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6 MARTES 21 6 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA EMILIANO GARCÍA COSO PROFESOR JEAN MONNET DE DERECHO DE LA UE. UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS (ICADE) ARITMÉTICA A LA GALLEGA C OMO de costumbre, también frente a las elecciones autonómicas gallegas, fallaron las previsiones sociométricas. Incluso las calentitas, las del día electoral. Es posible que tenga que ser así, que la prospectiva sociológica no dé para más en el seno de una sociedad como la nuestra, en la que conviven la duda y la trapacería instaladas en la rutina de la conducta colectiva. En ese caso, que cierren el CIS. Mal está el despilfarro de las encuestas con cargo a las economías privadas; pero una institución pública que se instala en el error y hace de él una técnica sofisticada está mejor en el recuerdo que en el Presupuesto. Por lo demás, en Galicia ocurrió esta vez lo M. MARTÍN que era previsible por el FERRAND instinto de los participantes- -electores y elegidos- -y estaba previsto en todos los medios. Ya veremos el lunes próximo, cuando se cuenten los votos de la emigración, si Manuel Fraga continúa como presidente de la Xunta o si debe traspasarle los bártulos al socialista Emilio Pérez Touriño. Es decir, que en virtud de nuestro pintoresco sistema electoral, depende de unos pocos- -vecinos de Buenos Aires o de Montevideo- -el futuro de una Galicia de la que, en el mejor de los casos, tienen un conocimiento remoto y una experiencia vacacional. No creo que haya nadie en el mapa político español que, tras veinticinco años de experiencia democrática, acepte como bueno un sistema electoral- -nacional, autonómico y local- -capaz de forzar en tanto la voluntad de los votantes. El 44,9 por ciento de los gallegos que votaron el domingo lo hicieron por los nombres de las listas del PP- ¡ni tan siquiera por Fraga en tres de las cuatro circunscripciones! -y el 32,5 por ciento, a favor de las listas socialistas. Doce puntos largos de ventaja del vencedor que operarán a favor del perdedor en virtud de un tercero en discordia, el BNG, que, presumiblemente, sumará su 19,6 por ciento sin atender a los principios, el de homogeneidad entre otros, que marcan las normas clásicas de la Aritmética. Salvo que al PP le toque, la próxima semana, la lotería del emigrante- -algo muy poco serio en el rigor de los métodos democráticos- -será el PSOE- -el PS de G- -quien se alce con el santo y la limosna de la próxima legislatura gallega, y el partido más votado- -700.000 votos frente a 500.000- -pasaría a ocupar el papel de oposición. ¿Por qué nadie quiere abordar la reforma de una norma que, quizás conveniente en la Transición, es hoy insolvente y más perturbadora que eficaz? Los mismos que sueñan con los grandes cambios constitucionales, aunque sea a través de los estatutos autonómicos- -cosa de gran envergadura y riesgo- -desprecian algo tan sencillo y poco comprometido como que dos y dos sean cuatro y siete más que cinco. Una realidad ausente en nuestra convivencia que impide la valoración lúcida de nuestras propias peripecias. INTRANSIGENCIA EN EUROPA: ¿BRITÁNICA O FRANCESA? El reciente fracaso de la cumbre europea en la que se abordó el reparto de los fondos comunitarios, sumado al no francés al Tratado Constitucional de la UE, hace reflexionar al autor sobre el histórico sistema de liderazgos dentro de la Unión A fracasada cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE ha dado lugar a los más oscuros augurios sobre la parálisis, crisis de liderazgo de la UE. Los euroescépticos deben de estar dando saltos de alegría al comprobar qué fácil es sumar miembros a sus filas tras el espectáculo tan insolidario al que hemos asistido. La lección de solidaridad y de esperanza para una Europa cohesionada vino, precisamente, de los nuevos socios del club europeo que, a pesar de ser los países más pobres y noveles en las artes del reparto de dividendos, han sabido estar a la altura del interés general frente al particular. Sin lugar a duda, toda una prueba de sentimiento europeo palpable y laudable. Una valoración de los distintos argumentos planteados del porqué del fracaso exige un análisis que desentrañe a los verdaderos responsables de la caída libre de la UE. Los dos elementos prioritarios de discusión del eje europeo, ahora en fase de revisión técnica profunda, giran en torno al proceso de ratificación de la Constitución Europea y a la frustrada negociación del presupuesto comunitario para 2006- 2013. En ambos, el peso de la responsabilidad parece decantarse de parte del Gobierno francés y no del Gobierno británico. La solución de posponer o suspender los procesos de ratificación parlamentaria o por referéndum de la Constitución Europea por los doce Estados que quedaban pendientes (Dinamarca, Irlanda, Portugal, República Checa, Suecia, Finlandia, Estonia, Chipre, Luxemburgo, Malta, Polonia y Rei- L no Unido) no es un acuerdo satisfactorio, sino un remedio temporal criticable. La crítica que se plantea es qué ocurre con los once Estados que ya lo han aprobado, representando alrededor de 220 millones de ciudadanos europeos. En una UE integrada políticamente sobre los pilares de una democracia europea efectiva, este bloque representaría una legitimidad sustancial para que su decisión fuera respetada o tenida más en cuenta. Una parte importante de la responsabilidad del freno constitucional europeo recae directamente en la incapacidad del Gobierno francés en explicar a sus conciudadanos la relevancia de la Constitución Europea para Francia y para el resto de Europa. Como Estado fundador de la UE, Francia ha fallado en su condición de locomotora de Europa, a pesar de haber contado con el referéndum español y la ratificación alemana como soportes previos. La grandeur de la Francia debe ser puesta en tela de juicio. El rechazo francés exigía que en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno fuera Francia, acompañada por Holanda, quien ofreciera una solución para el resto de socios europeos. Sin embargo, no sólo no ha asumido su responsabilidad, ni ha ofrecido ningún alternativa interna, sino que tras el fracaso de la cumbre, Francia aparece, junto a Alemania, como las únicas garantes de la construcción europea y el resto como meros valedores de una Europa de mercaderes. -A los políticos gallegos que nos hacen salir de nuestra tierra, ya se lo haré yo pagar algún día con mi voto de emigrante.