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ABC LUNES 20 6 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC MI ÚLTIMA HORA POR JAIME CAMPMANY Entre los textos inéditos que ha dejado en su mesa de trabajo el inolvidable escritor y periodista Jaime Campmany está este impresionante poema vaticinando sus últimos momentos, que, por su estremecedora clarividencia y belleza poética, publicamos a continuación. Brotará en mi mesilla la flor del cloroformo y acudirá Carl Lewis en traje de enfermera. Habré dejado claro que a todo me conformo, al adiós gregoriano y al réquiem de la cera. Se escuchará a lo lejos, debajo de mi almohada, un fragor acordado de suspiros violines. Será como un quejido de corza vulnerada que tirara hacia el cielo de mis dos calcetines. Todos aquella noche se pintarán de blanco, las batas aturdidas, la carta del alcalde, la túnica de César, la cuenta de mi Banco, Lázaro resurrecto, Sócrates de albayalde. Un augusto del Price me espera en la escayola y la nieve chorrea por las cuatro paredes, Conchita se ha vestido lo mismo que Fabiola, y es una viuda previa entre todos ustedes. La ecografía no ha dicho que tengo en el camino un soneto que rima estoque con aloque, que me está haciendo polvo por más el intestino y que adiós, buena suerte, al perro de San Roque. Dirán que es necesario repetir el análisis. Doctor, mejor me fuera repetirme la vida. Por la rodilla izquierda me sube la parálisis. La aurícula derecha se ha quedado encendida. Me salí de tacada en aquel desafío. Siempre he sido elegante para pulsar el taco. El costado me duele aún más cuando me río, y río como un tonto con el Gordo y el Flaco. Se ha doblado dos veces el seize en Montecarlo. Con la coz del caballo he dado jaque mate. No me sale el soneto. Será mejor dejarlo. Lasciate ogni speranza, jodeos, voi che entrate. No sé por qué he venido a visitar la City vestido de paraguas en negro irreprochable si ya no se cotizan los ojos de la Vitti y se ha muerto Charles Laughton de manera admirable. Me despide una mano de la Pastora Imperio yéndose poco a poco entre las dos cortinas, y mirando al tendido, Manolete, tan serio, me ha brindado una serie de seis manoletinas. En sórdidas conjuras de catres y candiles me besaba de balde la lozana andaluza. Natural. Me llovían menos de veinte abriles y era diestro y galante para la escaramuza. Quiero dormir. Me siento cada vez más pequeño, cada vez más cansado, cada vez más a pique. Por favor, olvidadme en las playas del sueño y que Emilio me lea las coplas de Manrique. No lloradme, cabrones, desdeñad la tristeza, estoy dispuesto incluso a morirme de risa, pero esa musiquilla persiste en mi cabeza y bailan en mis ojos estrellas en camisa. Ha venido mi madre con sus manos de lana porque están en el norte todos los radiadores. Hoy no voy al colegio porque no tengo gana. ¿Dónde envejecerán aquellos bastidores? Yo era un bodoque rubio, acurrucado y prieto, repetido hasta siempre en la alba del embozo. (Bodoque es una rima que le falta al soneto, pero ya no me acuerdo, y mi gozo en un pozo) El abuelo tomaba por café agua caliente. La bisabuela Laura enarcaba una ceja. Don Francisco decía que yo era inteligente. Mi hermana era tan buena que nunca llegó a vieja. No recuerdo el comienzo del poema de Laura donde hablaba de un hijo sin tener ningún hijo, ni el segundo apellido de don Antonio Maura, ni qué pasaba entonces con el duque de Armijo. Siempre se cae este niño. No ha sido nada, aúpa. Oh, cuánto amor me espera más allá de la muerte. Beatriz es casi todo lo que más me preocupa. Decidle a esa señora que no hable así de fuerte. ¿Qué filósofo griego murió de tanto piojo? Ponedme en la llaguita azul de metileno. Señores, ya lo tengo: ese médico cojo parece el Romanones que pintaba Sileno. ¡Qué soberbio el sombrero de Felipe II! ¡Qué placer traducir a Virgilio divino! Lo único que yo habría robado en este mundo es el Puto gitano del Rosso Fiorentino. Cierto que he leído a Nietzsche, mas en último extremo. Para rimar con Góngora hay que llamarle Argote. Me he desojado vivo mirando el Polifemo y que le den morcillas al cura del Quijote. No hay viento en Santo Ángel. Paró la molineta. Seguramente es Roma lo que me aprieta il cuore. Me parece que tengo mojada la bragueta. Adiós, me estoy hundiendo en el Lago Maggiore. Dejadme que me libre del acúsome padre. Habré pecado mucho, pero muy poca cosa. De joven, desde luego, un poco de desmadre, y después una vida honesta y laboriosa. Ni siquiera la guerra me incendió con su rabia. El odio es la manera de malgastar la vida. ¿En cuál año me dieron el Mariano de Cavia Aquella musiquilla aún sigue aquí metida. Entra el doctor ahora con el estetoscopio. Nunca, amigos del alma, miré hacia atrás con ira. No me queda siquiera un poco de amor propio. Oigo un débil susurro. Se acabó. No respira