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ABC LUNES 20 6 2005 Internacional 41 micos y financieros mundiales de los que Estados Unidos ha sido uno de los principales patrocinadores. En dicho contexto, el objetivo histórico estadounidense de oponerse a la hegemonía en Asia- -anunciado primero como objetivo conjunto con China en el Comunicado de Shangai de 1972- -sigue en vigor. Sin embargo, tendrá que fomentarse principalmente a través de medios políticos y económicos, aunque respaldado por el poder estadounidense. La prueba de las intenciones chinas estará en si usa su creciente capacidad para intentar excluir a Estados Unidos de Asia o se une a un esfuerzo de cooperación. Paradójicamente, la mejor estrategia para alcanzar objetivos hegemónicos es mantener estrechas relaciones con los principales países asiáticos, incluida China. En ese sentido, el auge de Asia pondrá a prueba la competitividad de Estados Unidos en el mundo que ahora surge, especialmente en los países de Asia. La enorme mayoría de las naciones se plantea sus relaciones con Estados Unidos en función de sus propios intereses. En un enfrentamiento de Estados Unidos con China, procurarán no escoger bandos; al mismo tiempo, tendrán en general mayores incentivos para participar en un sistema multilateral con Estados Unidos que para adoptar un nacionalismo asiático exclusivista. No querrán que las consideren peones del designio estadounidense. India, por ejemplo, percibe intereses comunes cada vez más estrechos con Estados Unidos en cuanto a la oposición al islamismo radical, algunos aspectos de la proliferación nuclear y la integridad de la ASEAN, la Asociación de Naciones del Sureste Asiático. Pero no ve necesidad de dar a estos propósitos comunes un carácter ideológico o antichino. No ve ninguna incongruencia entre la mejora espectacular de sus relaciones con Estados Unidos y la pro- AP clamación de una alianza estratégica con China. La insistencia estadounidense en una cruzada ideológica y en una contención similar a la de la Guerra Fría podría acelerar dichos gestos. Y correrían el riesgo de inflamar a la población musulmana india. Por su propio interés China está buscando la cooperación con Estados Unidos por muchas razones, incluida la necesidad de disminuir las diferencias entre sus regiones desarrolladas y las subdesarrolladas; el imperativo de ajustar sus instituciones políticas a las aceleradas revoluciones económica y tecnológica; las repercusiones posiblemente catastróficas de la Guerra Fría con Estados Unidos para el imparable aumento del nivel de vida, del que depende la legitimidad del gobierno. Pero de esto no se deduce que cualquier daño causado a China por una Guerra Fría beneficiara a Estados Unidos. Tendríamos pocos seguidores en toda Asia. Los países asiáticos seguirán negociando con China. Suceda lo que suceda, China no va a desaparecer. El interés de Estados Unidos por mantener relaciones de cooperación con China redunda en el bien de la paz mundial. La política preventiva no es factible respecto a un país de la magnitud de China. No puede interesarnos que las nuevas generaciones chinas crezcan con la percepción de un Estados Unidos permanente e inherentemente hostil. Y a China no puede interesarle que en Estados Unidos la perciban exclusivamente como un país centrado en sus estrictos intereses internos o asiáticos. La cuestión de las armas nucleares en Corea del Norte es una prueba importante. A menudo se presenta como ejemplo de que China no hace todo lo que tiene en su mano. Pero cualquiera que esté familiarizado con la conducta china en la pasada década sabe que China ha avanzado mucho en la definición de un interés paralelo con respecto a la eliminación del arsenal nuclear norcoreano. Su paciencia a la hora de tratar el problema está exasperando a algunos políticos estadounidenses. Pero refleja en parte la realidad de que el problema norcoreano es más complejo para China que para Estados Unidos. Éste se concentra en las armas nucleares de Corea del Norte; a China le preocupa el posible caos en sus fronteras. Estas preocupaciones no son incompatibles; quizá exijan ampliar el marco de discusiones desde Corea del Norte hasta el noreste de Asia. Las actitudes son psicológicamente importantes. China debe mostrarse cuidadosa en lo referente a las políticas que parezcan excluir a Estados Unidos de Asia y a su sensibilidad respecto a los derechos humanos, que influirán en la flexibilidad y el alcance de la actitud estadounidense hacia China. Estados Unidos debe entender que el tono intimidatorio evoca en China recuerdos de condescendencia imperialista, algo poco apropiado para tratar con un país que se las ha apañado para autogobernarse ininterrumpidamente durante 4.000 años. Ahora que empieza el nuevo siglo, las relaciones entre China y Estados Unidos pueden determinar el que nuestros hijos vivan en una agitación aún peor que la del siglo XX o que vean un nuevo orden mundial compatible con las aspiraciones universales de paz y progreso. 2005 Tribune Media Services, Inc. Un turista chino contempla Hong Kong a vista de pájaro AFP Treinta años de reformas económicas en China han cambiado profundamente al gigante asiático, pero también han provocado un desigual reparto del bienestar Del comunismo atroz al capitalismo salvaje POR PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. A sus 37 años y con dos niños, Chen es uno de los miles de chatarreros que recorren Pekín, que han hecho de la basura su modo de vida. Saca al mes entre 300 y 1.200 yuanes (29,6 a 118,4 euros) por unas jornadas laborales de 13 horas. A pesar de su exiguo salario, Chen ya no es uno de los 90 millones de personas (el 6,9 por ciento de la población) que, según los datos oficiales, viven bajo el nivel de la pobreza por ganar menos de un euro al día. Ese era el dinero de que disponía Chen cuando hace tres años dejó su ruinosa granja de la provincia de Henan, una de las menos desarrolladas del país, para probar fortuna en Pekín. Depresión rural No en vano el 75,8 por cien de esos 90 millones de pobres viven en las zonas rurales, donde los ingresos anuales apenas llegan a 924 yuanes (91,22 euros) y 26 millones de personas no tienen comida ni ropa para subsistir. Mientras, en las ciudades hay 22 millones de residentes con menos de 668 yuanes al año (65,94 euros) el límite establecido por el régimen para fijar el nivel de la pobreza en China. Todo ello a pesar de que la economía china viene creciendo a un ritmo superior al 9 por ciento anual desde que en, 1978, emprendió profundas reformas de corte capitalista. Dichos cambios han provocado una radical transformación en sólo tres décadas, cuando había 250 millones de pobres, pero también han propicia- do un desigual reparto de la riqueza que amenaza la estabilidad de un sistema que ha salido del fuego del comunismo atroz para caer en las brasas del capitalismo salvaje. Aunque Pekín pretende erradicar las cada vez más patentes desigualdades sociales y el abismo que separa la boyante costa oriental del atrasado interior, las diferencias entre ricos y pobres han vuelto a aumentar en lo que va de año en China. Según el último estudio de la Oficina Nacional de Estadísticas, el 10 por ciento de la población posee el 45 por ciento de la riqueza del país, mientras que el 10 por ciento más pobre apenas disfruta del 1,4 por ciento de ese bienestar. En este sentido, los ingresos de los más pudientes son casi 12 veces superiores a la renta de los más desfavorecidos, un incremento de un punto respecto a 2004. Con una sociedad de 1.300 millones de habitantes tan polarizada, la ascensión de la clase media urbana, cuyos ingresos han aumentado este año un 15,7 por ciento hasta los 8.800 yuanes (867,88 euros) apenas puede neutralizar las precarias condiciones de los 800 millones de granjeros que viven en el campo, cuya renta subió tan sólo un 7,6 por ciento. Como consecuencia, China es ya un país de enormes contrastes donde Chen sobrevive gracias a la basura de una sociedad cada vez más consumista, en la que abundan ya los multimillonarios cuyas fortunas aparecen en las listas de Forbes.