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ABC DOMINGO 19 6 2005 Los domingos 69 UN BERLINÉS DE HONOR El hombrecito del semáforo, que tiene título reconocido (a la izquierda) no sólo ha sobrevivido a la occidentalización de los modos de vida de la ex RDA sino que ha cruzado incluso a Berlín Oeste (izquierda) y hasta le ha salido una compañera: la muchachita del semáforo (abajo) El hombrecito del semáforo acaba de salir del juzgado. Con su estilo pimpante y su sombrerito de moda cuando llegó aquí en los años 20, ha salido ganando frente a dos empresarios que se lo querían repartir y ahora lo van a compartir. Berlín lo ha convertido en símbolo Historia de un semáforo POR RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL EN BERLÍN l Ampelmännchen como se lo conoce aquí, es heredero directo del primer semáforo que llegó a Europa desde EE. UU. y fue instalado en Berlín en 1924, cuando esta capital iba a ser la gran metrópoli del mundo, de ahí su característico toque retro, nada que ver con el de su espigado homónimo en los semáforos de la Alemania occidental y de la parte homologada de la UE. En la cresta de una ola de nostalgia, ya desacomplejada a 15 años del derribo del régimen oriental, y sobre todo del éxito de la campaña Salvad al hombrecito del semáforo el Ampelmann sobrevivió al empuje reunificador, y en gran medida colonizador de la Alemania del Oeste (RFA) hasta convertirse en símbolo de resistencia al paso del tiempo y la globalización occidentalizante. Suena bobo, pero dos hombres de posición y mediana edad llevaban años peleándose por este hombrecito. Todo empezó con una lámpara a mediados de los 90, explica el diseñador Marcus Heckhausen; nada más lejos, asegura el ingeniero Ro berg, la cuna del Ampelmann es esta fábrica en E referencia a la suya de Zwickau (Sajonia, Este) Se peleaban por un trozo de la antigua RDA, de 16 centímetros de altura, de la suela al sombrero. El Ampelmann es uno de los pocos diseños locales que han sobrevivido a la apisonadora occidental de la última década. Tras la querella se ha visto una guerra cultural. Pero sobre todo es que, después de la lámpara han venido 40 productos, y sus ingresos correspondientes. Frente a frente, el diseñador suavo Heckhausen, de 44 años y originario del Oeste, y el ingenierio sajón Joachim Ro berg, de 54, el primero de la generación occidental de la protesta estudiantil y el segundo de la generación perdida oriental a la que los cambios cogieron ya en los 40, representaban dos culturas. Resulta que el diseñador tiene un boyante negocio (Ost- Shop) que vende llaveros y tazas del hombrecito, mientras el segundo es el ingeniero que dirige la fábrica que, desde los años 70, produce el peculiar semáforo. El primero detenta, con permiso del viejo diseñador original, un 95 por ciento de los derechos y quería el 5 de Ro berg alegando que éste lo infrautilizaba en comecializar aguardiente: ¡Qué bonito, conducción y alcohol! Ro berg sigue fabricando el hombrecito del semáforo y ha desarrollado incluso una mujercita del semáforo que se ve ya en cruces de tráfico en Dresde y Zwickau y obtiene un complemento de 50.000 euros anuales. Heckhausen llegó tras los cambios a Berlín, encontró muy tierno al Ampelmann del Este y se dispuso a defenderlo, al principio junto con Ro berg, logrando primero que en 1997 la ciudad de Chemnitz reintrodujese el semáforo, pero luego su negocio ha acabdo generándole dos millones de euros anuales. El chiste (oriental) La relación de complejos y presunciones entre ciudadanos de Este y Oeste se entiende por el siguiente chiste (oriental) Litigan en un juzgado un Ossi y un Wessi o sea uno del Este y uno del Oeste, pero el del Oeste adelanta y dice al juez: Propongo un arreglo: yo tengo razón y el Ossi no hace falta que me lo agradezca, ¿de acuedo? Así lo ven y en parte así se lo han hecho sufrir con su falta de detalle los del Oeste, que se han limitado a comprarlos con 90.000 millo- La campaña para salvar al Ampelmann se ha convertido en una protesta cultural del Este por defender a uno de sus últimas señas singulares nes de euros anuales de transferencias de solidaridad (un 4 por ciento del PIB anual) pero como quien da un euro a Cáritas o a Greenpeace. Mientras, acababa con el hombrecito del semáforo, que terminó elevado a bandera de la nostalgia y ha llevado a muchos a ver- -y votar- -al viejo partido comunista como un voto nacionalista del Este. Ningún joven de menos de 20 años conoce ya ninguna marca o símbolo de la RDA dice el comentarista Veit Fischer. El auténtico padre del Ampelmann cree que Heckhausen protege a su hombrecito, cuyo cuerpecito fortachón aporta al semáforo más superficie luminosa y el sombrero- -único en el ramo- -lo imbuye de simpatía y buen humor El psicólogo Karl Peglau fue encargado, en 1961 y ante los frecuentes accidentes con peatones, de rediseñar una figura que realmente se impusiese al peatón: de ahí nació el hombrecito rojo que, a diferencia de otros, abre los brazos como impidiendo el paso a los transeúntes. Y logró disminuir los accidentes. El Ampelmann es un símbolo internacional de Berlín dice el creador de Mondos Art Jörg Davids; la nostalgia vende agrega su socio Hammerschmid. Pero la desatada campaña cultural y los emails contra el Heckhausen, el wessi cruel y avaricioso que circulan reflejan un mar de fondo que impedirá por un tiempo que llegue a buen puerto la reunificación.