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ABC VIERNES 24 6 2005 Opinión 7 de los noes sólo en clave nacional o a través de una única visión ideológica. Para hacer avanzar a la compleja Europa de 25 el método tiene que ser distinto y hay que forjar consensos a través del debate político y la deliberación racional. Por supuesto, en una situación de crisis se necesitan propuestas nuevas, como la modernización de la política social propuesta ayer por Blair ante el Parlamento Europeo o su crítica a los anticuados presupuestos europeos. En este peliagudo debate presupuestario el primer ministro británico sería más convincente si dejase de liderar un recorte de los mismos y a cambio hiciera un gesto a favor de los nuevos Estados miembros. LA ESPUMA DE LOS DÍAS DE CAMARERO EN PARÍS O de menos es que el no francés se haya llevado a Chirac por delante: lo más grave es que no se vea ahora mismo en la Unión Europea un líder capaz de sacarnos de este atolladero impresionante y ponerse al frente de las reformas que tanta falta hacen. Tony Blair aprendió el francés trabajando en un bar de París y lo cuenta con orgullo. Pero no es lo mismo dosificar sabiamente un blanc cassis que desmantelar la Política Agrícola Comunitaria sin que los campesinos de la Francia profunda atoren las aguas del Támesis con coles y repollos. Más bien puede ocurrir lo contrario: en los próximos meses, París y Berlín harán todo lo posible para que VALENTÍ Londres se convierta en PUIG el malo de la película. José Bové les echará una mano. En julio, Gran Bretaña asume la presidencia semestral de la Unión Europea. Algunos analistas creen que Blair logrará traspasar los actuales escollos presupuestarios, pero lo que realmente está en juego es toda una estrategia económica para los próximos años. Con la llegada de septiembre, las elecciones generales alemanas serán cruciales. Con Angela Merkel en el poder, los pistones de la sala de máquinas de la UE cogerían ritmo. En enero, llegan los austríacos a la presidencia. Entre julio y enero, es improbable que Tony Blair quiera y pueda ser quien ponga los cimientos de las grandes reformas europeas. En realidad, hasta ahora no se lo ha pedido nadie y sobre todo eso no ilusiona a la ciudadanía británica. La atonía europea es muy contagiosa. Bastará ver cómo en la conferencia internacional de ayuda a Irak la Unión Europea ofrece más palabras y no cumple sus anteriores promesas. Una Unión Europea convertida en tigre de papel queda muy atrás en el reparto de papeles del escenario global, al igual que debido a la indeterminación de Zapatero la posición española pierde peso y calidad. En el panorama mundial se habla de una fase de inactividad o de estancamiento que tanto pudiera ser un preludio de conflictos intensificados como presagio de un período pacífico. El abstencionismo europeo tiene lógicamente consecuencias en clave interna. La revista Foreign Affairs insiste- -por ejemplo- -en la proliferación del Islam radical entre los descendientes de los musulmanes inmigrantes en Europa, como se constata con las recientes detenciones en España de redes jihadistas que enviaban mujaidines a Irak. Tantas incertidumbres han acumulado el no en los refrendos del Tratado Constitucional. El desconcierto ha comenzado. Falla la política. Tony, ¡un croque monsieur para el señor de la terraza! Tiempos felices para el joven Blair en París. Hoy desde allí le acecha el primer ministro Villepin, hagiógrafo de Napoleón, Victor Hugo para sesiones álgidas en las Naciones Unidas y seguramente poco dado al consumo de blanc cassis vpuig abc. es L la ironía de su situación es que para superar la crisis europea y poner en marcha su plan de reformas económicas y sociales necesita perfeccionar y no derribar el orden supranacional. Es decir, debe afrontar el desafío de legitimar mejor la transferencia sustantiva de poderes a Bruselas. Por otro lado, Blair sabe que el tándem franco- alemán se recompondrá con la previsible llegada de nuevos dirigentes a los gobiernos de París y Berlín. A lo que el primer ministro británico aspira es a romper su monopolio sobre la definición de lo europeo. No obstante, en los próximos meses cometería un error si buscase soluciones a la crisis En su presidencia europea, Tony Blair puede ejercer más presión que nunca sobre Francia en cuestiones económicas para revitalizar la Agenda de Lisboa y al mismo tiempo invitarla a una asociación privilegiada en temas de seguridad y de política exterior, siempre que los dirigentes franceses limiten sus exagerados reflejos neo- gaullistas. Durante la pasada cumbre europea se ha visto a un Jacques Chirac desarbolado. Aunque hubiese un relevo anticipado en el Elíseo, Francia es ya el hombre enfermo de Europa. El interés del Reino Unido no es aislarlo sino contribuir a su recuperación. Una receta similar puede servir para el necesario entendimiento de Londres y Berlín, facilitado por la posible llegada al gobierno en septiembre de Angela Merkel. Con ella Blair comparte una visión de limitación de las amplias competencias europeas y puede convencerla para concentrar las reformas en temas sustantivos, aunque cualquier canciller alemán reclamará siempre el sistema de votación de la Constitución europea, inspirado en el criterio de población. Lo que puede separar a ambos es el inicio de negociaciones de adhesión con Turquía, que en teoría está previsto para el 3 de octubre. Por desgracia para nuestro país, la relación privilegiada con Londres se ha evaporado desde el cambio de gobierno en 2004 y no hay química entre los dos jefes de gobierno, a pesar de su teórica adscripción común al centro- izquierda. Si Blair consigue hacer una aportación positiva a una Unión será la ocasión de redefinir nuestra política europea, sumarnos al nuevo consenso y limitar la dependencia de Francia. En todo caso, la expectación sobre Blair el Europeo es grande, tanto como su ambición de hacer de la Unión una superpotencia pero no un súper Estado. PALABRAS CRUZADAS ¿Debe el Gobierno penalizar el consumo de electricidad excesivo? ESCASEZ Y PRECIOS APAGA LUZ, MARILUZ L OS diamantes son caros porque son escasos; también por otras razones, pero si no fueran escasos no serían muy caros. El agua es cada día un bien menos abundante, más escaso, además de vital; sin agua no hay vida. Por eso requiere precios, fluye mejor con precios, formados en el mercado, que tengan en cuenta la necesidad y la disponibilidad, incluso precios discriminatorios que contribuyan a mitigar la escasez. Es teoría económica básica que ayuda a entender procesos y elegir alternativas. La energía, sobre todo la electricidad, también es bien escaso, esta última sometida a leyes físicas peculiares e insuperables, que impiden su almacenamiento e imponen exiF. GONZÁLEZ gencias singulares para garantizar el suURBANEJA ministro y para que éste ofrezca la calidad que requieren los clientes. Por eso los precios de la energía son muy diversos; ni todos los kilovatios cuestan lo mismo, ni cada uno de ellos tiene el mismo valor para el consumidor. De hecho, los precios que pagan los contribuyentes por los kilovatios son diferentes: no cuesta igual en hora valle que en hora punta, hay tarifas nocturnas y precios para clientes que admite interrupciones. Más inquietante es el concepto de excesivo, demasiado ambiguo, confuso. Lo que para unos es excesivo para otros es escaso. Así que ojo con las palabras. Los economistas saben que los precios, los formados en competencia, son indicadores de primera. E L Gobierno se apunta a combinar la vieja cartilla de racionamiento con la democrática justicia social descargará una mayor coacción política pero con el barniz exculpatorio de que sólo reprimirá a los que consumen luz excesivamente o sea, los asquerosos ricos. Ya está pensando hacer lo mismo, en el caso del agua, con los antisolidarios que tienen piscina. Todo es un camelo, de principio a fin. No falta luz porque nadie consuma en exceso (exceso siempre definido por el poder) sino porque no hay producción, y en un pseudomercado donde todo está regulado por políticos y burócratas, si no hay producción es C. RODRÍGUEZ exclusivamente por su culpa y la de los BRAUN grupos de presión, incluidos los ecologistas, que a su socaire medran e influyen en sus prohibiciones, regulaciones y tarifas. Sus resultados son los apagones, que no tendrían por qué existir si hubiera más mercado y competencia, y cada cual pagara el coste real de todo lo que demandara. Rechacemos, pues, la demagogia intervencionista que, ante cualquier problema creado por los que mandan, propone siempre castigar a los que obedecen. Al final sólo nos dejarán echar un mus en el cementerio. Eso sí, dentro de nada nos obligarán a que lo hagamos sobrios. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate