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54 Sociedad LUNES 20 6 2005 ABC ÁNGEL GABILONDO Rector de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de la subcomisión de Humanidades Es impensable prescindir de Historia del Arte en un país como España MADRID. Nadie quiere aniquilar las Humanidades y todos estamos de acuerdo en que hay que potenciarlas afirma el rector de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y presidente de la subcomisión de Humanidades, Ángel Gabilondo, un metafísico que no rehuye su responsabilidad en este proceso surcado de polémicas. Hay inquietud y debemos generar confianza ante la adaptación de la Universidad a las exigencias del espacio europeo -Usted preside la polémica subcomisión de Humanidades, ¿cómo está la situación? -Primero, quiero decir que asumo la responsabilidad de lo que me toque hacer, aunque lo que se propone no ha de identificarse como una decisión mía propia. Después, que somos una comisión que está trabajando en un proyecto global y la política debe hacerla quien ha sido designado por los ciudadanos para ello. ¿Qué significa esto? -Hay un sentir general de potenciar las Humanidades y buscamos cómo hacerlo, nunca debilitarlas y menos aún eliminarlas. No se quiere desmembrar las humanidades sino reordenarlas y, en este sentido, hemos hecho un esfuerzo para facilitar una formación más flexible e interrelacionada. En cualquier caso, este asunto aún está en discusión y todavía estamos a tiempo de rectificar porque no hay nada cerrado. Y, además, en última instancia no le ha correspondido a la subcomisión la decisión definitiva. -Hablemos de las filologías... -Ahora hay 17 filologías y en la subcomisión defendemos cuatro marcos o caminos para llegar a todas ellas y poder combinar diferentes posibilidades. Creemos también que es bueno vincular dos lenguas. Por ejemplo, el inglés y el catalán. -Historia del Arte es una de las titulaciones cuya eventual desaparición ha provocado más inquietud y protestas, ¿qué sucede? -España es un país con un patrimonio histórico, artístico y cultural de tal calibre que sería insensato pensar que no pudiera haber estudios de esta naturaleza. Además, existe una importante demanda y es una industria, en el mejor sentido de la palabra, con grandes posibilidades sociales y económicas. Por tanto, no podemos permitirnos el lujo de prescindir de estos estudios. -Pero, ¿cómo se estructurarán? -Eso deberá decirlo quien tiene competencia para ello. Podría ser una carrera de Grado con denominación específica o de créditos específicos dentro de otro. La esperada Orden de denominación de títulos será decisiva. El proceso hacia el Espacio Europeo de Educación Superior debe atender las demandas sociales sin mercantilizar los estudios universitarios TEXTO: MILAGROS ASENJO FOTO: JULIÁN DE DOMINGO Ángel Gabilondo durante la entrevista en su despacho de la Autónoma ¿Por qué? -Porque podría permitir una denominación más específica como Grado en Historia o hacer un Grado específico en Historia del Arte, aunque ésta no es la propuesta de la Subcomisión. La autonomía de las universidades también será decisiva para establecer sus propios planes de estudios. La clave es la flexibilidad y la autonomía, pero tal vez no nos hemos explicado bien. -Se habla de estructurar Historia del Arte como un master, ¿qué tiene qué decir? -Podría ser, pero no ha de ser necesariamente así. Lo importante es que en España debe existir un título de Historia del Arte y que nadie piensa que sea de otra forma. -En todo este proceso, ¿no se han sentido muy solos los miembros de la subcomisión? -Soy poco amigo de discursos victimistas. Cuando se asume una responsabilidad, se aceptan dosis de soledad. ¿Qué piden a la sociedad, a la Universidad? -Es verdad que existen algunas dificultades, pero pedimos tranquilidad porque nadie quiere imponer una solución a capa y espada. Defendemos argumentos abiertos a todo tipo de soluciones. La Universidad es muy crítica, y estamos en medio, señalados por algún tipo de foco. Pero insisto, la subcomisión no quita ni pone títulos. -Todo este problema ha surgido por el denominado proceso de Bolonia. ¿Hacia dónde vamos? -Es un camino difícil, orientado hacia la flexibilidad, la homologación y la movilidad, que requiere mucha re- Más que un catálogo de títulos, se trata de elaborar un mapa que reorganice y amplíe posibilidades flexión y mucha participación. Esto se traducirá en que un título sea reconocido en todo el espacio europeo y que un profesional tenga capacidad de moverse libremente por él. ¿Significa que todas las carreras deben ser idénticas? -No. En el proceso hay que ser muy cuidadosos y buscar estudios que sean homologables, no iguales y equiparables, no idénticos. Más que un catálogo, se trata de elaborar un mapa que reorganice y amplíe posibilidades. ¿Está preparada la Universidad española para las exigencias de Bolonia? -Debemos generar confianza porque tenemos las condiciones para hacer las cosas bien: un sistema universitario muy abierto, muy plural, con mucha voluntad de mejorar. Sin embargo, me inquieta que no hayamos logrado una participación muy activa y muy directa de los estudiantes. ¿Qué peligros encierra el modelo? -Han comenzado a surgir movimientos que advierten del peligro de mercantilismo, de convertir la educación en algo así como una especie de compraventa de títulos. También podemos caer en el error de entregarnos al mercado laboral sin distinguirlo claramente de las demandas sociales, a las que debe responder la Universidad. ¿Se pueden combinar ambos objetivos? -Hay que buscar el equilibrio porque no se trata de satanizar el mercado. Es preciso saber que, por un lado, la Universidad responde a lo que se le requiere y por otro es un ámbito de discusión, de crítica, de generación de posibilidades, porque debe ser también impulso y motor. ¿Cree que los avatares que está sufriendo la Constitución europea pueden influir en la convergencia? -La armonización de los estudios superiores no está al margen de la Constitución o construcción europea. Son asuntos que corren la misma suerte. Una de las claves de esa construcción sería una Europa social y culturalmente fuerte porque no es sólo un espacio económico, político o de seguridad, es también un espacio cultural y social. ¿Y lo perciben los ciudadanos? -Lo perciben y están avisando de muchas maneras, también en las urnas. Advierten de que si se quiere construir Europa ha de hacerse sobre una base cultural y social muy sólida. ¿No son procesos diferentes? -No son procesos diferentes que se esté votando la Constitución y se esté realizando la armonización. Europa es también la historia de sus universidades. Y tenemos una responsabilidad muy seria en su construcción.