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ABC MARTES 21 6 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC ESTRATEGIAS POLÍTICAS POR BENIGNO PENDÁS PROFESOR DE HISTORIA DE LAS IDEAS POLÍTICAS Rajoy ha ganado en términos políticos unas elecciones dificilísimas. Haya o no haya cambio en Galicia, podrá transmitir con nitidez su mensaje de oposición a un Gobierno que carece de plan alternativo cuando los tópicos se desmoronan... E L sol de la autonomía se levanta en el noroeste... observa el personaje de Joyce, siempre receloso ante los nacionalistas de su tierra irlandesa. Sin salir del territorio celta: elecciones en Galicia, con alcance nacional. ¿Quién ha ganado? El PP, sin duda. ¿Quién va a gobernar en Santiago? Cara o cruz, en el último minuto de la prórroga. Ante todo, las reglas del juego. Tenemos un procedimiento electoral muy digno y una fórmula electoral inaceptable. Me explico. Las operaciones para la expresión y recuento del sufragio funcionan correctamente. Es imprescindible que el cómputo decisivo se desarrolle con absoluta pulcritud y que los actores no arrojen sospechas sin fundamento sobre el resultado. Esta sociedad, desquiciada después del 11- M, necesita una dosis enérgica de sentido común. Sólo nos falta romper el manual de buenas prácticas. Para quien lo intente, ahí está el Código Penal. En cambio, la fórmula para traducir votos en escaños ofrece resultados perversos. Ganan siempre los que menos tienen, se otorgan bazas decisivas a partidos minoritarios, quiebra un poco más cada día la legitimación social del sistema. Hay que promover sin demora un gran debate sobre la reforma del Derecho electoral español. Por el bien de la democracia y del sentido común. decir, justo por el camino que no conduce a ninguna parte. Alivio para el PP. Hoy es el día- -pase lo que pase- -para decir en voz alta que Fraga merece el reconocimiento general. Supo atraer hacia la democracia a un sector muy reticente. Actúa como un político con personalidad (a veces, excesiva) frente al perfil anodino de sus adversarios. Por su parte, Rajoy consolida meritoriamente su liderazgo. Ahora debe imponer su propia apuesta por el medio plazo. Hay que combinar principios con estrategia. El médico no administra la misma medicina al sano que al enfermo. La ley natural puede, por tanto, adaptarse en sus elementos secundarios a las circunstancias particulares. El argumento no es de Maquiavelo. Tampoco lo utiliza un relativista posmoderno. Procede de San Agustín, en La ciudad de Dios Aquí y ahora: Madrid no es Cataluña, Valencia no es Castilla y León, y así sucesivamente. En las sociedades modernas, los grandes partidos se construyen mediante la agregación de intereses, son formaciones de geometría variable que evitan las opciones rígidas y excluyentes. Véanse el Partido Republicano en los Estados Unidos o los homólogos europeos. Nadie puede negar a Rajoy su firmeza en la defensa de los principios: ahí están el Debate sobre el Estado de la Nación o el discurso contra el Plan Ibarretxe. Conviene que actúe con habilidad en busca de esos once millones de votos que otorgan la mayoría. Votos, como es notorio, de origen heterogéneo. Todos igualmente valiosos. Unos, de perfil conservador. Otros, de carácter liberal, en un sentido muy amplio. Dígase- -si se prefiere- -de derechas y de centro. Los socialistas tienden fríamente la trampa, a veces burda, pero eficaz, para provocar la incompatibilidad entre unos y otros. Pero la historia ideológica del PP se escribe por la vía del eterno retorno hacia el centro, que empieza precisamente con Fraga y Lectura política, al margen del resultado final. Con o sin gobierno social- nacionalista, Zapatero no cuenta con el aval de la tercera pieza del tablero autonómico, siempre indecisa. No cuaja, por fortuna, la falacia de la nación de naciones o de las naciones sin Estado. El PSOE seguirá con su estrategia incomprensible que conduce a la ruptura material del Estado de las autonomías. Pero no podrá invocar la voluntad de los electores gallegos, conscientes de lo mucho que estaba en juego. Incluso si forman un ejecutivo hipotecado por el BNG, los socialistas deben abrir un periodo de reflexión interna. Ya no cabe apelar a la torpeza natural del principiante. Es hora de abandonar el discurso cuajado de lugares comunes. Zapatero tendría las manos libres para remodelar a corto plazo un equipo ministerial que ofrece flancos muy débiles. Todavía dura la bonanza económica, pero el ciclo cambiará, como es natural. Debe escuchar a la gente más lúcida de su partido en materia de vertebración territorial. Tiene que atender a la voz de la calle, aunque le resulte incómoda. Incluso podría leer cosas serias (y no sólo dictámenes de encargo) sobre nación y nacionalidad. Sobre comunidad nacional hay poca cosa en el mercado de las ideas: es sólo un mal ejemplo de cómo hacer cosas con palabras según el atractivo título de Austin. Pero no nos engañemos: todo apunta a que se van a multiplicar las concesiones al nacionalismo desleal. Sin entrar en juicios de intenciones, incluso ETA expresa por escrito su preferencia por los nuevos tiempos Concesiones en Galicia significa, como de costumbre, algo más para Cataluña y el País Vasco. Doctrina eterna del somos más que... y práctica asfixiante de las oligarquías locales. Por contraste, el Estado se diluye y la nación se deja llevar por cierta melancolía del desengaño. Es culmina en el éxito espectacular de 2000. Todas las contribuciones son pocas. Ninguna por sí misma es suficiente. Rajoy debe favorecer la apertura del partido hacia nuevos sectores territoriales y sociales, incluida una apuesta a medio plazo por la inmigración mejor integrada. Es preciso combinar los principios innegociables con la estrategia inteligente. He aquí el eterno secreto de la política. Hay tiempo para todo. Llegan casi dos años sin elecciones (es de suponer) pero la tarea empieza hoy mismo poniendo a cada uno a trabajar en lo suyo. Más de lo mismo. ¿Acaso no existen diferencias patentes entre los dirigentes del PSOE? A veces, es difícil identificar las señas comunes de identidad. El abanico incluye desde jacobinos estrictos hasta más- quefederalistas. El mismo asunto en cambio no suscita debate entre los populares, comprometidos sin fisuras con el sistema autonómico actual. Dicen los clásicos que el arte de la política consiste en resolver mediante un compromiso problemas que no tienen solución objetiva. Se trata, pues, de anudar relaciones entre intereses razonables, no de plantear exigencias imposibles sobre sentimientos y emociones. Galicia, sin ir más lejos. Campo y ciudad, paisanos y urbanitas ¿Ha perdido escaños por ese conflicto? Es muy probable. También pasa factura la sucesión frustrada del líder natural. La cuestión no admite demora, aunque suponga riesgos de secesión interna en forma de regionalismo caciquil: la política exige a veces el dibujo de círculos cuadrados. Lo inesperado sabe mejor: Rajoy ha ganado en términos políticos unas elecciones dificilísimas. Haya o no haya cambio en Galicia, podrá transmitir con nitidez su mensaje de oposición a un Gobierno que carece de plan alternativo cuando los tópicos se desmoronan, ya sea la sedicente España plural o la Constitución Europea. Por no hablar del ámbito social (familia, educación, vivienda) la gente avisa desde la calle en forma de clamor no correspondido. En materia de principios no hay nada que negociar. La dignidad no se discute con los terroristas, ni con su disfraz político, ni con quienes les hacen el juego para obtener ventajas objetivas. La soberanía nacional no es susceptible de revisión a la baja para hacerse perdonar- -transitoriamente- -por los nacionalistas que aceptan la Constitución a beneficio de inventario. El 80 por ciento de los españoles vota por partidos de ámbito nacional. Desde una perspectiva sociológica, populares y socialistas se sitúan en una posición de empate técnico. La estrategia del PSOE consiste en romper ese equilibrio, buscando atraer al 20 por ciento restante. Sería legítimo hacerlo negociando intereses particulares, pero no lo es cambiar la arquitectura institucional por préstamos coyunturales de votos. La apuesta, en todo caso, conlleva un riesgo evidente. Tales aliados nunca van a estar satisfechos. Galicia hace honor al tópico: hay elecciones y nadie sabe quién ha ganado. Pero es notorio que Zapatero no ha obtenido el cheque en blanco que pretendía para completar el círculo de las hasta ahora llamadas nacionalidades pronto al parecer naciones Como mucho, pedirá un préstamo hipotecario, que ofrece como falsa garantía la genuina realidad nacional de España.