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92 LUNES 20 6 2005 ABC Deportes Una imagen atípica, con sólo dos coches (los Ferrari, aunque detrás estaban los Jordan y los Minardi) esperando el semáforo verde de salida y el resto de bólidos, en los boxes Carrera de despropósitos en Indianápolis Las escuderías que llevan neumáticos Michelín no tomaron la salida, que se dio con seis coches PEDRO FERMÍN FLORES Escándalo monumental. Después de múltiples y fallidas reuniones, las siete escuderías que montan neumáticos Michelín decidieron no tomar la salida en el Gran Premio de Estados Unidos, mientras que las tres restantes- -Ferrari, Jordan y Minardi- -lo hacían. La carrera se convertía en un simulacro sin el menor interés, lo que irritó a los aficionados que habían pagado la entrada hasta el punto de que algunos lanzaron botellas de agua a la pista. Barrichello pasó por encima de una de ellas. La crónica de lo sucedido no es más que la reseña de las reuniones entre los responsables de los equipos y los de Michelín con los de la Federación Internacional. Al principio hubo divergencias entre las escuderías, ya que McLaren no apoyaba la línea planteada por Briatore de presionar a la FIA y no participar en la prueba. Michelín solicitó un permiso especial para que sus equipos utilizaran los 100 juegos de nuevos neumáticos traídos desde Clermont Ferrand (Francia) Pero la FIA, con el apoyo de Ferrari, no cedió y avisó de que podría sancionar duramente a los equipos que incumplieran el reglamento. Descartada esa opción, los equipos propusieron que se colocara una chi- cane antes de la curva ovalada para reducir la velocidad de entrada, evitar problemas como el de Ralf Schumacher el pasado viernes y aumentar la seguridad. Esa nueva alternativa tampoco convenció a los comisarios deportivos. La FIA fue contundente en su respuesta oficial. Aconsejaba a los equipos reducir la velocidad en esa zona, ya que si habían cometido un error en la elección de los neumáticos no era un problema provocado por el estado de la pista ni por la organización de la carrera. Ante la cerrazón de la FIA, los hombres de Michelín plantearon la posibilidad de utilizar los compuestos problemáticos pero con la autorización para sustituirlos cada 10 vueltas. Las reuniones se sucedían, pero sin encontrar una solución al problema. El último intento incluyó en la negociación a los pilotos. Bernie Ecclestone y el promotor de la prueba, Tony George, se mantuvieron firmes en su postura. Y los pilotos anunciaron que si no se colocaba la chicane solicitada no habría carrera. Ofrecieron hasta que la carrera se disputase sin puntos para los equipos que tenían el problema. Sólo puntuarían Ferrari, Jordan y Minardi. Tampoco se aceptó esta posibilidad y Flavio Briatore, autoproclamado portavoz de las escuderías perjudicadas, ratificó la postura de no correr si no se les garantizaba la máxima seguridad: No vamos a correr si no estamos seguros al cien por cien. Es una locura. No entiendo porqué no son capaces de aceptar el grave problema que tenemos delante. No han querido razonar. Bastaba con aceptar la chicane para que el Gran Premio se celebrara con normalidad. Yo no pongo en riesgo la vida de mis pilotos Y se cumplió la amenaza. Se formó la parrilla, hubo vuelta de reconocimiento y catorce bólidos volvieron a los boxes, mientras que los otros seis tomaron la salida entre la indignación de los aficionados. La FIA, eso sí, anunciaba graves sanciones para Michelín, como responsable de lo sucedido. El único precedente, en el Gran Premio de Alemania de 1969 En el Mundial del año 1959, cuando todavía las 500 Millas de Indianápolis eran puntuables para el campeonato, hubo un caso parecido. Ocurrió el día 2 de agosto en el AVUS (Automobil Verkehrs und Ubungs- Strasse) de Berlín. El trazado germano (semiurbano) tenía una parte ovalada, que provocaba problemas de seguridad. En la jornada del sábado un experto piloto, el francés Jean Behra, fallecía en un accidente cuando participaba en una de las carreras de soporte. Su muerte provocó la alarma ante el Gran Premio de Alemania. La organización tomó una decisión salomónica y dividió la prueba en dos mangas de treinta vueltas cada una. Al terminar la primera se formaba la segunda parrilla de salida, teniendo en cuenta la clasificación hasta el momento, y tras la segunda mitad se sumaban los tiempos obtenidos para configurar una clasificación final. El vencedor fue el británico Tony Brooks con Ferrari, por delante de los americanos Dan Gurney y Phil Hill, también con coches de la escudería italiana.