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6 Opinión VIERNES 24 6 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JOSÉ M. DE AREILZA CARVAJAL PROFESOR DEL INSTITUTO DE EMPRESA LA IRRELEVANCIA DE ZAPATERO I aceptamos, aunque sea provisionalmente, que España es una Nación- única e indivisible como decía Salvador de Madariaga de la libertad- tendremos que considerar la hipótesis del error de Mariano Rajoy al centrar su crítica política en el ninguneo de su principal adversario. No le conviene ni a Rajoy ni a ninguno de nosotros andar predicando la irrelevancia de José Luis Rodríguez Zapatero en el seno de la UE. Zapatero es lo que hay. Es el jefe del Gobierno salido de las urnas en los últimos comicios y compensa su minoría con el apoyo- ¿inconveniente? -de los integrantes del tripartito que gobierna en Cataluña. Su irrelevanM. MARTÍN cia presentada como diFERRAND mensión de la presencia internacional de España, es tanto como aceptar la escasez del rival, las taras del sistema, la pequeñez, en definitiva, de lo representado. Mejor haría Rajoy para reforzar su condición de opositor, cuando los plazos lo exijan, en presentar alternativas y hacer una crítica más funcional que moral a la (in) acción del Gobierno. Es evidente la ausencia de finura que Zapatero exhibe, bien reforzado por Miguel Ángel Moratinos, en su trabajo internacional. Carece del don de lenguas y la experiencia que exigen esos foros del interés oculto y la cortesía aparente; pero, insisto, es el presidente del Gobierno de España y, hasta 2008, si el pueblo lo decide, lo seguirá siendo. Más eficaz resultaría, pienso, redoblar la crítica sobre los asuntos interiores, muchos de ellos dejados- ¿ignorados? -de la mano gubernamental y disminuir la referente a la presencia o ausencia internacional. Independientemente de la talla del líder socialista, que sólo deslumbra a los de su cofradía, debiera saber Rajoy por propia experiencia lo mucho que perjudicó a la imagen de España en el mundo, especialmente en el seno de la UE, la crítica constante y no siempre fundada de los socialistas a cualquiera de las iniciativas, muchas brillantes, otras no tanto, del tiempo de José María Aznar. Sabemos todos que la presencia de Zapatero en el último Consejo Europeo fue irrelevante y que no le llamó nadie Es verdad, como dice Rajoy, que tampoco nadie echó en falta su compañía Y ¿qué? ¿A quién beneficia, dentro de una vida política española tan incierta que ni tan siquiera tenemos claro que somos una Nación, el pregón sobre la irrelevante inutilidad del presidente del Gobierno? En un planteamiento de bipartidismo fáctico, viciado por la desmedida influencia nacionalista, es imprescindible que los dos grandes y únicos partidos de ámbito nacional se cubran algunos flancos. El uso electoralista, o sencillamente parlamentario, de la política internacional es un error que, además de dañar los intereses comunes, erosiona la fuerza de la oposición antes que la del poder. S BLAIR, EPISODIO II Con la presidencia de turno británica a la vuelta de la esquina, el autor analiza la emergente figura de Tony Blair en el difícil contexto que vive la Unión, pues de su gestión dependerá en buena parte la redefinición de la política europea y la superación de la crisis E N medio del desconcierto que reina en Bruselas, las miradas se han vuelto hacia Tony Blair, encargado de presidir el Consejo Europeo a partir del 1 de julio. En el baile de culpas que tiene lugar estos días no pocos le achacan el fracaso de la negociación de presupuestos y le critican por las prisas en deshacerse de su referéndum sobre la Constitución europea, prometido en un momento de debilidad política. Pero muchos más son los que prestan atención a sus propuestas de reforma económica y social, envidian el buen estado de su economía y su estrecha relación con Washington y admiran su capacidad de reinventarse, proyectar ideas e influir en la opinión pública. A pesar de haber pagado un alto precio en escaños en las elecciones del 5 de mayo, Tony Blair acaba de empezar su tercer mandato como primer ministro británico y es muy probable que ahora trate de pasar a la historia de la integración europea. Ayer, en el Parlamento de Estrasburgo, se definió como un pro- europeo apasionado y defendió la actual Unión de 25 y el objetivo de caminar hacia una unión política y no sólo económica. Por supuesto, un semestre no es suficiente para hacer una aportación definitiva al proceso y más en el contexto actual de pesimismo. Sin embargo, Blair tiene una oportunidad de reorientar el debate europeo, tras el descalabro del tándem franco- alemán, gracias a la enorme capacidad negociadora británica en todas las instituciones de la Unión, a pesar de estar fuera del euro. Es cierto que hasta ahora Blair ha seguido en buena medida la tradición británica de realizar una defensa maximalista de los intereses nacionales. En las negociaciones en las que ha participado se ha mostrado un digno heredero de Margaret Thatcher. Sin embargo, poco a poco ha desplegado un discurso europeo nuevo. En marzo de 2000 consiguió junto a José María Aznar que el Consejo Europeo aprobara un programa ambicioso de reformas económicas para poder igualar el dinamismo económico de EE. UU. en diez años. Seis meses después, en un histórico discurso en Varsovia, criticó a todos los gobiernos británicos anteriores por no haber entendido bien el proceso de integración y haber cometido graves errores estratégicos. Asimismo, apoyó la Europa de los ciudadanos y de las realizaciones concretas, con un alto grado de decisiones por mayoría y serios controles parlamentarios en el plano europeo. Esta visión le separó claramente de los conservadores británicos, que entienden la Unión como una zona de libre cambio y un foro intergubernamental, algo que está tan alejado de la realidad como del deber ser europeo. Si en su Episodio II Blair quiere dar el salto al estrellato europeo, el primer ministro británico debe lograr combinar su propuesta de una Unión abierta, competitiva y modernizada con un pragmatismo que le lleve a forjar consensos y aceptar el gran pluralismo de visiones e intereses. En la Unión de 25 actual, a diferencia de los héroes de las películas de George Lucas, no hay buenos y malos. Tal vez