivir, el del laboratorio, la observación y el descubrimiento. Identificado con la Ciencia, solidario con todos los investigadores que se afanan por entender la naturaleza, tuvo el privilegio de vivir momentos estelares del avance del conocimiento. Pocas veces he sentido una emoción igual en mi vida es la frase con la refiere, en su autobiografía, la sensación que puede producir obtener un resultado importante. Severo Ochoa lidera uno de los grupos clave que, en los cincuenta y sesenta del pasado siglo, consolidan el triunfo de la Biología Experimental. No se puede entender esta etapa sin la aportación de varios científicos destacados, todos ellos compitiendo, en el mejor sentido de la palabra, por seguir proporcionando pasos decisivos para el avance. La Bioquímica de enzimas- -gracias en buena medida al trabajo de Ochoa- -había proporcionado infinidad de datos sobre cómo estas enzimas catalizan miles de reacciones químicas de las células. Pero, cabía aspirar entonces a una comprensión global, integrada, de los fenómenos biológicos en lo que tienen de valor general aplicable a todos los seres vivos. Elaboraciones teóricas, como la doble hélice de Watson y Crick (1953) o formulaciones posteriores como la de Jacob y Monod so- bre el mensajero, o la propuesta de Crick de que el código genético se organizaba en tripletes, permitían avanzar explicaciones con esa vocación de interpretación global. La lógica del avance investigador imponía verificar, comprobar, en definitiva demostrar- -experimentalmente- -la validez de muchas de estas formulaciones. Ochoa habría de estar presente, como uno de los protagonistas, en dos de esos momentos estelares del avance científico. Uno es la demostración en 1955 de la síntesis de ácido ribonucleico en el tubo de ensayo, empleando polinucleótidofosforilasa, enzima que se revelaría de poca significación biológica, pero que abría la carrera hacia la comprensión de la vida in vitro. El otro vendría de la mano ya de esos ácidos nucléicos que se lograban en el tubo de ensayo. La carrera contra el tiempo, en noble competencia, que tanto brillo ha dado al avance científico, hizo que en este caso fuera el joven investigador Marshall Nierember, en 1960, el primero que lograra la síntesis de una proteí- Los nuevos diagnósticos o la Medicina Regenerativa es tributaria del esfuerzo pionero de Severo Ochoa na bajo de dirección de un ácido ribonucléico mensajero sintético. Fue un experimento que cabe calificar de milagroso: los componentes de un extracto celular funcionaban concertadamente- -con aporte de energía incluida- -para sintetizar una proteína bajo la dirección de un mensajero artificial. Se identificaba el primer triplete del código genético (UUU- fenilalanina) empezaba una carrera en la que Ochoa- -ya premio Nobel- -pronto logró notable ventaja y estableció la composición de otros muchos tripletes. El código genético en pocos años sería descifrado, gracias a esa nueva forma de experimentar. La Biología Experimental triunfó con el desarrollo de la Biología Molecular, gracias a Ochoa y otros destacados científicos. El progreso posterior fue imparable, al abordar la comprensión, el control y la modificación del funcionamiento de los seres vivos. El avance en el conocimiento integrado de la información (ADN, ARN) y su relación con la funcionalidad (proteínas) fue decisivo. La Biomedicina actual, que tantos logros nos ha proporcionado, como los nuevos diagnósticos o los fármacos biotecnológicos, y de la que tanto esperamos a través de la Farmacogenómica o la Medicina Regenerativa basada en las células madre, es tributaria de ese esfuerzo pionero de científicos, entre los que se sitúa indudablemente Severo Ochoa. Fue preguntado muchas veces en su vida sobre la importancia de sus hallazgos para la curación del cáncer, ese azote que a todos amenaza. Se esforzaba en transmitir, pedagógicamente, lo fundamental que es el conocimiento básico. Su rostro sereno reflejaba el haber sentido que en algún momento fue el primero en saber cosas que habrían de interesar a toda la Humanidad. La gran Luna llena, ayer sobre Rusia AP La Luna llena más grande de los últimos dieciocho años es una ilusión óptica ABC MADRID. Una luna llena mucho más grande de lo normal iluminó el cielo del hemisferio norte esta semana, alcanzando su mayor tamaño en la noche del martes al miércoles. Según la NASA, se trata de una ilusión óptica muy especial que se repite entre cada 18 y 22 años en verano, cuando el Sol se ubica en un plano más alto que el satélite natural de la Tierra. Los científicos hablan de diferentes explicaciones. Hay quienes dicen que es un efecto de perspectiva, pero la tesis más sustentada- -y la que defiende la NASA- -es que los rayos de la Luna convergen y forman tras el ojo una imagen de 0,15 milímetros de ancho que deforma la visión del satélite.