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ABC MIÉRCOLES 22 6 2005 Opinión 7 no es ninguna que requiera esfuerzo, porque es difícil, sino la mucho más cómoda de igualar en la mediocridad, es decir, en la consecución de unos resultados de muy bajo nivel para todos. Por eso rechazan todo lo que signifique medidas que promuevan el rigor, la responsabilidad, la autoexigencia, el mérito, es decir todo lo que es imprescindible para aprender; principios que además deben socializar a los alumnos en la idea fundamental de que las acciones tienen consecuencias. Paradójicamente, a la vez que todo ello se desprecia, proponen introducir una asignatura llamada Educación para la ciudadanía como si fuera posible la educación en valores al margen de los que transmita de forma implícita, pero efectiva, el propio proceso de la educación. LA ESPUMA DE LOS DÍAS POLÍTICOS CON CARISMA D CARLOS KILLIAN La Ley de Calidad de la Educación constituye un conjunto de medidas cuyo objetivo es facilitar una mayor eficiencia del sistema educativo. Sus contenidos sintonizan, además de con reformas de otros sistemas educativos, con la opinión muy mayoritaria de nuestro profesorado, con independencia de sus preferencias partidistas y sindicales, tal y como reflejan numerosas encuestas. Vuelvo a reiterar aquí hasta qué punto he sentido el aliento de los profesores en todo el proceso de reforma que concluyó con la aprobación parlamentaria de la Ley de Calidad. Hoy es evidente, sin embargo, que los socialistas siguen empeñados en que la tarea central del sistema educativo La mejor prueba de este vacío que subrayo, de esta crisis de confianza del sistema educativo, viene dada por la vuelta, apenas velada, a la promoción automática. Si se puede llegar al final de la Secundaria obligatoria con doce suspensos, difícilmente los alumnos asumirán con la seriedad requerida sus responsabilidades. De este modo, los niños y adolescentes quedan todavía más inermes ante los mil y un reclamos engañosos orientados a persuadirles de que todo es trivial e irrelevante y que por eso y sólo así la vida resulta divertida. Lo más grave, en todo caso, es la quiebra de la solidaridad social que este igualitarismo de la mediocridad conlleva para aquellos niños y jóvenes de familias con menos recursos y cuyos padres tienen un nivel educativo precario. A estos cientos de miles de alumnos, el PSOE les viene a decir: olvidaos de que la educación constituya la gran oportunidad para vuestro futuro, pues la educación de calidad será definitivamente un privilegio que intentarán adquirir quienes puedan pagarla. Hay, por último, otras dos cuestiones que no quiero dejar de mencionar. La primera es el hostigamiento a la libertad que sufren las familias para decidir la educación de sus hijos. La segunda es la desvertebración del sistema educativo en diecisiete sistemas distintos: en la medida en que la propuesta socialista necesita complacer a la Esquerra catalana, se merman drásticamente los contenidos que son comunes en la enseñanza y cuya definición es competencia del Estado. Nuestra educación se parece cada vez más a un muñeco sin resortes, incapaz de moverse. Urge exigir con rotundidad al Gobierno socialista rigor, seriedad y responsabilidad sobre una materia tan crucial para el futuro de nuestra sociedad. PALABRAS CRUZADAS ¿Está a favor de que los homosexuales adopten niños? AMOR HOMOSEXUAL Y HETEROSEXUAL AY alguna diferencia entre el amor que pueden ofrecer a un niño una pareja homosexual y una heterosexual? Estoy segura de que no. Y por eso no veo impedimento alguno a que las parejas homosexuales puedan adoptar. Sin necesidad de ningún estudio científico, sabemos que el elemento fundamental para hacer feliz a un niño es el amor. Ésa es la clave del éxito de una adopción, como lo es de la crianza de cualquier niño. Quienes se oponen a la adopción homosexual afirman que se trata de defender los derechos de los niños. Pero ¿de qué derechos hablamos? Porque el derecho más importante que les podemos ofrecer es EDURNE acogida, protección y amor. Y eso puede ser URIARTE garantizado por los homosexuales tanto como por los heterosexuales. Todo lo demás me parece secundario en este debate, incluido el argumento de quienes alegan que el adecuado desarrollo psicológico del niño requiere de las figuras de un hombre y de una mujer. El problema de esa tesis es que no está demostrada en absoluto. Es verdad que aún hay pocos estudios sobre la cuestión. Pero los que existen, fuera de peregrinas tesis como las de Aquilino Polaino, no han encontrado ningún efecto negativo en el desarrollo de niños criados por padres homosexuales. Existen teorías, muchos temores e innumerables prejuicios, pero no datos. PADRE Y MADRE L margen de las discrepancias de los informes técnicos sobre las consecuencias sobre los hijos, la adopción por parejas homosexuales debe ser excluida. Es una cuestión de principio, que no atañe ni a la igualdad ni a los derechos de los homosexuales, cuyas relaciones son respetables y pueden producir efectos civiles, pero no constituyen una familia. Toda persona tiene un padre y una madre. Lo que proporciona la naturaleza no debe arrebatarlo la sociedad. Padre y madre no hay más que uno. En la adopción deben prevalecer los matrimonios y las parejas estables. Y sólo debe autorizarse a I. SÁNCHEZ los solteros en casos excepcionales y CÁMARA cuando falten parejas (heterosexuales) En los demás casos, cabe el apadrinamiento, pero no la adopción. Sólo es razonable que adopten quienes podrían procrear y, por tanto, formar una familia. No, pues, las parejas homosexuales. Por lo demás, la adopción no es un derecho de los adoptantes sino una institución en beneficio de los adoptados. Ni la realidad natural ni la aceptación social aconsejan la concesión del derecho de adoptar a las parejas del mismo sexo. Y sólo hay discriminación cuando se da un trato injusto o desigual a situaciones equivalentes. ¿H A ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate ICE un delegado del PP en Buenos Aires que, para los gallegos de Argentina, Fraga es Fraga; lo mismo que aquí añade, Perón era Perón. Curiosa reflexión, sobre todo ahora que aquellos votos pesan más que nunca. En tiempos de idolatría hacia la estadística, están pasados de moda los análisis sobre el carácter y la personalidad de los políticos. Pero en otras épocas menos materialistas se han escrito miles de páginas acerca de los diversos biotipos idealistas y cínicos, dogmáticos y optimistas, rígidos e imaginativos, y otras varias docenas de parejas conceptuales. Hoy día la palabra clave es carisma Tiene su origen en la Iglesia priBENIGNO mitiva y llega a la teoría PENDÁS política de la mano de Max Weber, con su famosa distinción entre tres formas de legitimidad: tradicional, racional y carismática. Se discute, pues, si este líder o aquel otro gozan de carisma suficiente, identificando el viejo concepto con una especie de atractivo personal e intransferible. Siempre con un objetivo propio de la democracia mediática que nos domina: se trata de persuadir mejor al consumidor de productos políticos, en perjuicio de quienes ofrecen un perfil anodino y grisáceo, que no consiguen hacer feliz ni siquiera a su brillante asesor de imagen. Hace años se hablaba de carisma paralelamente a dictadura personal. No hay tal cosa: Churchill o Kennedy, por citar ejemplos del pasado, representan como nadie la idea del liderazgo democrático. Sin embargo, muchos preferimos (aparte de las grandes ocasiones) la imagen del político austero; serio, sin llegar a ser antipático; seguro de sí mismo, pero no autosuficiente... A los liberales nos gusta desde siempre la teoría del trust El Gobierno recibe la confianza del pueblo para gestionar con eficacia los asuntos públicos y dar cuenta del encargo cuando concluye su tarea. Las instituciones son ideas de obra o empresa, más allá de las apetencias y vanidades individuales. Toda sociedad bien ordenada se sustenta en la solidez de la clase media. De ella surge una elite dirigente, en sentido muy amplio, de cuya formación intelectual y moral depende el progreso social en su conjunto. Valores y eficacia. Honradez, por supuesto. Austeridad, siempre. El líder político surge con naturalidad en ese contexto, como una suerte de primus inter pares que goza de respeto más que de admiración. Esta última es el ámbito de la excelencia, del sabio, del artista... La democracia es tan sólo un procedimiento, el único admisible en nuestro tiempo, para tomar decisiones por mayoría. Pero no determina ciertamente la verdad, ni la belleza ni la superioridad moral. Carisma, por tanto, hasta un límite razonable. Son reflexiones en abstracto, mientras todo el mundo espera el nuevo recuento de votos en Galicia, pendientes del tiempo de descuento de la última prórroga: todavía se admiten apuestas.