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6 Opinión JUEVES 23 6 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JUAN FERREIRO GALGUERA PROFESOR TITULAR DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE LA CORUÑA ENERGÍA Y FUTURO A dicho José Montilla, delegado del Govern de Cataluña en el Gobierno de la Nación, que se puede descartar una subida inmediata de la tarifa eléctrica. Él sabrá por qué, ya que si suben todos los ingredientes de su producción, desde el petróleo a las tasas de Kioto pasando por el gas y el carbón, será el mercado el que termine marcando el precio de la electricidad. En caso contrario, el del triunfo de las pintorescas tareas económicas de la izquierda, curiosamente idénticas a las del franquismo, el fenómeno será más lento, pero la subida más fuerte y onerosa para las industrias y los ciudadanos. También opina Montilla, fino estilista del sofisM. MARTÍN ma, que el Gobierno quieFERRAND re penalizar en la tarifa para que haya protección hacia el consumidor doméstico que hace un uso responsable de la energía De ahí a la cuadratura del círculo no hay más que un paso. ¿Qué es un uso responsable de la energía? ¿Lo sabe alguien además de Montilla? ¿El aire acondicionado, por ejemplo, es una opción de consumo para los muy sensibles al calor o un disparate generalizado? Este Montilla suele abundar en las contradicciones; pero en materia de energía es donde alcanza su máximo esplendor. España es un país deficitario en la producción energética. La práctica totalidad de sus fuentes de energía son de importación y, si hablamos de electricidad, nuestra dependencia del mercado exterior- -de Francia principalmente- -es creciente. ¿Por qué? Sencillamente, porque nuestros vecinos se apearon de muchos complejos y han sembrado su territorio de centrales nucleares, mucho más seguras de lo que se suele decir y más económicas y menos contaminantes que las térmicas y de ciclo combinado. Los planteamientos privatizadores del aznarismo no fueron respaldados por una auténtica política liberalizadora y así seguimos: sin una política energética solvente y previsora de las necesidades futuras. Tratar de cubrirlas con la potencialidad de las energías alternativas es una vana pretensión. El viento y el sol hacen sus apariciones y sus mutis sin respeto a las demandas del consumo. De momento, y sin meter en el saco los desgraciados accidentes que ha sufrido Madrid en las últimas horas, una buena parte de la industria nacional está siendo víctima de un recorte en el suministro. Algo tarifariamente previsto, pero que tiene su inevitable traslación a las tablas del paro, los índices de productividad y la suma final en la creación de riqueza. José Luis Rodríguez Zapatero acometió la empresa de la gobernación de España con muchísimo talante, pero las circunstancias van poniendo en evidencia su falta de enjundia. Tampoco la oposición suele hablar de estas cuestiones en el escenario del Parlamento y así, poco a poco, la esperanza en un futuro mejor se nos hace más flaca. Además de lo electoral, hay otros epígrafes en la acción política. H GALICIA ESPERA Gobierne quien gobierne en Galicia, reflexiona el autor, tendrá ante sí el difícil reto de sortear las enormes dificultades que pueda plantear un descuido o un desmán de tan sólo un diputado. Tanto el PP como el PSOE necesitarían un sólido apoyo parlamentario del que carecen A jornada electoral celebrada el pasado domingo en Galicia ha sido una de las más emocionantes de la historia de la democracia española, tanto por lo estrecho del resultado como por lo dilatado del suspense. Los días previos, la duda que flotaba sobre la opinión pública, y que no lograban disipar las encuestas, era si el Partido Popular, dirigido por el octogenario Manuel Fraga, sería capaz de revalidar por cuarta vez consecutiva la mayoría absoluta o si, por el contrario, el Partido Socialista de Galicia, liderado por Emilio Pérez Touriño, y el Bloque Nacionalista Galego, de Anxo Quintana, podrían gobernar en coalición. Aunque todos los sondeos realizados a pie de urna pronosticaban una significativa merma de votos y de escaños en las filas populares, tras un escrutinio de infarto, la jornada concluyó con un resultado tan apurado como incierto: a falta del recuento de las papeletas de los emigrantes, que concluirá el próximo lunes 27, el PP se quedaba a un escaño de los 38 necesarios para continuar gobernando en solitario. El obligado compás de espera previo al veredicto de las urnas ofrece, si no el sosiego necesario, sí el tiempo preciso para poder extraer algunas reflexiones de esta curiosa, aunque no por ello inesperada, encrucijada electoral. Lo primero que llamó la atención fueron las tempranas exégesis que hicieron los representantes de socialistas y populares. Aunque faltaba por escrutar el voto emigrante, que en el plebiscito de 2001 había sido muy favora- L ble a Fraga, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, daba por seguro que Touriño sería el próximo presidente de la Xunta. De la misma forma, aunque era obvio que el PSOE había subido en escaños y en votos y el PP había reducido su anterior registro, el secretario general popular, Ángel Acebes, proclamó la gran victoria del PP y el gran fracaso para Zapatero Más que análisis de cierto rigor, ambas declaraciones evidenciaban una cierta ansiedad por desviar la mirada de los comicios gallegos y extrapolar inopinadamente sus cifras al ámbito nacional. Es curioso que no reparasen en que, estando ya la suerte echada, lo más razonable hubiera sido haber optado por un sencillo ejercicio de discreción y de prudencia, sobre el que no pendería la amenaza de ser corregido por el veredicto final. Aunque el fin principal de toda elección democrática es implicar al pueblo en la elección de sus gobernantes, sirve también para medir las fuerzas de los agentes electorales: ciudadanos y partidos políticos. La cifra que mejor calibra el grado de implicación ciudadana en los comicios es sin duda la de la participación. Con un meritorio 68,1 por ciento (la tasa más elevada de las siete elecciones autonómicas celebradas desde 1981) los ciudadanos gallegos alcanzaron un loable registro, superando en casi cuatro puntos el obtenido en los comicios del 2001. El plebiscito del 19- J también sirvió para tantear la -Nos han puesto en libertad tres jueces que, oye, Antxón, dime la verdad: ¿son españoles o de los nuestros?