Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
70 Los domingos DOMINGO 19 6 2005 ABC TIEMPOS DE GUERRA Si me quieres escribir... Dicen los viejos que en este país hubo una guerra... pues que la cuenten los que la vivieron pensó el historiador Javier Cervera. Así nació el libro Ya sabes mi paradero una visión de la contienda a través de las cartas de los protagonistas de las dos Españas. POR CARMEN FUENTES octor en Historia Contemporánea y profesor de la Universidad Francisco de Vitoria, Javier Cervera lleva más de 14 años dedicado al estudio e investigación de la guerra civil española y es autor de varias obras sobre este periodo de nuestra historia. Pero en esta ocasión no ha querido dar una visión de la guerra desde el punto de vista del historiador, sino de los protagonistas. Y lo ha hecho mediante las cartas y diarios, que narran historias íntimas, de quienes sufrieron aquella tragedia. Es una historia subjetiva de la guerra, de cómo vivieron los acontecimientos los protagonistas, qué sintieron, qué padecieron y, llegado el caso, cómo disfrutaron (que también lo hicieron) Meses y meses desempolvando cartas en archivos públicos, semipúblicos y privados para plasmar en un libro, editado por Planeta, aquellas cuartillas que hablaban de sentimientos, amor, odio, fe o patriotismo de franquistas, anarquistas o comunistas. Quería hacer un libro sobre la guerra menos académico, con más relato, ameno para la gente, y que recogiera, más que grandes acontecimientos, historias mínimas Y se puso a ello, a buscar cartas, porque en tiempos de guerra, donde todo funciona mal, el correo es lo único que llega a su destino. Las dos Españas (republicana y franquista) se preocuparon de que circulase bien para que todos (cada uno en su bando) tuviesen noticias de los suyos. El problema era comunicarse con alguien que estaba en la otra España, (aunque sólo les separasen dos kilómetros, como en el frente de Madrid) Esto se arreglaba enviando las cartas a algún conocido en el extranjero y éste, a su vez, las reenviaba a la España del otro bando. También la Cruz Roja sirvió de correo. El correo en la guerra no funcionó mal- -asegura Cervera- -porque los ejércitos sabían que una carta a un soldado, de su novia, su padre o de quien fuese, le- D vantaba el ánimo, y no recibirla, desanimaba. Así surgieron las madrinas de guerra (esas señoras que escribían a los soldados) y que jugaron un gran papel de animación La censura también vivió la guerra, más en el lado franquista que en el republicano, aunque de distinto tipo. Se vigilaban las cuestiones morales y las buenas costumbres, y de ésto a veces se encargaba el capellán de la compañía. Otras, ejercía la censura un soldado con cierta formación. Era casi siempre de corte ideológica- -asegura Cervera- No se podía poner en tela de juicio la ideología del nuevo régimen, de la nueva España. Ni hablar mal de la Falange, por ejemplo. Y, en temas militares, cualquier pista que se daba lo tachaban. En el libro recojo la carta de un personaje de Riaza (Segovia) que se dedicaba a censurarlas, y cuando escribe a su familia se lamenta del aburrimiento que le produce tanta lectura y tanta censura Diferentes censuras Pero las censuras no eran iguales en los dos bandos. En la España republicana era, sobre todo, de tipo militar, de controlar los datos, porque sí se permitía la discrepancia ideológica. De hecho, en el libro salen cartas de anarquistas poniendo a caldo a los comunistas, y viceversa, algo impensable en la España franquista, donde nadie podía poner en tela de juicio el propio sistema del Estado. En la republicana no había censura moral, porque, salvo en las contiendas del nacionalismo vasco, no había capellanes. Y todos eran conscientes de dónde estaban. Miguel, por ejemplo, le escribe a Pepa, su novia: No te puedo decir dónde estamos, porque no nos lo permiten Vicente, otro anarquista, le dice a Isabel, su mujer No te voy a decir dónde estoy porque la censura no lo permitiría La guerra entra en la vida de la gente y el libro recoge, entre otras, la correspondencia de una familia a quien el conflicto les sor- En las trincheras, a los soldados sólo les queda el consuelo de las cartas que reciben de su familia mientras esperan el fin de la guerra Tu novio que lo es, Fernando El amor en los tiempos de guerra existe. Y fuerte. Las cartas de Miguel y Pepa o las de Vicente e Isabel lo demuestran. Si la guerra les separó, el correo les unió. A Miguel y Pepa les pilló de veraneo en la España republicana, en un pueblo de Tarragona, cerca de donde se desarrolló la Batalla del Ebro. Con la guerra se les vino el mundo encima, Poco les importaba aquello por lo que se estaba luchando. Lo que querían era estar juntos, se añoraban. Me veo aburrida, igual o peor que tú, Miguel. De lo que me dices de una noche que soñaste conmigo, yo te sueño todas las noches y todas las horas del día. El domingo lo pasé en el cine con mi amiga y su novio... Si no fuera porque hicieron El Conde de Montecristo, que es tan bonita, no habría ido La lejanía crea problema y hace asomar los celos. Isabel escribe a Vicente, porque un amigo Manuel, que está exento de incorporarse al frente, anda por ahí: Estoy convencida del verdadero cariño que me tienes y espero que, por tu parte, tendrás un poco de paciencia a obtener el mismo resultado por mi parte. pero jamás, y no vuelvas más a repetirlo, es por conveniencia el que yo vaya contigo. Quiero que no guardes rencor a tu Isabel y que con Manuel tengas la misma camaradería de siempre (siempre guardando las distancias) Es una pequeña nube que ha pasado entre los dos. espero que desaparezca bien pronto Muchas de las cartas acababan: Tu novio que lo es, Fernando La censura en la España franquista era ideológica y moral; en la republicana eran más liberales