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6 Opinión MIÉRCOLES 22 6 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA PILAR DEL CASTILLO EX MINISTRA DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE EL KNOW- HOW DE JOSÉ BLANCO ENITIÑO, al que apodaban el santo era un pedigüeño de mi infancia coruñesa que tenía por territorio las proximidades de la parroquia de San Pedro de Mezonzo. Tenía el hombre, además del pecho cubierto con las estampitas de docenas de santos y otras tantas medallas de Vírgenes y Cristos, un know- how propio. Si alguien, por ejemplo, carraspeaba al salir o entrar de la iglesia, allí estaba Benitiño: Dame unos patacones- -unas perras- que yo hablaré con San Blas para que te alivie la garganta Su relación con el santoral era completa y, dado su desparpajo y por lo que pudiera suceder, los fieles, tanto más cuanto más devotos, aceptaM. MARTÍN ban esta práctica leve e FERRAND ingenua de simonía. El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, que en mis vagos recuerdos infantiles se parece mucho al buen Benitiño, también tiene un eficaz know- how para la comunicación política y lo aplica con la misma falaz desenvoltura que aquel pobre hombre de sospechosa piedad y hambre cierta. Ha dicho Blanco, sin que le tiemblen las carnes, como quien maneja el dato cierto de la ciencia, que, después de las elecciones gallegas, hay una mayoría clara para la alternancia y un Gobierno presidido por Emilio Pérez Touriño Ya que estamos puestos a santos, que santa Lucía le guarde la vista al muy muñidor Blanco. Conviene repetir, para que no cunda el engaño, que las listas del PP en las cuatros circunscripciones gallegas han sumado más de setecientos mil votos, mientras que las socialistas se han quedado a doscientos mil votos de distancia. Otra cosa es que, en el vértigo de los pactos por el poder, engañoso según el discurso electoral, los socialistas gallegos se dispongan a unir sus fuerzas con el decaído e impreciso BNG y salga de ahí, con el permiso del voto emigrante, una mayoría por los pelos. Algo muy distinto a la claridad para la alternancia con la que Blanco trata de engañar no se sabe muy bien a quién. Si sobre un sistema electoral establecido con el posibilismo de la Transición y sin rigor representativo añadimos el cacareo de los líderes con ambición meritocrática, tendremos la génesis- ¿intencionada? -de la confusión. Las elecciones gallegas están todavía en el alero y dependen de un despropósito: el voto de unos emigrantes incitados a confundir la memoria sentimental con el pragmatismo político; pero la mayoría clara aunque Pérez Touriño se convierta en presidente de la Xunta, es la del PP, la de las listas de Fraga y su amplio muestrario de caciques enfrentados. Es también una victoria pírrica para Mariano Rajoy, que, en contra de lo que imprecisamente dice Blanco, no ha perdido cinco elecciones desde la sucesión de José María Aznar. Blanco olvida las catalanas, donde el PP retrocedió al cuarto puesto entre los grupos presentes en el Parlament. B CEGUERA VOLUNTARIA EN LA EDUCACIÓN Para la autora urge exigir con rotundidad al Gobierno socialista rigor, seriedad y responsabilidad sobre una materia tan crucial para el futuro de nuestra sociedad como es la educación. Ésta es una cuestión de Estado y en ella se impone, por tanto, el acuerdo entre los dos grandes partidos L LEVAMOS un año perdido en el campo educativo, tras la supresión arbitraria de la Ley de Calidad de la Educación por el Gobierno socialista. El resultado ha sido un incremento del marasmo y del escepticismo en un terreno tan capital como problemático de nuestra vida social. Algo ciertamente grave si, sobre todo, como ocurre en el terreno de la educación, la realidad reclama a gritos la revisión del modelo vigente, el modelo de la LOGSE. Se acostumbra a repetir que la educación es una cuestión de Estado y en ella se impone, por tanto, el acuerdo entre los dos grandes partidos. Pero aquí estriba la dificultad, precisamente, al considerar los socialistas la educación coto cerrado, en el que la derecha sólo puede aportar clasismo oscurantismo y reacción, en una palabra. Todos los intentos desarrollados por el Gobierno del PP en la legislatura anterior para llegar a un acuerdo sobre la Ley de Calidad encontraron un no rotundo del PSOE, que, por el contrario, consideraba la educación como un rentable campo de confrontación política con el Gobierno. Pero esa actitud formaba parte de un problema de fondo mayor, un problema que consiste en la negativa del PSOE a mirar de frente y asumir la realidad de nuestro sistema educativo, que es fruto, por cierto, de la absoluta hegemonía de que han disfrutado los socialistas a la hora de enseñar a nuestros hijos durante los últimos veinte años. Tengo que recordar aquí que, contrariamente a la confusión que de manera muy interesada se promueve desde las filas socialistas sobre hipotéticas constantes reformas en educación, en 35 años ha habido exactamente tres grandes reformas: la Ley General de Educación del año 70, la LOGSE del 90 y la Ley de Calidad de la Educación de diciembre de 2002. Las dos primeras tuvieron tiempo de aplicarse y contrastar su utilidad; la última fue yugulada por el Gobierno socialista en su primer año de aplicación en un alarde de buenas prácticas democráticas. Aquello que el PSOE no se atrevió a llevar a cabo en materia de ingeniería social y económica cuando llegó al poder en 1982, pues supo aprender en la cabeza de Mitterrand, lo llevó a cabo, sin embargo, en la educación. Y sigue en sus trece. Nuestros niños y jóvenes fueron sometidos progresivamente a un modelo de escuela comprensiva invento anglosajón, cuyos resultados en otros países se conocían ya como calamitosos en los años setenta. En mi opinión, la raíz del problema se halla en que la llamada comprensividad tergiversa la razón de ser de todo sistema educativo. La educación existe para transmitir de modo eficaz conocimientos y valores formativos de la persona. Unos y otros han de asociarse estrechamente al proceso de aprendizaje para que éste merezca tal nombre. Lo he repetido hasta la saciedad en los últimos años: sin esfuerzo no hay aprendizaje; sin aprendizaje no tiene lugar el crecimiento educativo, ni con él la manifestación y el reconocimiento del mérito; y sin ello no hay fundamento para la autoridad en las aulas, ni respeto hacia los profesores y entre los alumnos, ni verdadera tolerancia. Y sin autoridad, respeto y tolerancia, derivados del empeño compartido de enseñar y aprender, no puede haber paz y convivencia en los centros educativos. -Han conseguido ustedes que ETA no mate a los cargos electos y yo les felicito. A ver si algún día negocian también la misma tranquilidad para quienes les elegimos a ustedes.