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ABC DOMINGO 19 6 2005 Cultura 75 Buen mozo. Elvis Presley en casa de sus padres. Aún no lo sabía pero la fama estaba a punto de dejarse los nudillos en su puerta Finalmente, Blue Christmas. Un título que vendió nada más y nada menos que veinticinco millones de copias en Estados Unidos. Aunque es una tonada navideña, el público se la exigía en cualquier época del año. Además, pertenece a una de sus últimas apariciones en público, la del 26 de marzo de 1977 en Norman, Oklahoma. vado; Elvis actuando; fiestas familiares de Navidad; Elvis llorando en un concierto; el coronel Parker; Elvis vestido de presidiario cantando el Rock de la cárcel; Elvis presentado como un hombre de negocios; Elvis como un filántropo que financia multitud de actividades sociales y humanitarias; el delirio de sus fans; el estilo Elvis, su ropa, su peinado, su champú, su peine y su brillantina; Elvis pecador buscando respuestas religiosas, buscando respuestas en el viento; Elvis en pleno reinado, en el trono del éxito; Elvis actuando; Elvis en la playa; Elvis jugueteando con sus amigotes de la banda; Elvis como jugador de fútbol americano; entradas de sus conciertos; las portadas de sus singles; Elvis en la Casa Blanca con Nixon; Elvis montando a caballo; Elvis hecho un padrazo con Lisa Marie en brazos; Elvis hecho una fiera practicando kárate; Elvis en moto; Elvis también en su anochecer, hinchado y deformado... Es realmente una experiencia casi mística (como dice su hija Lisa Marie en el libro: Estaba tocado por la gracia enfrentarse a la obra y la vida de un hombre que murió hace ya tanto tiempo y que sin embargo aún sigue dictando sus lecciones musicales magistrales desde la cátedra asentada en sus caderas, en su pelvis. Si no hubiera existido- -ya saben- -habría sido necesario inventarlo. Tal vez sin él, sin su música, aún estaríamos escuchando a superfluas orquestas de baile o dejándonos la vista en astrosos y soporíferos musicales de Hollywood. Él abrió la puerta y por ella se coló todo lo demás. Se mire por donde se mire, se escuche por donde se escuche, estamos ante un placer, ante un néctar de los dioses del rock and roll. Una auténtica gozada. Un cara a cara con un Elvis que parece más vivo que nunca. Hasta la cocina de Graceland Esto en cuanto a los dos CD. Pero ahí no acaba la cosa. Incluso, casi es donde empieza. Porque hay más, mucho, muchísimo más. Un Elvis casi vivo que se asoma a los dos DVD también puestos a la venta bajo el título de Elvis by the Presleys. La biografía familiar definitiva. Precioso. Cuatro horas metiéndonos hasta la cocina de Graceland y contemplando imágenes hasta el momento nunca vistas por el pueblo. Las puertas de Graceland se abren mientras atardece. Y allí, en la mansión sureña, Priscilla Presley hace de anfitriona, de viuda más o menos ejemplar. Nos abre las puertas de la mansión y también las de la vida de Elvis, de par en par. Empieza el desfile. Muy atentos: su madre Gladys; los padres de Priscilla; Elvis de militar (pero no las imágenes que todos conocemos) Graceland ne- El Mío Cid del rock and roll Ni estaba desaparecido en una isla remota de los Mares del Sur de Jack London, cobijado por la cirugía estética (como su yerno Michael Jackson, más o menos) y una falsa identidad, ni tampoco fue abducido por extraterrestres, ni se ha convertido en el carismático líder de una secta religiosa. Nada de eso. Quizá tan sólo sea una leyenda urbana más. Una broma. O un divertido rumor. Pero en algunos mentideros del rock and roll ha comenzado a cundir la especie de que Elvis Presley está como Walt Disney: congelado. Y que su discográfica espera al treinta aniversario de su muerte, agosto de 2007, para devolverlo a la vida entre nosotros. Bromas (o no) aparte, lo realmente cierto es que el cantante de Tupelo, como el Cid, sigue cabalgando, musicalmente, casi tres décadas después de su desaparición. Sus discos siguen vendiéndose sin prisa pero sin pausa, y en los archivos siguen encontrándose joyas como éstas que ahora se publican. Mientras, cientos y cientos de páginas web le siguen rindiendo homenaje en internet, sigue moviendo una ingente cantidad de perras seguras y fáciles para su compañía pero, sobre todo, sigue regalando a sus miles y miles de seguidores pedacitos del pastel de su música. Elvis murió, pero su corazón de rock and roll sigue latiendo. Y lo que le queda.